Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 61

Los Vals Negros

 El Bonta mascó de su puro y entró a caminar furibundo a lo largo de la mesa. Confiaba en su pupila, no dudaba que Silky podría conducir con seguridad a Eiko por el bosque; con ella a cargo, ya no tendría que preocuparse por cualquier imprevisto que pudiera ocasionar la corta edad de la niña, como ser algún lloriqueo o travesura que la delatara ante los guardias del Batallón Pluto, que era lo que más temía y donde Mei Ling poco podía hacer.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 56

 Las preguntas de Vivi

 A unas horas del amanecer, con Ëlen dormida entre las muñecas y abrazada a Kero y todavía esperando noticias de Eiko, el Bonta se dispuso a disfrutar de un recreo de las niñas. Cayó pesado sobre la silla. En la mesa humeaba una taza grande de té, la lumbre del cántaro iluminaba vacilante y Mei Ling 2, para fastidio del peluche, revoloteaba nerviosa. La abeja sabía que la Principita se encontraba bien, pero no aguantaba más estar sin saber de ella. El Bonta, gruñón, buscó alejarla de un manotazo. La abeja, ofendida y burlona, le enseñó el aguijón y voló hacia Vivi, que estaba sentado delante del Bonta con una taza, también de té, en las manos. No tenía ganas de pelear al peluche. Se posó en el sombrero del mago y miró al Bonta con un brillo pícaro en los ojos. Sabía que Vivi no tardaría en importunarlo con una pregunta.

 El mago se acomodó despacito el sombrero. El Bonta bufó.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 29

Canarito enjaulado

 Con los ojos anegados de un azul que enceguecía y canturreo de niña en pena, la muñeca causó terror en las niñas. Vivi desesperaba por terminar el sortilegio. Cuando el pergamino en su diestra por fin desapareció, entre chisporroteos emergió una inacabada puerta oval que fue encerrando a los niños mientras se completaba. El mago dijo con tono perentorio:

 -¡Eiko, Ëlen! ¡Nos vamos! Esa muñeca es terrible. No podremos vencerla. En ella y en sus hermanas reside buena parte de la magia de Silky. ¡Silky parece que no puede usar magia! Agárrense fuerte al cinto de mi pantalón! Cuando el portal se complete, estaremos lejos. Espero que fuera del castillo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 28

El Espantapájaros

 El Espantapájaros, turbado por lo sofisticado que era para un mago negro el conjuro de Vivi, dio un cauteloso paso hacia atrás. Observó el peluche dejado a un costado de su ama, a la niña admirada y complacida con el mago, y reflexionó: «Has jugado fuerte, chiquilla. Le has dado a ese mago un entendimiento libre, margen para que distinga lo conveniente o no de los Mandatos que he impuesto a los muñecos. No fue su intención, que no es más que un niño, pero con sus palabras acaba de esbozar un principio regente, un cuarto mandato, un Mandato Cero que podría definir de esta manera: “un muñeco no debe dañar a un niño, por más que lo quiera su dueño”. Esto, de cundir en los muñecos de la casa, arruinará mis planes. No lo permitiré».

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 27

Los Tres Mandatos  

 El Espantapájaros desconfió del artefacto mágico que había sacado Eiko. Era un objeto de cuidado para tan pequeñas e inseguras manos. Decidió, pues, dar fin a la función que armaron los niños. Observó a Silky aferrada con ingenuo temor al peluche y pensó: «Mis sospechas al parecer no estaban fundadas. Cuando vio al mago ella reaccionó como lo haría cualquier otra niña que ve un muñeco tan simpático, con deseo de hacerlo suyo. No creo que esperara por su aparición. De todos modos, debo saber sobre el maguito, porque todo en el es anómalo para un mago negro».

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 26

Jaque a la bruja

 Vivi, a un costado de la cerradura, miró con odio a la bruja, que caminaba con paso ligero hacia el cofre. No reparó en el candor de su aspecto, solo quería vengar a los suyos. El mago susurró a las niñas:

 -El cerrojo está abierto. ¿Recuerdan lo que debemos hacer?

