Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 27

Los Tres Mandatos  

 El Espantapájaros desconfió del artefacto mágico que había sacado Eiko. Era un objeto de cuidado para tan pequeñas e inseguras manos. Decidió, pues, dar fin a la función que armaron los niños. Observó a Silky aferrada con ingenuo temor al peluche y pensó: «Mis sospechas al parecer no estaban fundadas. Cuando vio al mago ella reaccionó como lo haría cualquier otra niña que ve un muñeco tan simpático, con deseo de hacerlo suyo. No creo que esperara por su aparición. De todos modos, debo saber sobre el maguito, porque todo en el es anómalo para un mago negro».

 El Espantapájaros rebajó un lado del ala de su sombrero. Con parte del rostro velado por las sombras, miró a Ëlen, que se divertía con su arpa, satisfecha con las mariposas que sacaba como si jugase con una cuchara y pompas de jabón, y dijo para sí: «debo ser cuidadoso o me temerá». Entonces habló a Vivi, con tono reposado y amable. Silky, en tanto, estrechó su peluche y hundió las uñas en el.

 -Mago, ¿por qué levantas el báculo contra tu ama?

 Los ojos de Vivi menguaron. La pregunta lo desconcertó. Balbuceando replicó:

 -¿Mi ama? ¿Dices que la bruja es mi ama?

 El Espantapájaros preguntó sorprendido:

 -Eres un mago negro, ¿o me equivoco?

 -No, soy un mago negro.

 El Espantapájaros caminó hacia el clavicordio. Llevó una mano hacia la teclas y la apartó con brusquedad, como si las teclas fuesen brasas. Miró a Silky y preguntó:

 -Ama, ¿puedo?

 La niña, que no dejaba el peluche, respondió como ausente:

 -Sí.

 El Espantapájaros posó la mano en las teclas. Una nota restalló dolorida y quejumbrosa. Entonces volteó hacia el mago y dijo:

 -¿Debo explicarte lo que acaba de suceder?

 Vivi agachó la cabeza. No dijo palabra.

 El Espantapájaros tomó el pequeño peluche de olifante que reposaba a un costado del clavicordio. Buscó la aprobación de Silky y continuó:

 -Este peluche, de quererlo despertar Silky, estará sujeto a Tres Mandatos. El último lo obliga a cuidar de sí mismo; un juguete solo puede ser destruido por su dueño. El segundo lo obliga a la obediencia, un juguete existe porque su dueño juega con el. El primero…

 El Espantapájaros giró el cuello del peluche y arrancó su cabeza. Lo vació entonces de las plumas de oca y retazos de tela con el que había sido rellenado. Vivi miró con dolor hacia un costado. Sus ojos eran una vela que se extinguía.

 -Este peluche no es más que plumas y tela, a no ser que Silky quiera jugar con el. ¿Crees que osaría causar daño a su ama? No. El mandato número uno lo previene de esa conducta, de lo más ruin y baja. ¿Entiendes lo que te digo?

 Vivi permaneció en silencio. Silky lo miraba de soslayo, con una lágrima que le surcó la mejilla y que la niña procuró secar en la oreja del peluche, pareciera para que el Espantapájaros no la viera. Este concluyó:

 -Bien, mago, eres muy inteligente. Lo has comprendido. Ahora haz lo que debes. Baja el báculo y pide a la niña de trenzas que deshaga el conjuro. No les haremos nada malo. Queremos conversar.

 Ëlen no esperó a la orden del mago y alejó temblorosa las manos de las cuerdas del arpa. Con sus seis años, no podía reaccionar de una manera menos inocente ante una persona mayor tan severa. La cortina de mariposas se desvaneció. Eiko obró igual y bajó su tiara, y se arrimó a su amiga. Vivi desesperó al mirarlas. Las vio llorosas, las vio asustadas, confiadas a él. Recordó lo que se había prometido en la aldea y levantó poco a poco la cabeza. Los ojos le ardieron. Con la mano que tenía libre del báculo formuló una serie de símbolos y quebrado por la pena y el rencor exclamó:

 -Los magos negros somos muñecos, pero no los juguetes de una niña. Para Eiko y Ëlen somos sus amigos, y aún en el castillo de nuestra creadora, de aquella que nos formó de andrajos y magia queriendo darnos la vida de un muñeco, que tiene la vida que imagine y quiera su dueña, yo cuidaré de ellas, porque no puedo dejar que el capricho de una niña las ponga en riesgo o les haga daño.

 Bajo los pies del mago emergió una runa que ardió en el suelo dando forma a un círculo en llamas que se extendió dos o tres pasos alrededor de los niños. Vivi concluyó:

 -Esto es un Glifo Custodio. Nada lo atravesará sin que yo lo permita.

Ep Sig:

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vivi-ff ix

*Lo de Los Tres Mandatos es por Las tres leyes de la robótica de Asimov. Bueno, finalmente cuatro leyes…

 

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