Sobre Las aventuras de la Principita Eiko (sinopsis 1 a 16)

 Para quien tenga curiosidad por este crossover otaku sobre la pequeña Eiko de Final Fantasy IX, o para aquel que quiera retomarlo, se me ocurrió contar de qué va la historia. ¿Y por qué hasta el ep. 16? Pues, porque es cuando empieza la trama principal. Son muchos capítulos que hoy me resultan como de introducción, así que pensé que no estaría mal una suerte de sinopsis. Sin más…

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Sobre Las aventuras de la Principita Eiko

 Quería decir algo sobre el futuro del fanfic que estoy escribiendo, por aquellos que lo siguen o tengan curiosidad y que ven que la cosa con la subsaga actual, que lleva 42 episodios (54 con el arco de Vivi), no muestra atisbo de desenlace. Y sí, va para muy largo.

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I found this beautiful drawing of Eiko and Mogu on Pinterest. I searched Deviantart, etc. and no found author. If by chance the author sees it here and there is a problem, let me know and I’ll give it credit or take it away.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 24

 La Casa de las Muñecas

 La puerta se abrió y Caronte marchó brincando por un oscuro pasillo. La travesía, que duros unos pocos minutos, resultó dura e interminable para la niñas, pues la imaginación les jugó un mal rato en las figuras de fantasmas, arañas y terrores infantiles de diversa índole. El croar que de tanto en tanto daba el sapo ayudaba todavía menos, en especial a Ëlen, que sabía del gusto de los sapos de haraganear donde crecían las margaritas. Pero las sombras aclararon y el grupo dio con la salida. Los recibió bullicioso y fragante un bosque.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 23

Los soldaditos de la bruja

 El barrilete asomó entre las nubes malvas del atardecer. Las niñas, hasta donde lo permitió lo duro de sus tallos, torcieron admiradas las corolas y desearon echarse una zambullida en las pastelosas y mullidas nubes. Vivi, cuando vio que el cuchicheo crecía en intensidad, pidió a sus amigas, con toda la amabilidad a la que lo obligaba su timidez, que guardaran silencio, pues algún esbirro de la bruja los podría descubrir. Las niñas se callaron. Pasó un rato y oyeron que hablaban a cierta distancia:

 -¡Un barrilete! Mejor será que no lo deja escapar, o Silky me dará por hueso para el perro.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 22

El barrilete remonta hacia el castillo

 Las niñas, pasado un rato recorriendo la aldea, encontraron a Vivi en casa de Peritas. Lo vieron menos cabizbajo, y preguntaron si se le había pasado la tristeza.

 -Un poco. Tuve una charla con Peritas que me hizo bien. Pero lo que importa ahora es nuestro viaje al castillo. ¿Están listas?

 Las pequeñas asintieron. Siguieron a Vivi hacia el jardín de la casa. Los esperaban Peritas y Choco. Ëlen, con pena. comentó a la Principita:

 -Lástima que Ithïlien no podrá vernos.

 -Sí, pero seguro que se pondrá muy contento cuando le contemos. ¡Dale, vamos, no hay que perder tiempo!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 21

 La tristeza de Vivi

 Los niños llegaron a la biblioteca. Como ocurría con todos los sitios de la aldea que eran dedicados a un trabajo dado, la biblioteca no era más que la casa de un mago negro que poseía algo que sus congéneres no; en este caso, una repisa repleta con libros y pergaminos. Vivi dio dos golpes a la puerta. El dueño de casa abrió, les dio la bienvenida y los invitó a pasar. Los niños lo siguieron, cuidando de no derribar las pilas de libros desparramados. Mientras encendía el candelabro del techo con un toque de su báculo, el mago dijo que estaba limpiando la repisa, que abarcaba una pared, y por esto el desorden. Como tenía las sillas ocupadas, los niños se sentaron sobre una pila de libros, entonces hablaron sobre la bruja.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 16

 De artesanías con el Caballero de la Luna

 Con el amanecer, los pájaros que alborotaban el bosque despertaron a Ëlen. La pequeña, emocionada, se levantó a toda prisa para verlos y escucharlos. Nada amaba más hacer por las mañanas. Una pareja de cabecitas negras revoloteaba por el árbol que guarecía a las niñas, Ëlen los saludó alegremente. Los pajaritos, encantados como por magia por la simpatía de la pequeña, agitaron las alas y piaron nerviosos por el cascarón translúcido que los repelía. Ëlen entonces corrió por su arpa; con unas notas alegres el cascarón se desvaneció y los pájaros así cantaron jubilosos en las manos de la pequeña, quien, toda alegría, procuró imitar sus trinos tal como gustaba hacer con cualquier pájaro. Pero bruscamente los cabecitas negras se alejaron. Algo los había asustado.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 06

El juguete de Cham-Cham 

 Eiko se divertía con los monos mientras Ëlen daba un paseo por la selva escoltada por el niño salvaje a quien las niñas habían dado, como no podía ser más, el nombre de Cham-Cham. Cham-Cham había hecho mucha amistad con la Principita, pero su atención y diligencias tenían por especial objeto a Ëlen. La risa de la niña y su cantarina vocecita le evocaban recuerdos remotos, imposibles de recuperar para su memoria, como ser el del cascabeleo de un juguete, que lo ponían feliz.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 05

