Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 61

Los Vals

 El Bonta mascó de su puro y entró a caminar furibundo a lo largo de la mesa. Confiaba en su pupila, no dudaba que Silky podría conducir con seguridad a Eiko por el bosque; con ella a cargo, ya no tendría que preocuparse por cualquier imprevisto que pudiera ocasionar la corta edad de la niña, como ser algún lloriqueo o travesura que la delatara ante los guardias del Batallón Pluto, que era lo que más temía y donde Mei Ling poco podía hacer.

 Pero no lo convencía poner tamaña responsabilidad en Silky. Al fin de cuentas era una niña y tarde o temprano se le daría por tomar a juego algún riesgo. Sabía que Silky, después de tanto tiempo de estar encerrada entre muñecas, necesitaba correr, trepar, revolcarse, arañarse entre la maleza, echar la caña para pescar alguna trucha, encender una fogata, dar un par de mandobles con la espadita de bambú, todo lo que le había enseñado a amar. Pero se jugaban demasiado. Dijo con prudencia:

 -Es una buena idea, aunque conlleva riesgos. Deja que lo piense.

 La niña, no obstante, atribulada exclamó:

 -Bonta, no hay tiempo. ¡El Espantapájaros mandará a los Vals en mi búsqueda!

 El peluche se paró en seco, el puro cayó de su boca. Miró a Vivi. Había horror en los ojos del mago. El Bonta rugió:

-No puede ser. ¡Los destruyeron las muñecas!

 Cuando Silky iba a responder, Vivi señaló:

-El Vals nro 3 habita en nuestra aldea. Cojea en muletas, es un viejo gruñón inofensivo, aunque le hizo pasar un mal rato a las niñas cuando una noche se llevó a Eiko en un saco para jugarle una broma. ¡Es un mago negro malvado! Lo he visto usar con lagartijas muertas una magia vil… ¡No quiero imaginar lo que habrá sido su magia en pleno uso de su poder!

 Silky comentó:

 -Así es, Vivi. Los Vals fueron tres magos negros horribles a los que di vida ya bajo influencia del Espantapájaros. Según él, servirían para cuidar que el Bonta no pudiera acercarse nunca más a mí. Lo consideraba una compañía no recomendable para una niña como yo, en sus palabras, una princesita encantada de cuentos…

 El Bonta no pudo contener una carcajada. Mei Ling, jocosa, comentó:

 -No le faltaba razón al espantajo, ja.

 Silky río de buena gana y continuó:

 -Pero los Vals daban mucho miedo a las muñecas. Para Luciérnaga, Mariposa y Lluvia, que son como niñitas, los  Vals eran verdaderos espantos. Y un día ocurrió que…

 Mei Ling animó a que la niña, inquieta por los recuerdos, continuara:

 -Anda, brujita…

 -Se me aparecieron los tres cuando dormía, una noche de luna llena, y armaron un aquelarre de fantasmas y criaturas monstruosas, un ritual en nombre de alguien que no debe ser nombrado… Llena de miedo, me tapé hasta la cabeza para no verlo, pero podía escuchar sus voces lastimosas, sus alaridos. Entonces las muñecas despertaron. Me vieron llorar. Esto fue demasiado para ellas. Entraron en un frenesí de furia y se arrojaron contra los Vals. No eran rivales para ellas, y los trataron con crueldad. ¡Malditos sean! Mis muñecas eran mansas como conejitos y los Vals las inocularon con su veneno. Por esto a veces se muestran terribles, especialmente cuando se las contraría con un capricho o están celosas por mí.

 Vivi agachó la cabeza, desolado. Deseó regresar a la aldea y dar su merecido al Vals nro 3. Entonces la tea de sus ojos brilló, alumbrado por una sospecha:

-Todo fue armado por el Espantapájaros, ¿verdad?

 Silky sonrió. Se sintió orgullosa por su maguito. Mei Ling respondió:

 -Siempre tan inteligente, pequeño. Exacto, el Espantapájaros buscó que las muñecas se volvieran posesivas hacia Silky, que tuvieran celos de cualquiera que se acercara demasiado a ella, con excepción  de Fenris, a quien por ser un perro no le preocupaba. En verdad, lo que quería era alejar a Silky del Bonta (y de mí por supuesto, que también soy una molestia, y una muy grande, ji, para él), y también de Kero. Aunque con este lo tenía más fácil. Le bastaba con hacer que Silky perdiera interés por jugar a la Cazadora de Cartas en favor de otras distracciones, como ser la confección de ropas para las muñecas o el aprender a tocar el clavicordio.

 La niña sollozó. Hasta entonces había creído que simplemente se había aburrido de jugar con las Cartas. No había sospechado que en ello también se levantaba la sombra del Espantapájaros. Entonces se oyó persistente la vocecita de Eiko. La pequeña las llamaba. La abeja, inquieta, voló rauda hacia la niña. Si seguía gritando, alguien podría descubrirlas. Luego de que Mei Ling dijera a la Principita que un ratito regresarían, que estaban hablando de cosas importantes con el Bonta, Silky prosiguió con los Vals:

 -El Espantapájaros pudo reparar, o más bien rearmar, a los Vals 1 y 2. Con el 3 no tuvo manera, y lo arrojó a la aldea de los Magos Negros. Me dijo que les dio pena verlos destruidos, que aunque resultaron malvados, fueron la obra que una niña con ternura había hecho para él, y que por esto los conservaría como recuerdos. Los guardó entonces en su ropero, y me dijo que no los volvería a ver, que me olvidara de ellos y que tuviera cuidado de no contarles a las muñecas para que no les diera miedo dormir por las noches.

 El Bonta apretó con furia los puños y masculló sin que Silky lo oyera:

-Maldito seas, Espantapájaros. Maldito seas.

 La niña concluyó:

 -Por esto, Bonta, quiero llevar a Eiko conmigo. Los Vals saldrán pronto, no bien el Espantapájaros sepa que escapé. Yo no les temo. Llevo puesta la máscara del Kitsune y el bosque es mi territorio. Puedo lidiar con ellos. Pero para Eiko serán los peores de los horrores, monstruos propios de una pesadilla. ¡No tiene que verlos! Si ella va conmigo, haré que llegue con Ëlen sin que tenga que toparse con los Vals. Cuando las niñas dejen el castillo, quiero que lo recuerden como el país de las muñecas y los peluches, no como el cubil de una bruja. Pero para esto necesitaremos que pongas antes en marcha lo que tenías pensado para distracción una vez que Eiko llegara a la Casa de las Muñecas.

 El Bonta levantó el puro que había caído al piso. Lo llevó a la boca y sonriendo preguntó:

 -¿Y qué distracción supones que he planeado, mocosa?

 -Pues, que Vivi libere el sello de Gamabunta y alborote con él todo el Bosque de los Cerezos. Ja, ¿a que te has quedado como de piedra por mi capacidad para anticipar tus movimientos? ¡Tienes que estar orgulloso de mí!

 El Bonta, satisfecho por su pupila, divertido exclamó:

 -Ja, ya veremos, rapaz, ya veremos.


*El Vals nro 3 en Final Fantasy IX.

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