 No hubo respuesta. Vivi notó los pétalos de las flores húmedos. Las pequeñas lloriqueaban. Esto lo apaciguó. No podía poner en riesgo a sus amigas confrontando bajo dolor e ira a la bruja. Entendió que el espantapájaros era lo que las asustaba y procuró darles confianza. Consiguió hacerlo, no supo cómo, quizás porque les había hablado como era extraño a él, con decisión y firmeza. Las nenas sintieron que no podría pasarles nada malo. La bruja se agachó hacia el cofre y los niños entonces deshicieron los conjuros que retenían sus verdaderas formas.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 25

La muñecas y el mago negro

 La bruja, sentada ante el clavicordio, ensayaba la partitura que el espantapájaros de sombrero de ala ancha y parado a un lado del mueble le enseñaba. Había un amplio ventanal a la derecha, entrecortado de madreselvas y bañado por la luz de la luna. La bruja dio un tamborileo a las teclas e impaciente y caprichosa dijo:

 -Esta pieza es para lluvia. ¡Quiero que llueva!

 El espantapájaros respondió con una seca reverencia:

 -Lloverá, mi ama.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 24

 La Casa de las Muñecas

 La puerta se abrió y Caronte brincó hacia un oscuro pasillo. La travesía, que duros unos pocos minutos, resultó dura e interminable para la nenas, pues la imaginación les jugó un mal rato en las figuras de fantasmas, arañas y terrores infantiles de diversa índole. El croar que de tanto en tanto daba el sapo ayudaba todavía menos, en especial a Ëlen, que sabía del gusto de los sapos de haraganear donde crecían las margaritas. Pero las sombras aclararon y el grupo dio con la salida. Los recibió bullicioso un bosque.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 23

Los soldaditos de la bruja

 El barrilete asomó entre las nubes malvas del atardecer. Las niñas, hasta donde lo permitió lo duro de sus tallos, torcieron admiradas las corolas, y desearon echarse una zambullida en las pastelosas y mullidas nubes. Vivi, cuando vio que el cuchicheo crecía en intensidad, pidió a sus amigas, con toda la amabilidad a la que lo obligaba su timidez, que guardaran silencio, pues algún esbirro de la bruja los podría descubrir. Las niñas se callaron. Pasó un rato y oyeron que hablaban a cierta distancia:

 -¡Un barrilete! Mejor será que no lo deja escapar, o Silky me dará por hueso para el perro.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 22

El barrilete remonta hacia el castillo

 Las niñas, pasado un rato de búsqueda por la aldea, encontraron a Vivi en casa de Peritas. Lo vieron menos cabizbajo, y preguntaron si se le había pasado la tristeza.

 -Un poco. Tuve una charla con Peritas que me hizo bien. Pero lo que importa ahora es nuestro viaje al castillo. ¿Están listas?

 Las pequeñas asintieron. Siguieron a Vivi hacia el jardín de la casa. Los esperaban Peritas y Choco. Ëlen comentó a la Principita:

 -Lástima que Ithïlien no podrá vernos.

 -Sí, pero seguro que se pondrá muy contento cuando le contemos. ¡Dale, vamos, no hay que perder tiempo!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 21

 La tristeza de Vivi

 Los niños llegaron a la biblioteca. Como ocurría con todos los sitios de la aldea que eran dedicados a un trabajo en particular, la biblioteca no era más que la casa de un mago negro que poseía algo que sus congéneres no; en este caso, una repisa repleta con libros y pergaminos. Vivi dio dos golpes a la puerta. El dueño de casa les dio la bienvenida y los invitó a pasar. Los niños lo siguieron, cuidando de no derribar las pilas de libros desparramados. El mago, mientras encendía el candelabro del techo con un toque de su báculo, dijo que estaba limpiando la repisa, que abarcaba una pared, y por esto el desorden. Los niños tomaron algunos libros y armaron un banco como les pidió el mago, pues tenía las sillas ocupadas, y le hablaron sobre la bruja.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 20

La Bruja Silky

 Era el mediodía. Bajo un ombú, sentados en el pasto recién cortado, las niñas y Vivi comían un salpicón de arroz y verduras que el mago que cocinaba en la aldea les había servido en tazas. Vivi sorbió jugo de una cañita y empezó a contar de la bruja.

 -Silky vive en un castillo en el cielo…

 -¿En el cielo?

 -Sí, Ëlen. De tanto en tanto puede verse desde la aldea.

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