       Saga de las Esferas del Dragón

    Cham-Cham

 Una mariposa por allí, una flor por allá, una niña que tarareaba y otra niña que tañía un arpa, ambas escoltadas por un par de enormes águilas, marchaban hacia una selva situada en el extremo oriental de Gondor. Los garabatos de un pergamino les indicaban el sencillo trayecto a recorrer. Llegaron a la selva. Las niñas, dichosas por el paseo y maravilladas por el paisaje, se sentaron a orillas de un charco y comieron de las frutas que había en el suelo, y se pusieron a parlotear. Ëlen comentó:

 -¡Mira qué pájaro más raro! ¿Cómo hará para no caerse con el pico tan grande que tiene?

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 04. Parte 1

 Era una tardecita de primavera a la sombra de un jacarandá. La Principita estaba a los saltos dando golpes a un hornero con una ramita. Quería que los pajaritos asomen. La niña se cansó, y firme y decida trepó por el árbol. Cuando lo tuvo al alcance, introdujo su manito en el nido; un picotazo le enseñó que no debía husmear en casa ajena. Entre gimoteos la pequeña regresó al suelo, se sacudió los pedacitos de corteza de las manos y luego de un poco de indecisión las agarró con Isil. Como la gata quería un momento de calma, se desentendió de la niña y huyó hacia el bosque. La Principita la perdió de vista. La llamó por aquí, la llamó por allá, sin suerte. Entonces, con sumo entusiasmo, decidió que la búsqueda de su gatita era trabajo para la Soldadito de Ithil.

Isil se perdió en el bosque
(Este episodio lo escribí hace mucho y me resulta discordante con el resto. Puedes pasar a la 2da parte si no te gusta, que abriré con lo sucedido aquí)

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 03. Parte 2

(Anteriormente… Eiko tuvo una pesadilla en la ciénaga y entonces…)

 Lloviznaba a pétalos rosas. El Caballero de la Luna caminaba por un empedrado con el crepúsculo en el horizonte; dormida en la espalda, llevaba a Eiko. La niña despertó con un pétalo que rozó su mejilla. Todavía entre sueños, observó con sorpresa la garúa de flores que caía de unos árboles desconocidos. Se dio cuenta que la cargaban y exclamó:

 -¿Ithïlien?

 El caballero respondió:

 -No, Pequeña Dama. Soy el Caballero de la Luna, como has dado en llamarme. Un bello apodo. Gracias.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 01

La Soldadito de Ithil

 Era una tardecita de primavera. En las cercanías de un bullicioso bosque, Eiko corría una mariposa. La mariposa bajó bruscamente hacia unas margaritas y la niña de la sorpresa se dio un porrazo con el que por poco aplastó a la lagartija que merendaba al amparo de unas ramas secas. «La mariposa está asustada» supuso la pequeña mientras miraba con alguna aprensión al animalito que se escurría bajo sus narices con la lengua que le siseaba inquietante. La mariposa, ajena a la chiquilla que la zumbaba moscardona, retomó su camino y se dirigió hacia al bosque. Eiko entonces con su inseparable amiga, un águila que se llamaba Härï y que escoltaba desde cierta altura a la niña sin que esta lo supiera, alegre continuó con el juego, uno de los que más la divertía y que trataba, pues, de perseguir mariposas.

 Llegando al bosque, Eiko perdió de vista a la mariposa. Con esfuerzo trepó por un accesible árbol rechoncho para ver si podía dar con ella. Lo que vio la puso al borde del llanto: un lobo que parecía estar asando un conejo y una bellísima flor, nada menos que un retoño de las niphredil que asomaron en la Tierra Media con el nacimiento de la hija de Melian, que había sido puesta en una maceta entre gusanos y que languidecía por el humo de las brasas. La pequeña se lamentó no haber venido con Ithïliendil y Lin Rochallor, que ellos habrían dado su merecido al lobo malvado. Pero el elfo, que se hacía llamar «el elfo sindar errante», y el corcel, que era sabio y de copiosas crines, se encontraban en los bosques de Lothlórien, así que la niña no tenía más ayuda que su águila, que había bajado en cuanto vio que su amiga estaba por meterse en líos, cosa que sucedía siempre que se le daba por correr mariposas.

 Pasado un rato de indecisión y sufrimiento, la niña se alejó hacia el arroyo que Härï con insistencia le indicaba, y se sentó a la orilla sobre un tronco enmarañado de maleza. La Principita, tal como cariñosamente la llamaba Ithïliendil, miró hacia el agua que iban salpicando las estrellas y echó a refunfuñar por la ausencia del elfo. Tomó una piedra y la arrojó con todas sus fuerzas. Vio entonces a la luna sonrosada en el agua; imaginó que Ithïliendil estaría como tonto con el violín dedicando a Ithil alguna canción, y se enfureció todavía más. Cuando iba a arrojar otra piedrita, la niña advirtió en el lago una estrella fugaz que le recordó una charla con Ëlen, su mejor amiga:

 -Te la regalo si no me dices más que canto como un búho triste.

