Hotaru Tomoe, la Sailor de la Destrucción

 Hace un par de semanas se me dio por retomar el último anime de Sailor Moon, Sailor Moon Crystal, que es una adaptación fiel del manga. Tenía visto hasta la revelación de Sailor Venus, mi preferida de las sailor scout del grupo que Minako conformaba junto a Usagi, Ami, Rei y Makoto (Lita en Latam), y lo natural habría sido continuar desde ese punto; pero me urgía las ganas de mi máximo interés por lo que sabía se contaba en el manga, y que era el poder en toda su dimensión de mi scout favorita y uno de mis personajes más queridos en el anime: Hotaru Tomoe, más conocida como Sailor Saturn, «la Sailor de la Destrucción».

 Así que, pues, empecé la saga de los Death Buster, y lo visto me animó a esta entrada.

 Llevaré unos diez episodios, que en una o dos semanas, para como acostumbro seguir una serie, es mucho. Se me han pasado volando, y tengo que hacer el esfuerzo para no terminar la saga en lo inmediato. Tanto me encanta el personaje de Hotaru, y espero poder transmitir algo de lo que me gusta de ella a partir de su papel en el anime clásico, considerando sobre todo «Sailor Moon S» porque la Hotaru de «Stars» es un personaje en esencia diferente; por supuesto, con observar una imagen suya, y si más o menos me conocen del blog, sabrán que la pequeña Hotaru (básicamente, fuera de batalla, Chibi Hotaru) no puede encantarme menos que la Hotaru que conocimos con los Death Busters. Pero el «mito de Hotaru», el de la niña dulce, enfermiza y solitaria que ocultaba un terrible poder que pugnaba por ser desatado, se labra en la saga de las geniales Uranus y Neptune.

 Y precisamente, en ese misterioso poder que se temía la pequeña liberase, reside buena parte del atractivo de Hotaru. Hotaru, y advierto que los hartaré con esta palabra, pues de los nombres japoneses es mi preferido, y para muestra de ello me permitiré una breve ida por las ramas: cuando jugué por primera vez Final Fantasy IX, cuando me topé con la pequeñuela que acapara este blog y tuve la posibilidad de otorgarle un nombre de mi gusto, ¿a qué no saben cómo la llamé? Pues, sí, Eiko, antes que «Eiko» fue «Hotaru». Pero esto no lo mantuve más que un par de minutos, porque Eiko se oía precioso y tampoco quería, digamos, confundir en mi imaginación ambos personajes.

 Y ya que estamos… Hace años, en una vieja Minami (una revista española dedicada al anime y el manga, no sé si extinta), tuve la felicidad de encontrar traducido «Hotaru Tomoe» como «Luciérnaga de la Tierra de la Muerte». La traducción no era del todo exacta; «muerte» creo es un añadido, no sé si de mi memoria, ja. Pero no importa. Lo que contó fue saber que el nombre completo de Hotaru estaba cargado de poesía, y que «Hotaru», aparte de oírse hermoso refería a un insecto por demás «kawaii» como lo son las luciérnagas. Ciertamente, el personaje de Hotaru, conforme a sus rasgos, recuerda a una«luciérnaga».

 Contaba de aquello que mucho hacía de atractivo al personaje, y que era su poder oculto, que además orlaba a Hotaru de una irresistible aura de misterio. Con lo que ha llovido en materia de anime y jrpg desde mediados de los noventas en adelante, lo anterior resulta un aburrido tópico de las historias niponas. De acuerdo. Pero con Sailor Moon estamos a principios de los noventas, y en mi caso a fines de esa década, en una región donde el anime llegaba a cuentagotas y donde muchos todavía no habíamos tenido la oportunidad de jugar un Final Fantasy. Los personajes misteriosos con grandes poderes a desatar, pues, estaban lejos de resultar cansinos.

 Pero Hotaru tenía una particularidad que la destacó dentro del tópico que menciono. No era un un niño de pelos como escarpias que había sido entrenado en artes marciales, o un joven cabezota que gustaba de buscar peleas con los compañeros de colegio. Hotaru era una niña, desmesuradamente dulce y vulnerable.

