Juana de Arco en un libro de historia del siglo XVI

 Tiempo atrás conté de una novela caballeresca inspirada en la vida de Juana escrita a no más de medio siglo de la muerte de la Doncella. Todo un tesoro, sin dudas que para la historia pero sobre todo para los que admiramos a la pastorcita de la Lorena, pues la composición era evidencia de su inmediata fama y del asombro que ésta habrá causado. Es lindo pensar que Juana en cierta manera fue cantada a lo Rolando.

 Conté además que no me había sido posible encontrar la novela. Bien, durante la búsqueda me había topado con otra perlita sobre Juana, también relacionada con las viejas letras españolas, y ahora pasaré a hablar de ella. Será una entrada breve, una cita y poco más.

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Eiko en Final Fantasy IX (II)

 Continúo con algunos momentos de Eiko en Final Fantasy IX. En la primer ocasión conté de cuando Eiko abruma a preguntas a Yitán en Madain Sari, una escena entrañable que podía hacer que la pequeña te conquistara con su simpatía o bien que le juraras odio para el resto del juego.

 Y ahora pasaré a contar sobre Eiko y el profesor Toto, el maestro que la reina Brahne había escogido de tutor para Garnet cuando la princesa era una niña.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.39

Gamabunta

 La Principita, tumbada dentro de un tronco hueco que yacía en la hierba, cargó el tirachinas con una nuez de Kupo y apuntó hacia el estanque, cuidando que el arma no asomara de la abertura y la dejara al descubierto como le advirtió el Bonta. Las manos le temblaban. No podía apartar la vista de los guardias del Batallón Pluto que pescaban distraídos a unos pasos, a la sombra de la enorme estatua del sapo que fumaba pipa y que la niña se había esforzado por no mirar, aun cuando Mei Ling le insistió con que la estatua «no comía niños» y que no habría de despertar. La abeja creyó conveniente no contarle que las muñecas de Silky podían despertar al sapo si liberaban el sello impreso en su lengua.

 Eiko marró el disparo, que dio en un guardia cuando debía haber caído en el agua para distracción. La pequeña cerró fuerte los ojos y se cubrió la cabeza con las manos, creyendo que la habían descubierto; pero para risa de Mei Ling, el guardia echó la bronca a su compañero, que lo miró atónito. La abeja animó a que la niña observara la escena. Ambos guardias discutían acaloradamente, con gestos tan ampulosos y expresivos que hicieron reír a la Principita. El Bonta, que no estaba para teatrillos, exclamó irritado:

 -Oye, mocosa, ¿qué rayos estás esperando? Aprovecha que esos dos tontos te han dado la oportunidad y ponte en marcha. ¡De prisa! ¡Y no levantes la cabeza hasta que Mei Ling te lo diga!

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Eiko en Final Fantasy IX

 De hace tiempo que ando con ganas de una entrada dedicada a Eiko, a contar todo lo que ha sido para mí el personaje desde que jugué Final Fantasy IX. Pero una entrada así me llevaría a un texto insoportablemente «kawaii», porque no podría dejar de referir sentimientos muy cándidos, si es que esta palabra puede ser aplicable a alguien que no es un niño, en relación al personaje.

 Así mi intención será menos personal y, en lo posible, todo lo breve que pueda: contar de alguna escena de Eiko en Final Fantasy IX. No más que esto. Trataré de hacerlo de tanto en tanto.

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Hotaru en Sailor Moon Crystal

 En abril pasado conté de Hotaru, de lo mucho que significaba para mí el personaje a partir de lo visto en Sailor Moon S. Comenté además que estaba mirando Sailor Moon Crystal, con grandes expectativas por ver lo que más o menos conocía de la Hotaru del manga. Pues bien, después de haber postergado los últimos capítulos hasta estos días, por fin he terminado con la saga de los Death Busters (o Infinity).

 ¿Se cumplieron las expectativas? En términos de demostración de poder, sin dudas. Como diríamos por aquí, Hotaru «la rompe». Y de esto es de lo que hablaré. Así que si tienen interés en ver Crystal, «huid insensatos»¡Ja, ja!, que habrá spoilers.

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Juana de Arco por Asimov

 ¿Asimov? ¿Y qué tiene para decir sobre Juana el escritor más celebrado de la ciencia ficción? No mucho, y para mi pesar no todo lo apologético que hubiese querido, es decir, que el Buen Doctor no se dedica a «cantar» a nuestra Juana. La reconoce, la presenta como la persona que torció el rumbo de la Guerra de los Cien Años y, dada su juventud, como una personalidad única en la historia, y no mucho más.