 -¡No sé! ¿Qué es?

 -Es una tiara.

 -¡Una tiara! ¿Qué es una tiara?

 -Una tiara es un adorno para niñas. Pero esta es más linda, porque es una tiara lunar. ¿Viste? ¡Se parece a la luna!

 -¡Sí! ¡Se parece a Ithil cuando está contenta! ¿En serio me la regalas?

 Eiko sacó la tiara de su mochila y se la quedó mirando. La gema que la adornaba refulgía en plata y rosa, con un brillo que la hizo pestañear incómoda. Era verdaderamente hermosa, de una hechura tal que ningún elfo en la Tierra Media podría ya replicar, aunque esto la niña no podría haberlo imaginado. La Principita se puso la tiara. De cuclillas ante el arroyo, se divirtió mirándose ensayar caretos. Entonces recordó al lobo malvado y pensando en las palabras que le había enseñado Ëlen, probó a decir:

 -¡Tiara de Ithil! ¡Transfórmame en la Soldadito de Ithil!

 La niphredil marchitaba. Las mariposas que se habían acercado para brindarle compañía, desorientadas por el humo, caían duras como hojas secas. El lobo jugueteaba con otro conejo; la luna, que asomaba entre los árboles, lo iluminó con el animalito en los colmillos. El animal aulló y con los ojos sangrientos deseó que la intrusa bajase en la forma de un cervatillo, su manjar preferido, para asarla con gusto. Tanto odiaba a Ithil. De pronto, el aire trajo la fragancia de las violetas; molesto, el lobo soltó al conejo, que huyó cojeando, y levantó la cabeza hacia el árbol donde una pequeña sombra lo acusaba con vocecita y palabrería que habrían exasperado hasta a los ents.

 -Los conejos son mis amigos y me gusta jugar con las mariposas corriendo por las flores. No puedo soportar que los hayas lastimado. ¡Soy la Soldadito de Ithil y te castigaré en el nombre de la Luna!

 El lobo se pasó la lengua por los dientes: «es una niña». La pequeña vestía un conjunto blanco compuesto por una blusa con mangas volantes adornada con un moño violeta en el pecho, y amplia falda con bordados también violáceos que le caía hacia las rodillas y estaba ceñida a la cintura con un fajín con lazo. En los pies calzaba zapatitos con moño. Los ojos los llevaba cubiertos con antifaz, en las orejas lucía unas pepitas de plata y en la frente la tiara, que relumbraba como la luna. «Esta delicia no es comida de todos los días». El lobo pensó en los cuentos que se narraba sobre su especie, y se contentó porque iba a honrar a sus hermanos con la mocosa a las brasas; dio un largo y terrible aullido, y saltó. La niña gritó y bajó aterrada la cabeza, pero la tiara le quemaba la frente y tuvo que quitársela. Entonces, como en sueños y entre llantos, la arrojó diciendo:

 -¡Tiara de Ithil, castiga al lobo malvado!

 La tiara dio en la cabeza del lobo, que huyó dando aullidos y con la frente chamuscada. La niña, transcurridos unos segundos de dudas y temor, festejó a los gritos, luego bajó del árbol. Con la ayuda de Härï, extrajo la niphredil de la maceta a la que la habían aprisionado y la plantó junto a un árbol donde se levantaba un panal. Las abejas, confió la pequeña, cuidarían en adelante de la última de las niphredil. La niña, con la promesa de venir a visitarla, se marchó tarareando alegre una cancioncilla mientras comía las frutillas con las que el bosque la había recompensado..

 La Principita estaba de pie sobre el saliente de una colina mirando hacia la luna con una gatita en el regazo, blanca y algo rosada, de ojos violetas y con una media luna dibujada en su frente, y habló con alegría:

 -Ëlen, ¡qué divertido es jugar a la Soldadito de Ithil! ¡Pero no me dijiste que Härï se iba a convertir en un gato! Cuando me quite la tiara, espero que vuelva a ser mi águila. Igual, es una gatita muy linda, ¡y que habla! Se va a llamar Isil. ¡Qué contento se va a poner Ithïliendil cuando le cuente que soy una heroína de cuentos como Lúthien! Aunque lo voy a pensar. No sea cosa que si le cuento le de envidia y me prohíba jugar a la Soldadito de la Luna.

 Ep Sig:

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 •Eiko: la niña del videojuego Final Fantasy IX. Tiene seis años, igual que la otra niña que se menciona, Ëlen. Aquí no tiene el cuerno de invocadora.

 •Ithil: en la lengua sindarín que creó Tolkien, «luna». Isil significa lo mismo, pero en quenya.

 •La historia es un crossover ambientado en la Tierra Media. Se sitúa antes de la partida de los hobbits de los Puertos Grises. No requiere saber de Tolkien, pero si vieron las películas, mejor.

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