Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 22

El barrilete remonta hacia el castillo

 Las niñas, pasado un rato de búsqueda por la aldea, encontraron a Vivi en casa de Peritas. Lo vieron menos cabizbajo, y preguntaron si se le había pasado la tristeza.

 -Un poco. Tuve una charla con Peritas que me hizo bien. Pero lo que importa ahora es nuestro viaje al castillo. ¿Están listas?

 Las pequeñas asintieron. Siguieron a Vivi hacia el jardín de la casa. Los esperaban Peritas y Choco. Ëlen comentó a la Principita:

 -Lástima que Ithïlien no podrá vernos.

 -Sí, pero seguro que se pondrá muy contento cuando le contemos. ¡Dale, vamos, no hay que perder tiempo!

 Peritas condujo a los niños fuera de la aldea. Se hallaban en un desierto surcado por dunas, con cactus que se erguían solitarios, huesos que sugerían cadáveres de dragones y alguna que otra lagartija que se escabullía en la arena ante el paso de Choco, que tenía a las pequeñas en sus ancas disfrutando en grande del paseo. Peritas caminaba a un lado, protegiéndolas del sol con el paraguas de su báculo; Vivi, en tanto, permanecía en silencio, con un ojo en el castillo que reposaba sobre las nubes, inadvertido por sus amigas. Eiko dio divertida unos tirones al barrilete que traía revoloteando. Luego miró con desencanto el vasto desierto y acometió a Peritas con una pregunta inevitable: «¿cuánto falta?» El mago, para sorpresa de las niñas, que esperaron un «falta poco», dijo que habían llegado y que podían apearse. Las pequeñas gritaron con alegría y saltaron del chocobo. Dieron el barrilete a Peritas y esperaron ansiosas a que el mago indicara a Ëlen que podía ensayar el encantamiento que habría de convertirlas en flores y que meses atrás había aprendido de Melian.

 Peritas conjuró una nube que dio sombra a las niñas y dijo a Ëlen que podía empezar. La niña tendió una manta y se sentó de rodillas, tomó a Eiko de las manos, la sentó delante suyo y le pidió que cerrara los ojos. La Principita se mostró obediente y ansiosa. Ëlen comenzó a cantar. Se trataba de una canción colorida y alegre como una mariposa que transportó a las nenas a un jardín en Valinor, donde hallaron a Vána dando agua a las flores con un regadero. La valier oyó las risas de las niñas y caminó hacia ellas ligera como la Primavera. Les dio un beso a la frente, y ambas quedaron convertidas en flores.

 Peritas dio con el báculo a Vivi y el maguito encogió hasta el tamaño de un ratón. Se oyeron risas venida de voces minúsculas. Eran Eiko y Ëlen, que asomaban las corolas desde los bolsillos de la chaqueta de Peritas, la Principita en la forma de una violeta, la Estrellita bajo el aspecto de una margarita. El mago las asió de los cabos y las ató a las manos de Vivi. Entonces, abrochó al mago al barrilete, tomó la madeja y soltó algo de hilo, y echo a correr dando esforzados pasos por la arena bajo los vítores de las niñas, también los de un exultante Vivi, y los chillidos de Choco hasta que el barrilete pudo remontar hacia el cielo, rumbo a las nubes donde se erigía el Castillo de Silky.

 Choco sintió pasos. Era un jinete desconocido que vestía ropajes de montaraz, larga capa y un sombrero circular de ala ancha. Lo acompañaba un corcel imponente, de larguísimas crines. El forastero miró hacia el cielo y comentó:

 -Vaya, ¡que alto vuela ese barrilete!

 Peritas saludó con una leve inclinación y una mano en el sombrero y dijo:

 -Y todavía queda hilo por soltar, señor. Ese barrilete no reposará hasta que se levante sobre las nubes, aunque como usted entenderá, puesto que es un elfo…

 -La magia buenamente empleada es buena magia, amigo. ¿Cómo lo ha hecho?

 –«Levita» lo llamamos. Solo he usado el conjuro en el hilo. El resto lo hace el viento y la buena hechura del barrilete. 

 El forastero sacó un puro y lo llevó a su boca. Para sorpresa del mago, no lo encendió. Preguntó:

 -¿Me permite?

 -Por supuesto.

 Peritas tendió la madeja al desconocido. El elfo se puso a silbar. Se lo veía feliz. Luego de un rato devolvió el barrilete al mago, acarició al chocobo y se marchó. Peritas dijo:

 -Señor, no me ha dicho su nombre. Su compañía ha sido grata y quisiera recordarlo.

 -Me llamo Ithïliendil. El es Lin Rochallor. ¿Y el suyo? ¿Y el de este animalito tan simpático?

 -Me llaman Peritas. El es un chocobo y se llama Choco.

 El elfo sonrió al escuchar el nombre del mago y dijo:

 -Peritas… un nombre hermoso que sólo se le pudo haber ocurrido a un niño, o a una niña….

 -Créame, no se equivoca.

 Los ojos del forastero brillaron. Miró largamente el barrilete. Susurró unas palabras y se alejó con su corcel atravesando la cortina de arena que traía el viento que ululaba.

 Libritos observaba desde la ventana de su casa. Peritas regresaba con Choco, y dijo para sí:

 -El barrilete llegó al castillo. Las niñas son tuyas…

 El mago no acabó la frase. Le dio la impresión que esas palabras no fueron suyas y se estremeció. Una incomodidad lo fue ganando: las amigas de Vivi estaban en peligro. Se preguntó, tembloroso:

 -Oh, ¿qué he hecho?

 Libritos retrocedió con la tea de sus ojos desfigurada. De la bruma de sus pensamientos, emergió un número que lo estremeció. Lo sintió en sus pensamientos como marcado a hierro y fuego. Murmuró:

 -«Mandato número 2».

 El mago lentamente llevó una mano al cinturón. Tomó el báculo, lo encendió con un conjuro y dijo:

 -Niñas, lo siento. No pude obrar de otro modo.

 Libritos apuntó hacia el pecho el báculo que llameaba. Pero sus ojos expresaron otra horrible manifestación. La flama se desvaneció y el mago, con pesadumbre, dijo:

 -«Mandato número 3».

 Libritos arremetió con la biblioteca. Pateó libros, arrojó sillas, devastó la casa con su magia. Quiso hacerse daño, pero no pudo, y exclamó:

 -¿No nos has concedido siquiera la dignidad de elegir la destrucción?

 El mago dio golpes al suelo vociferando una y otra vez las últimas palabras. Se levantó trabajosamente. Quiso el apoyo de una silla, pero la mano a poco de asirla quedó inmóvil, con el brazo suspendido y rígido. Los ojos se le fueron apagando y su rostro fue abandonado a un vacío de desoladora negrura. «Libritos dejó de moverse» habría dicho Vivi, como toda vez que hallaba a uno de los suyos que no respondía y con el pavor de pensar que sus vidas no eran propiamente tales y que los magos negros eran meros muñecos a los que alguien había dado cuerda.

Ep Sig:

magos megros 2-final fantasy ix ————————

 

2 comentarios en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 22

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