Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 56

 Las preguntas de Vivi

 A unas horas del amanecer, con Ëlen dormida entre las muñecas y abrazada a Kero y todavía esperando noticias de Eiko, el Bonta se dispuso a disfrutar de un recreo de las niñas. Cayó pesado sobre la silla. En la mesa humeaba una taza grande de té, la lumbre del cántaro iluminaba vacilante y Mei Ling 2, para fastidio del peluche, revoloteaba nerviosa. La abeja sabía que la Principita se encontraba bien, pero no aguantaba más estar sin saber de ella. El Bonta, gruñón, buscó alejarla de un manotazo. La abeja, ofendida y burlona, le enseñó el aguijón y voló hacia Vivi, que estaba sentado delante del Bonta con una taza, también de té, en las manos. No tenía ganas de pelear al peluche. Se posó en el sombrero del mago y miró al Bonta con un brillo pícaro en los ojos. Sabía que Vivi no tardaría en importunarlo con una pregunta.

 El mago se acomodó despacito el sombrero. El Bonta bufó.

 -Rayos, habla.

 -¿Disculpe, señor? No he dicho nada.

 -Anda, cuando te arreglas el sombrero es que algo te merodea la cabeza.

 Vivi dio un trago a la taza de té. Titubeante, preguntó:

 -¿Quién es Silky?

 El Bonta bebió de su taza. Después de unos segundos de silencio, respondió con sequedad:

 -Tendrás que preguntárselo a ella misma.

 -Pero…

 El peluche lo cortó con un ademán.

 -Oye, mago, eres un niño muy despierto, conoces las crónicas élficas. Te das una idea sobre la naturaleza de Silky. ¿Sabes qué ocurre? Ella jamás ha pretendido ser más que una mocosa. Nunca ha hablado de sus poderes ni de su tierra. Entonces, ni Mei Ling ni yo lo haremos.

 El mago meneó apenado la cabeza.

 -Pero, yo necesito saber sobre mi creadora…

 -Eres un fastidio. ¿Quién te metió esas ideas en la cabeza? Lastimarías a Silky si te rebajas a una mera artesanía de sus manos y magia. Mira, quédate con esto: ella un día comentó que para regresar a su tierra tendrá que atravesar Ilweran…

 -¿Ilweran?

 Mei Ling explicó:

 -En alto élfico, el Arco Iris.

 Los ojos de Vivi temblaron. Recordó que varias veces había llamado bruja a Silky. Imaginó a las águilas de Mandos dándole picotazos a la cabeza. Agachó la cabeza, turbado. El Bonta comentó cordial:

 -Calma. Te he dicho que Silky no es más que una niña, una mocosa de once años que se ha enredado con sus propios juegos y prendas. No busques más.

 El comentario alivió algo la vergüenza que sentía el mago. Se animó con otra cuestión:

 -¿Qué quiere el Espantapájaros de Ëlen?

 El Bonta respondió:

-No lo sabemos. O al menos no estamos seguros. Creemos que…

 El peluche apretó fuerte la taza. Vivi temió que la rompiera. La dejó en la mesa y continuó:

 -Creemos que, en alguna manera macabra y terrible, quiere reemplazar a Silky con la niña…

 -¿Cómo? No entiendo. ¿Por qué?

  Mei Ling, con tristeza en la voz, respondió:

-El Bonta te dijo que Silky nos contó de Ilweran, el Arco Iris, que conduce a su hogar. Esto fue hace dos años, cuando ella tenía nueve. Sabíamos que no tardaría en llegar el día en que la niña quisiera regresar a casa. Como imaginarás, el castillo sin Silky desaparecerá. También tu aldea.

 Vivi enmudeció. La tea de sus ojos menguaron lastimosas. El Bonta dijo:

 -Sabes que es inevitable el momento en el que un niño dejará sus juguetes y peluches. Si hubieras vivido aquí, podrías afrontar ese día con regocijo. Estarías feliz por Silky. Y créeme, mago, lo estarás. Ahora, ocurre que el Espantapájaros teme y odia ese día. No quiere dejar de existir. Entonces ocurrió que…

 El peluche indicó a Mei Ling que siguiera.

 -Empezó a trabajar sobre la voluntad de Silky. La llenó de miedo, la obligó a desechar el anhelo creciente por su tierra. También logró que las muñecas echaran a esta habitación de trastos al Bonta, su mayor obstáculo para sus planes, sin que ella buscara impedirlo. Pero sabía que no podría contener por demasiado a la niña. Entonces es que, al enterarse de que una niña pequeña solía visitar la Aldea de los Magos Negros, es decir, Eiko, que entretejió un nuevo y retorcido plan. Esperó paciente por la oportunidad para atrapar a la Principita.

 -No entiendo. ¿Por qué entonces capturó a Ëlen si quería a Eiko?

 El Bonta, que lo tortuoso del tema lo había llevado a buscar un puro, después de mascar un poco dijo:

 -Simplemente la habrá encontrado más apropiada para sus planes. Da igual. Ella y Silky están en peligro. No sabemos qué experimento estará urdiendo el Espantapájaros. Tiene acceso a una biblioteca de saber olvidado en la Tierra Media. Imaginamos lo peor.

 Vivi, con desesperación en los ojos, preguntó:

 -¿Pero qué experimentos podría querer con Ëlen y Silky? ¡Son niñas! ¡El Espantapájaros no puede ser tan malvado como para lastimarlas!

 El Bonta y la abeja se miraron largamente. Con los ojos humedecidos, Mei Ling respondió.

 -Si te decimos lo que imaginamos, amiguito, el dolor y la furia romperán tu corazón. Sería además causarte un sufrimiento innecesario, porque no permitiremos que el espantajo se salga con la suya. Tenlo por seguro.

 Vivi la miró consternado. Sus ojos crujieron. Se dijo «¿pero si yo no tengo corazón?»… La abeja, con dulce voz, buscó confortarlo:

 -Oh, no. Claro que sí, pequeño. Claro que lo tienes. Tan solo no lo puedes oír. Todos los muñecos y peluches amados por un niño lo tienen. ¿No entendiste por qué te cuestionó el Bonta cuando llamaste a Silky tu creadora? Por esto tienes que estar fuerte, por Eiko, por Ëlen, y también por Silky. Tus amiguitas te necesitarán.

 El Bonta, que logró contener la emoción en la voz, concluyó:

 -Las rescataremos, don Vivi. No lo dudes.

—-

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