Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 65

El panal y el daifuku

 Las niñas se pusieron en marcha. Silky iba delante tirando de la mano a Eiko, que recelaba del sombrío empedrado que se hallaban transitando, un cerrado sendero enmarañado de cerezos llorosos donde no había más luz que la dada por las farolas de piedra puestas a lo largo del camino. El sol comenzó a titilar en las flores más altas, cubiertas de rocío. La senda, para tranquilidad de la Principita, se fue abriendo. Silky se detuvo de golpe; agazapada, indicó a que Eiko hiciera lo mismo, y señalando hacia delante pidió que mirara. La Principita exclamó:

 -¡Un guardia!

 Mogu, con el pompón de la cabeza que le brincó inquieto, asomó de la chaqueta de la pequeña y exclamó:

 -¡Qué miedo, kupo!

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Yuruyuri

 Akari Akaza es una chica de trece años que empieza la secundaria. Está feliz porque podrá volver a reunirse con dos amigas del colegio, Kyoko Thoshino y Yui Funami, que van a segundo. Llegada la hora del descanso, va a pasar el rato con ellas a la habitación del club de la ceremonia del té, sitio que las chicas encontraron para las actividades del club de entretenimiento.

 Akari es una niña alegre, ingenua, amable y un poco torpe. Con sus cabellos peinados en dos simpáticos bollos, tiene un aspecto por demás kawaii. Todo en ella apunta a una inmejorable protagonista para la comedia de colegio que nos ocupa. Sin embargo, la irrupción en el club de Chinatsu Yoshikawa le hará ver, para su desazón y desespero, que le será difícil destacar entre sus compañeras.

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Yuru Camp

 Nadeshiko Kamigahara es una estudiante de preparatoria que un día decide visitar el monte Fuji. De camino, la lluvia la obliga a parar, pues iba en bicicleta, y se toma una siesta en un parador. Cuando despierta, la sorprende la noche y el frío. Desorientada, echa a deambular y se topa con Rin Shina, una chica que acampaba en los alrededores y a quien da un susto de muerte.

 Aclarado el susto, Rin invita a Nadeshiko a su tienda. Ambas se sientan junto al fuego a beber algo caliente, un hermoso momento en medio de la naturaleza que hará que Nadeshiko descubra una afición apasionante.

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Kamichama Karin

 Karin Hanazono es una niña de 13 años que está desolada por la muerte de Shin-Chan, su gatito y para ella su única familia, pues cuando pequeña perdió a sus padres y su abuela, con quien convive, no la trata bien. Pero entonces conoce a Kazune y Himeka Kujyou, dos niños de su edad. Kazune se sorprende con el anillo que lleva Karin. Esta le dice que es un recuerdo de su madre, pero el chico sabe que hay algo más, que ese anillo podrá convertir a Karin en una diosa, en la representación misma de la diosa Atenea.

 Kazune estará decidido a hacer de Karin toda una diosa, y para esto se la llevará a vivir a la opulenta mansión de su familia. También la inscribirá en la escuela de clase alta a la que acude con Himeka. Sin embargo, lo torpe, ingenua y cabezota de Karin no le pondrán las cosas fáciles.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 64

Kingyo Sukui

 Kero voló hacia el estanque a echar un vistazo, con Ëlen corriendo tras el. Nuregami retozaba entre los peces kingyo, indiferente al peluche que lo observaba con lo brazos cruzados y expresión severa en el rostro. Ëlen, pese a la advertencia de Kero, se apresuró a correr al puentecito que atravesaba el estanque, desde donde sentada de cuclillas observó maravillada a los pececitos de colores que deambulaban erráticos de aquí para allá, atropellándose entre sí o dando de cabeza contra alguna decoración, como ser un caballito de mar, alguna estrellita o un barquito, desorientados por la intrusa que había pescado uno de ellos.

 La niña entonces dejó el bastón en el suelo y se puso a hurgar en los bolsillos. Kero suspiró cansado. Imaginaba lo que se proponía la pequeña. Tomoyo, por su parte, sonrió con ternura. Ëlen sacó un resto de bolita mochi y la rompió en pedacitos. Los arrojó al agua, y se quedó esperando con ansiedad. Pasado un ratito, el desencanto se dibujó en el rostro de la pequeña, quien miró a Kero y Tomoyo en busca de una respuesta. Los pececitos no habían ido a comer lo que ella les había arrojado. Kero comentó:

 -Están asustados por Nuregami. No comerán mientras ella esté en el estanque. Tendremos que capturarla, Ëlen.

