Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.26

Jaque a la bruja

 Vivi se puso a un costado de la cerradura y miró con odio a la bruja, que caminaba hacia el cofre; no reparó en su aspecto, solo quería vengar a los suyos. El maguito susurró a las niñas:

 -El cerrojo está abierto. ¿Recuerdan lo que debemos hacer?

 No hubo respuesta. Vivi notó los pétalos húmedos; las pequeñas lloriqueaban, y esto lo apaciguó. No podía poner en riesgo a sus amigas, confrontando bajo dolor e ira a la bruja. Entrevió que el Espantapájaros era lo que las tenía asustadas, y trató de darles confianza. Consiguió hacerlo, no supo cómo, quizás porque les había hablado como no habituaba, con decisión y firmeza, y las nenas sintieron que a su lado nada malo les podría pasar; en fin, la bruja se reclinó ante el cofre, y los niños deshicieron los conjuros.

 La bruja asió la tapa del cofre y permaneció pensativa; había ansiedad en su expresión, temor a un posible desencanto; esto no pasó desapercibido al Espantapájaros, que retrocedió unos pasos, desconfiado por lo inusual del proceder de su ama. Ella no se tardaba en abrir un regalo. La bruja por fin levantó la tapa unos centímetros, haciendo que rechinara el cerrojo, y cayó de bruces dando un grito. La madera crujió, y de los trozos del mueble brotó una espesa humareda, abierta a fuego por el báculo que Vivi levantó colérico hacia Silky; a su lado, estaban las niñas, despojadas del conjuro que las había convertido en flores; ambas no vestían los uniformes de soldaditos, las ropas que las presentaban como a las pequeñas custodias de Ithil y Anor.

 La  Principita llevaba camisa de tono violáceo, con manga ancha y el cuello levantado; una calza rosa ceñida bien arriba de la cintura con un cinto, un jardinero que se abombaba en las rodillas y botas puntiagudas de terciopelo; en la cabeza tenía puesto un sombrero de mago, un capricho que le había concedido Peritas, pues la niña quiso vestir como lo hacía Vivi. Ëlen, por su parte, vestía túnica blanca y capucha, un medallón que le colgaba del cuello, dedicado a Anor —el sol para los altos elfos— y botas amarillas. La nena había visto los ropajes en una ilustración que retrataba a una maga  —según leyó: una maga blanca— quiso jugar a que era una y entonces el incansable de Peritas tuvo que confeccionar a la Estrellita un traje de maga blanca.

 La bruja, que no amagó a levantarse del suelo, después de que echara un ligero vistazo a las niñas, dedicó al maguito una mirada que rebosaba de maravilla y, como entendió el Espantapájaros, de afecto, como si lo estuviese viendo como a un juguete deseado y esperado por largo tiempo; el sirviente de la bruja, entre poco y nada inquieto, para alguien armado a base de andrajos y paja, ante la llama que portaba el mago, tenía puesta su atención en las nenas, que lo miraban blancas del espanto. Pero los pensamientos del Espantapájaros, demorados en Ëlen, en lo parecida, en algún modo, que era la niña a su ama, fueron interrumpidos cuando Vivi ordenó a las pequeñas:

 -¡Ëlen, hazlo ya! ¡Eiko, tú también!

 Ëlen, confiada por el calor que manaba de su arpa, fue la primera en sobreponerse al miedo; tañó las cuerdas y una musiquilla atiborró el cuarto de candor. Las muñecas, curiosas por la melodía, asomaron de las sedas del dosel dando risitas, y regresaron a jugar contentas, pasándose la esfera que les había obsequiado Silky. La música concluía, y de una nota que Ëlen sostuvo indefinida, unas mariposas revolotearon hacia la bruja y la contuvieron con una garúa de cerezos. El Espantapájaros, también conjurado por las mariposas, no obstante se complació con la exhibición de la nena.

 Eiko se tardó un poco más. La bruja no era como la imaginó, una bruja de cuentos, vieja, desdentada y sucia, con una verruga en la nariz, que comía lagartijas y salía en escoba; era una niña de unos once años, de cabellos celestes que le caían en anchos y largos bucles, ojos entristecidos del color de los rubíes, que vestía ropas, como lo pensó Eiko, como las que usaban las princesas y una linda cinta en el cuello de la que pendía, según advirtió Ëlen, una medalla cuyo grabado la niña recordó de Valinor, de los jardines que cuidaba Melian: las manos de una mujer que ofrecían un fruto que daba lumbre, regado aparentemente con lágrimas, al cielo. La Principita pensaba: No debes pelear con otros niños, que era lo que le decía Ithïliendil, y resultaba que la bruja no era otra cosa que una niña. Pero la pequeña se decidió, se confió al mago Peritas, que le había dicho que no habría necesidad de pelear, echó para atrás el sombrero y quitó de su frente la tiara de Ithil, que arremolinaba y encandecía, cosa que llevó a que Silky usara de cobijo un peluche, uno de los tantos que había desparramados por la habitación.

 ———————————————–

silky - i´m gonna be an angel 2

·Silky es un personaje del anime I’m Gonna Be An Angel (Tenshi ni Narumon!)

silky - i´m gonna be an angel 3

Mi Google+

Anuncios

5 comentarios en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.26

  1. Pingback: Bitacoras.com
    • Jajaja, no había visto tu mensaje, littleeiko. Y sí la pequeñita anda haciendo de las suyas y metiéndose en problemas. Un salu2 y cuidate, eh, xd.

      Pd: ya que estoy. Dejo una imagen de magos blancos en un Final Fantasy.

      final fantasy-maga blanca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s