Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 54

 ¡Vamos a cazar cartas!

 Ëlen esperaba con el bastón en las manos, ansiosa por dar un golpe en cuanto Kero arrojara la carta Kazegami. Las muñecas estaban en silencio y expectantes.

  -¿Lista, pequeña? Ahí va…

 Kero dejó caer la carta. La niña entonces, antes de que la carta tocara el suelo, y como si golpeara con un pico, le asestó fuerte con el bastón mientras profería las palabras que le había enseñado el peluche:

 -¡Kazegami, vuela!

 La carta brilló cegadora. El bastón desapareció y la niña, perpleja, se encontró sentada en el aire sobre el, con las manos aferradas cerca de la base. La carta había desaparecido. Con maravilla, observó el par de grandes alas que salían de las gemas de la cabeza del bastón y que se batían leves a su espalda. Las muñecas gritaron felices cuando Ëlen, como una brujita de cuentos, a las risotadas echó a volar por la habitación.

 -¡Bravo, Ëlen! La carta Kazegami, por ser una carta de viento, te permite volar. Ahora, por favor, baja, o te estrellarás con algo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 53

La Cazadora de Cartas

 -¡Kero, Kero, Kero!

 Las tres muñecas alborotaban como cachorritos alrededor de Kero, que estaba sentado sobre un almohadón del dosel con Pulgarcita, dichosa, montada a su cuello. El peluche, con poca paciencia para tales fiestas, buscando apaciguar los ánimos dijo a la muñeca de largos cabellos negros, peinados en un espeso flequillo y adornados con un crisantemo en la sien izquierda, y enormes ojos azabaches que respondía al nombre, traducido a la lengua común, de Luciérnaga en el Jarro de las Campanillas Blancas:

 -Hola, Luciérnaga. ¡Tanto tiempo! ¡Qué hermoso vestido que te ha hecho Silky!

 La muñeca, de unos treinta centímetros y que tenía la cabeza bastante grande en relación al cuerpo y el aspecto de una niña pequeña, llevaba un conjunto floreado de seda violácea, de largas y amplias mangas y abrochada a la cintura con fajín. Con graciosa etiqueta, con las manos dentro de las mangas opuestas y una corta reverencia, ensayó un gracias. A su derecha, la muñeca de cabellos celestes, peinados también con flequillo y que le caían de las sienes en una cascada que terminaba en pesados bucles, y ojos azules, apucheró al oír a Kero. La muñeca, siempre según la lengua común, se llamaba Lluvia que despierta las Hortensias. El peluche, conociendo de lo rápido que la muñeca se daba a las rabietas, se apresuró a comentar:

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 25

La muñecas y el mago negro

 La bruja, sentada ante el clavicordio, ensayaba la partitura que el espantapájaros de sombrero de ala ancha y parado a un lado del mueble le enseñaba. Había un amplio ventanal a la derecha, entrecortado de madreselvas y bañado por la luz de la luna. La bruja dio un tamborileo a las teclas e impaciente y caprichosa dijo:

 -Esta pieza es para lluvia. ¡Quiero que llueva!

 El espantapájaros respondió con una seca reverencia:

 -Lloverá, mi ama.

 El espantapájaros miró al mago negro que se sostenía el cofre que la bruja a través de la música del clavicordio procuraba abrir, y dijo:

 -Has oído.

 El mago negro asintió y caminó hacia el dosel de la habitación. Descorrió una de las cortinas rosas y encendió la medialuna que pendía del techo de seda violácea. Tumbadas entre las almohadas, reposaban tres muñecas. Con mano temblorosa, rozó la mejilla sonrosada de una de ellas. Esperó a que abriera los ojos y dijo:

 -Silky desea que llueva.

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