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The Princess Weiyoung

 Feng Xin’er es princesa del reino de Liang del Norte, un estado vasallo del reino de Wei. Por obra de Chiyun Nan, un codicioso y despiadado general de Wei, el rey de Liang y su familia son incriminados en una falsa revuelta y asesinados.

 Pero la princesa logra escapar. El destino la llevará a la casa del primer ministro Li, donde encontrará a quienes habían pergeñado la caída de su familia y ante los cuales jura cobrar venganza.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 63

Nuregami

 Ëlen, montada al Bastón del Sello, volaba tras Kero, que descendía raudo por la escalera caracol hacia la planta baja de la casa. El peluche había detectado la presencia de una carta en el jardín y conducía a la pequeña hacia ella. Las muñecas observaban embelesadas a la niña con sus trenzas al viento, las piernas extendidas y el rostro radiante por la emoción de bajar por la escalera a toda velocidad. Pero entonces Lluvia, con el ceño fruncido, acusó a Luciérnaga y Mariposa:

 -¡Miren! ¡Se le salió la capucha! ¡Ëlen ahora no se ve tan linda! ¡Seguro es culpa de ustedes, siempre tan tontas!

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La Guerra de los Ancestros, Richard A. Knaak

 Nozdormu, uno de los cuatro dragones aspectos y custodio del tiempo, percibe una anomalía temporal en una región desolada de las montañas de Kalimdor y contacta con Krasus, un anciano mago que en verdad es un dragón del Vuelo Carmesí de Alexstrasza, y le ruega que vaya a investigarla. Este acepta y acude con Rhonin, un poderoso mago y antiguo pupilo.

 Lo que encuentran los deja azorados, un enorme agujero temporal, que los irá arrastrando hacia sí y los llevará a otra época, 10 mil años atrás, a los días de esplendor del reino de los elfos de la noche, a los días de la gloriosa reina Azshara y de la inminente invasión de la Legión Ardiente y la locura de Neltharion, antiguamente el quinto dragón aspecto, el guardián de la tierra, y que en el futuro recibiría el infausto nombre de Alamuerte.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 62

¡Vamos a cazar otra carta!

 Silky y Mei Ling regresaron con Eiko, que sentada arriba del cerezo jugaba con Mogu. La moguri se divertía corriendo por la rama donde se encontraban, con la bandana de la niña descuidada y graciosa en su frente. Silky se sentó junto a ellas y con Mogu en el regazo comentó a Eiko:

 -Por lo visto lo primero que tendré que enseñarte es a hacer un nudo, ji.

 La pequeña, con entusiasmo, replicó:

-¡Dale! ¡Es muy difícil!

 -Seguro. Pero no ahora, que tenemos prisa. Mei Ling, cuéntale.

 La abeja voló de la oreja de Silky y se prendió a la florida ramita que caía sobre Eiko. Entonces contó a la niña sobre lo que habían acordado con el Bonta. No mencionó a los Vals. La Principita, con alegría, exclamó:

-¿Voy a ir con Silky? ¡Viva!

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Fate/Apocrypha

 En la ciudad rumana de Trifas dos facciones se disputarán el  Santo Grial, los Yggdmillennia y la Asociación de Magos. Cada una convocará para el combate a campeones conocidos como Sirvientes, que son héroes afamados de la historia.

 Dada la magnitud de la batalla que se avecina, el Grial convocará su propio sirviente que hará de mediador, un sirviente de clase Soberano, Juana de Arco, quien buscará que la batalla se desarrolle conforme a las reglas prescritas.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 61

Los Vals

 El Bonta mascó de su puro y entró a caminar furibundo a lo largo de la mesa. Confiaba en su pupila, no dudaba que Silky podría conducir con seguridad a Eiko por el bosque; con ella a cargo, ya no tendría que preocuparse por cualquier imprevisto que pudiera ocasionar la corta edad de la niña, como ser algún lloriqueo o travesura que la delatara ante los guardias del Batallón Pluto, que era lo que más temía y donde Mei Ling poco podía hacer.

 Pero no lo convencía poner tamaña responsabilidad en Silky. Al fin de cuentas era una niña y tarde o temprano se le daría por tomar a juego algún riesgo. Sabía que Silky, después de tanto tiempo de estar encerrada entre muñecas, necesitaba correr, trepar, revolcarse, arañarse entre la maleza, echar la caña para pescar alguna trucha, encender una fogata, dar un par de mandobles con la espadita de bambú, todo lo que le había enseñado a amar. Pero se jugaban demasiado. Dijo con prudencia:

 -Es una buena idea, aunque conlleva riesgos. Deja que lo piense.

 La niña, no obstante, atribulada exclamó:

 -Bonta, no hay tiempo. ¡El Espantapájaros mandará a los Vals en mi búsqueda!

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