Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.25

La muñecas y el mago negro

 La bruja estaba sentada ante el clavicordio, ensayando la partitura que un espantapájaros con sombrero de ala ancha, de pie junto al mueble, iba pasando de hoja. Había un amplio ventanal a su diestra, atravesado por madreselvas; la luna daba la única lumbre de la habitación. La bruja dio un tamborileo a las teclas y dijo con impaciencia:

 -Esta pieza es para lluvia. Quiero que llueva.

 El Espantapájaros respondió después de una seca reverencia:

 -Lloverá, mi ama.

 El Espantapájaros miró al mago negro que se sostenía el cofre que la bruja, con la música del clavicordio, procuraba abrir, y dijo:

 -Has oído a tu ama.

 El mago negro asintió y caminó hacia el dosel que tenía a la izquierda; descorrió una de las cortinas rosas, encendió la medialuna que pendía del techo de seda violácea y, cuidando, de no tocar la cama en la que descansaban, tumbadas encima de almohadas, unas muñecas, apretujó la naricita de una de ellas, la de largos rizos castaños; esperó a que abriera los ojos y dijo:

 -Ama Silky desea que llueva.

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