Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.24

 La Casa de las Muñecas

 La puerta se abrió y Caronte brincó hacia un oscuro pasillo. La travesía, de unos minutos, fue dura para la nenas; la imaginación obró lo suyo y les jugó un mal rato en las figuras de fantasmas, arañas y terrores infantiles de diversa índole; el croar que de tanto en tanto daba el sapo ayudaba todavía menos, en especial a Ëlen, que sabía del gusto de los sapos de haraganear donde crecían las margaritas. Pero las sombras aclararon y el grupo dio con la salida, recibidos por una bulliciosa naturaleza.

 El guardia y Caronte intercambiaron unas palabras, dejaron los obsequios en el pasto, y después de que el sapo echara una nerviosa ojeada hacia los matojos que estaban próximos dieron la vuelta y regresaron, cosa que alivió buenamente a las pequeñas. Eiko, que en la forma de la violeta no podía abarcar demasiado con la vista, preguntó:

 -¿Dónde estamos?

 Se oyeron pasos. Vivi susurró:

 -Parece que en el bosque. Guarden silencio. Vienen exploradores. 

 Llegados a este punto, me permitiré una intromisión para contarles, a vuelo de pájaro, del castillo. El castillo de Silky comprende tres recintos bien diferenciados: El Jardín del Sapo, El Bosque de los Cerezos y La Casa de las Muñecas. Del primero ya les hablado; es el sitio donde estaciona la patrulla que custodia las afueras del castillo; del segundo acaban de saber, es el bosque al que se accede a lomos del barquero, el sapo Caronte; y del último recinto puedo decir que se trata de una vasta construcción de madera de tres plantas emplazada sobre un pequeño lago en un sitio remoto del Bosque de los Cerezos. Debido a que la arquitectura de la casa es extraña, hasta donde sé, para la Tierra Media, creo conveniente dar mejor idea de la construcción a través de un dibujo:

casa de las muñecas-silky

 La comunicación entre las «gentes» de los recintos no es lo usual y en general solo se da cuando llegan presentes para la bruja provenientes de la misma Casa de las Muñecas, cosa que se explica en el gusto de la bruja por recibir regalos, o bien de la Aldea de los Magos Negros. Cuando esto ocurre, cuentan los magos negros, alguna persona de la servidumbre, por lo común uno de los magos negros capturados de la aldea, recibe los obsequios de los encargados del bosque y los prepara para premio de una prenda: búsqueda del tesoro, adivina adivinador, el juego de la oca, el matasapos y demás tradiciones conocidas por los niños. Si el juego divierte a la bruja, el sirviente tendrá el privilegio de pasar una noche sentado en la repisa de su habitación; de lo contrario, en caso de haberla aburrido, o de que el juego le haya sido imposible de ganar, su mascota, el perro lobo que llama Fenris, lo arrastrará de un pie hasta la cucha y con el entusiasmo con el que desgarra, mastica y lame un hueso, dará buena cuenta del pobre infeliz.  

 Vivi y las niñas, una vez hallados por los exploradores, a quienes no pudieron ver, fueron depositados en un cofre de madera y puestos de camino a la bruja. Caída la noche, el sirviente que había recibido los obsequios en la puerta de la casa, selló el cofre con un cerrojo musical que cedería cuando Silky ejecutara correctamente la partitura que el mago, por lo visto entendido en música, había escrito para clavicordio, instrumento que la bruja habituaba aprender a tocar por las noches antes de ir a dormir.

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silky 23

 

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