Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 19

Vivi

 Vivi estaba sentado sobre una calabaza dando distraídos tacones con las botas. Pensaba «en cosas» como gustaba decir. Vivi tenía ocho años y el aspecto simpático de un mago negro cualquiera aunque, naturalmente dada su corta edad, era mucho más pequeño, apenas algo más alto que Eiko. Esto, sumado a su carácter inseguro y maneras un poco torpes, hacía que todo aquel que lo tratara lo encontrara entrañable y le tomara particular afecto. Un cuervo rehuía al espantapájaros, y el mago con pena se preguntó: «si dejo de moverme, ¿también asustaré a los cuervos?»

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 18

Subsaga de los magos negros

La aldea de los magos negros

 Era de medianoche. Los búhos ululaban incansables y Ëlen lloraba y temblaba escondida bajo la manta. Hacía un rato que el viejo de la bolsa, la pequeña no pudo suponer otro responsable, se había llevado a su amiga. Cuando se calmó, la pequeña con algún esfuerzo e insistencia logró llamar a Härï y Mamahäha. Las águilas despertaron y acudieron raudas con ella. El captor las había dormido con hierba morfeo, una hierba que crecía en aquellos parajes desconocidos de la Tierra Media y que era de uso común para los magos negros. Mientras Härï iba por Eiko, abrazada a Mamahäha Ëlen pensó en la suerte de su amiga: la imaginó en un caldero, con el captor que la amenazaba con un cucharón, harto de oírla alborotar la casa con gritos y llantos. Pese a lo macabra imaginación, se reanimó; sabía que Eiko no se dejaría tratar como a un pedazo de calabaza y que antes que pasara un rato su captor habría de estar con la ropa enchastrada de sopa y buscando con odio a la niña, seguramente a resguardo en un rincón imposible para un adulto. La pequeña se rió entre los sollozos y al ratito se durmió.

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