 Hotaru, pues, a la de trama del héroe a revelar que era, en mi opinión, la máxima expresión de lo que enganchaba del anime, y que consistía en la expectativa casi infantil por ver concretada la acometida heroica del personaje «que hubieses querido ser», asunto que se potenciaba cuando el héroe además resultaba misterioso, se añade la novedad de que el personaje que te tendrá en vilo durante decenas de episodios no es un Gohan, que, muchos coincidirán, es el emblema de estas historias, sino una chica. Por supuesto, todo esto de alguien que no leyó a los X-Men hasta la segunda década de los 2000, es decir, que de Jean Grey y, sobre todo, de Ilyanna Rasputín, con quien Hotaru guarda varias similitudes, no tenía la menor idea.

 Bien, Hotaru es un personaje misterioso que está llamado a volar el mundo por los aires en cuanto se la encienda de la mecha, y que, a diferencia de lo corriente en el anime, era una chica, una niña. ¿Qué más? A las capturas —que he tomado yo, por cierto, no es que son robadas, ja— me remito. 

 Hotaru es el personaje más «lindo» de Sailor Moon. Pero el calificativo no expresa todo lo que refiere la palabra cuando alude a Hotaru, que ciertamente, y con permiso de los fans de Michiru, es el personaje más bonito del anime de Sailor Moon, y hago hincapié en que hablo del anime, porque en el manga el diseño preciosista alcanzaba a todos los personajes. «Lindo» en relación a Hotaru se debe pensar como parte de un concepto que llegaría al mundo otaku con el final de los noventas, con el mundo de la red integrado a nuestras vidas. Hotaru es un personaje que además de ser bonito causa ternura, tal como ocurre cuando te topas con un cachorrito, o si tuvieras la suerte un gnomo, es decir, Hotaru es un personaje «moe».

 Lo anterior, según una de las dos teorías que circulan por la red, tendría consecuencias para el anime. Hotaru sería el primer exponente, o un primer bosquejo, de los personajes que habrían de invadir la animación japonesa, según muchos como una peste de gremlins, con la llegada del nuevo siglo, los personajes «moe». Es tal, según esgrime esta teoría, la relevancia de Hotaru para estos personajes, que el vocablo estaría tomado de su apellido, «Tomoe», a razón de en Hotaru se expresaba lo que caracteriza, en una primera aproximación, a los «moekko»: una niña o una chica de aspecto infantil diseñada de un modo empalogoso para los ojos y que es presentada como vulnerable y algo torpe, que en Hotaru era consecuencia de su frágil salud.

 Los que conocen Sailor Moon a lo mejor se preguntarán: ¿y por qué Hotaru y no Chibi Usagi como primer exponente de lo «moe», que la niña de coletas rosas no carece de momentos de ternura? Para mí está claro: la futura hija de Usagi fue un personaje bastante odiado en su momento, dado lo repelente que podía resultar (pobre chiquilla, ja) y dado el protagonismo, insoportable en «Super S», que Naoko Takeuchi le brindó. Chibi Usagi lo tuvo difícil para generar en los espectadores el afecto que naturalmente causaba Hotaru. Además, su diseño no era tan «preciosista». Chibi Usagi encontraría su, digamos, evolución a «moe» en Chibi Chibi (ja, qué risa me da escribir todo esto), la niña pequeña que, no especifico quién es para no destripar, aparece en la saga de las «Sailor Stars». Pero para ser justos, Chibi Chibi tampoco cuadra como «moekko». Tanto ella como Chibi Usagi diría que son personajes «kawaii», personajes bonitos y encantadores, pero que no motivan en el espectador lo que comentaré después de la captura.

 Hotaru, con cinco o seis años, en un flashback de su padre, el profesor TomoeLas imágenes que pasan con estos recuerdos, y que contaban de la pequeña Hotaru en los días felices con su papá, son una poderosa expresión de lo que es el «moe», pues el profesor Tomoe que llevaba sobre sus espaldas a una Hotaru dormida con su globo es una imagen bellísima que deshacía de lo tierna y dulce y con la que el espectador pudo proyectar su propio afecto por Hotaru. Esto es importante, pues el personaje «moe» no se entiende sin las sensaciones de ternura —un sentimiento ingenuo y poético que no tiene que ver con ciertos géneros discutidos del mundo manga— que motiva en el otaku.  

