Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.28

El Espantapájaros

 El Espantapájaros, turbado por lo inusual del conjuro de Vivi, dio un paso hacia atrás; observó el peluche dejado a un costado de su ama, a la niña admirada y, por lo visto, complacida con el mago, y pensó: «Has jugado fuerte, chiquilla. Le has dado a ese mago un entendimiento libre, margen para que distinga lo conveniente o no de los Mandatos; no fue su intención, sin dudas, que no es más que un niño, pero con sus palabras acaba de esbozar un principio regente, un cuarto Mandato para los muñecos, un Mandato Cero que podría definir de esta manera: “un muñeco no debe dañar a un niño, por más que lo quiera su dueño”. Esto, de cundir en los muñecos del castillo, machacaría los planes que tengo para la niña de trenzas. No lo permitiré».

 El Espantapájaros pensó en la flor que tenía bajo su chaqueta y continuó: «de usar la flor contigo, el mago me castigaría implacable con su fuego». El muñeco echó un vistazo al dosel, donde las muñecas jugaban ajenas a todo, y concluyó: «sabes que no me obedecerán si no media tu deseo; pues bien, con la palabra habré de hacer mía tu voluntad, poniéndote de cara a tus miedos».

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