 Pero lo dicho, que se puede leer en La Formación de Francia, tomo que forma parte de la Historia Universal de Asimov, me basta para una nueva entrada dedicada a la pastorcita de Domremy. 

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Juana dezfaziendo entuertos: La Poncella de Francia

 Las pesquisas sobre Juana de Arco en la web me han deparado otra linda sorpresa, y esta creo que mayúscula. Leyendo un sitio francés (desde ya que con el traductor) dedicado a Juana, en la sección de crónicas antiguas, encuentro que se habla de La chronique espagnole de la Pucelle. Curioso y con cierta emoción ante la posibilidad de saber que Juana sea parte de la historia literaria de nuestra lengua, doy click a la entrada, y ¿con qué me sorprendo? ¡Con una novela de caballería, La Poncella de Francia! ¡Juana un hidalgo! ¡Don Quijote tiene que haberla leído!

 Como de momento me ha sido imposible encontrar la novela (espero tener suerte en alguna biblioteca), me limitaré a comentar algo de lo que he leído acerca de ella.  

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Juana de Arco por Christine de Pizan

 Recorriendo la web en busca de pensamientos y opiniones sobre Juana me entero de Christine de Pizan, una mujer contemporánea de la Doncella de Orléans y que es considerada la primer escritora europea que vivió de la pluma y un exponente temprano del feminismo. Voy a comentar algo sobre esta destacada personalidad de la Edad Media en relación a Juana.

 Se cuenta que Christine, alrededor de los cincuenta años y con el recrudecimiento de la guerra con Inglaterra (y los borgoñeses) y la tristeza por una Francia asolada y despojada de su propio rey, se retiró a una abadía. Había dejado de publicar. Pero entonces, por 1428, ocurre que una jovencita de diescisiete años libera Orléans y corona al Delfín en Reims. ¿Qué habrá sentido Christine, una anciana que bordearía los sesenta, que luchó durante toda su vida porque se reconociera a la mujer como una igual, cuando oyó que una muchacha triunfó donde no habían podido los hombres de guerra?

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Juana, la Pucelle

 En estos días me enganché leyendo sobre Juana de Arco, que como se puede apreciar en esta entrada significa mucho para mí, y me gustaría compartir algo de estas lecturas.

 Lo que leí, entre otras cosas, fueron retazos de webs y un extracto del prefacio que Bernard Shaw escribió para Santa Juana, drama que por cierto recomiendo para obtener una idea poética de la personalidad de la santa. Pues bien, pasaré precisamente a transcribir unas citas del texto de Shaw, y así aportar mi granito de arena por la Pucelle.

 Las citas son de la edición de Altaya de Santa Juana. Las imágenes, del dominio público o bajo Creative Commons (créditos requeridos en el primer comentario). Dejó aquí una biografía sobre Juana para una rápida referencia.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.38

 El Batallón Pluto 

 Eiko examinó el suelo con la lumbre. No sabía qué debía buscar. El Bonta se había limitado a pedirle que contara de cualquier cosa que le llamara la atención. La niña dio con un caracol. Sin consultar al osito, lo agarró y se lo quedó mirando contenta; pero para su decepción, el caparazón se le partió entre los dedos. La pequeña se apenó, y preguntó a Mei Ling por cómo podría reparar la «casita» al caracol. El Bonta cortó raudo el asunto:

 -El caracol está muerto. Alguien lo pisó. Mei Ling cuando recorrió el árbol no detectó signos de vida, no al menos de nada que tuviera un tamaño relevante, así que tú no puedes haber sido. Procuraremos saber quién fue.

 El Bonta ordenó a la Principita que se «deshiciera» del caracol y que continuará recorriendo el suelo con la farola. La niña con cuidado dejó el caracol bajo una mantita de hierba, y prosiguió con la tarea. Pasó un rato dando breves círculos, y halló unas pisadas, según le había advertido Mei Ling, que había volado de la oreja de la niña para echarle una mano con la pesquisa, y se demoró en ellas. Con el aliento y la guía de la abeja, pudo contar al osito que las huellas no pertenecían a un animal y que correspondían a alguien que vestía gruesas y grandes botas. El Bonta dijo:

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