 Insisto que hablo desde mi experiencia y queriendo comprender por qué la relación del apellido de Hotaru con el término «moe». No estoy diciendo que esto «fue así». Hotaru a grupa de su padre es una escena que me marcó hondamente en lo afectivo. Casi que diría que este blog es una recreación de esa imagen, y por tanto, cuando supe que Hotaru era considerada un antecedente del «moe», no me extrañó para nada y me mostré inmediatamente de acuerdo con la teoría, ja.

 Bien, Hotaru como origen de lo «moe» es una teoría; hay otra, que habla de que «moe» viene de «moeru», que quiere decir «enardecer», en el sentido de la pasión que los «moekko» causan en el otaku. El concepto de lo «moe» no se agota en los personajes como Hotaru, sino que hay variedad de tipos de «moe» que no responden a los rasgos dulces y tiernos de la preciosa Saturn, y esto parecería que da mayor validez a la segunda teoría. Pero el asunto todavía se discute. Lindo debate para un foro. Por mi parte, en todo caso, adhiero con toda fe y fervor a la teoría de que los personajes «moe» están inspirados en Hotaru, ja, y particularmente en la Hotaru del anime.

 ¿Por qué el anime? Porque el anime dedicó más tiempo a la vida diaria de los personajes. El anime abunda con episodios cotidianos de Hotaru que hacían que no fuera sencillo no tomar afecto por esa niña que a cada nuevo episodio te la presentaban por demás mona, dulce, tierna y vulnerable, y que por un lado era el objetivo de las armas de Neptune, Uranus y Plut y por el otro el objeto de protección y cariño de Usagi y Chibi Usagi. Y todo esto en un marco bastante menos oscuro que el manga. El anime, pues, potenció los rasgos «moekko» de Hotaru, tanto que ciertamente terminó por definirlos.

 Por cierto, qué hermosa palabra «moekko», no me cansaría de usarla para referir a Hotaru. En otras palabras: «Hotaru es un personaje moekko» se oye genial, ja.   

 Volvamos con la cuestión heroica de Hotaru. ¿Cómo que volvamos? ¿Este tocho y no doy punto y final? No, me debía la entrada para Hotaru, así que me despacharé a gusto. De aquí en adelante habrá spoilers de «Sailor Moon S». Pero antes un enlance a la hermosa canción que es usada cuando Hotaru da indicios de «la Sailor de la Destrucción». Otra particularidad, de las tantas, que hicieron de Hotaru-chan un personaje tan adorable.

hotaru 24

 Llegamos al desenlace de la saga de los Death Busters. Dama 9, que había incubado en el cuerpo de Hotaru, despierta gracias al Cristal de Corazón Puro de Chibi Usagi; esto posibilita que su maestro, Pharaon 90, una suerte de Galactus que proviene del sistema Tau, marche hacia la Tierra. Las sailor estaban derrotadas; quedaba en pie Usagi, que se negaba a luchar con Dama 9 por temor a dañar a Hotaru, a quien todavía creía con vida. La destrucción de la Tierra, o más bien, de acuerdo al plan de Pharaon 90, el exterminio de toda las especies para la posterior colonización del planeta, era inevitable.

 Pero entonces Dama 9, que es la belleza de la captura, cae por violentos espasmos; la pequeña Hotaru, dormida en su interior, pugnaba por liberarse. Lo logra. Dama 9 estalla y desaparece. Usagi llora, cree haber perdido a Hotaru y también se lamenta por lo que espera a la Tierra, con Pharaon 90 a un paso de llegar; Neptune y Uranus, atadas a un muro, recriminan a Usagi su, según ellas, debilidad, pues por querer proteger a Hotaru había permitido que Dama 9 despertarse, lo que había abierto el camino para Pharaon 90, y a su vez por no querer destruir a Dama 9 por la esperanza de recuperar a Hotaru, lograba que la aparición de Sailor Saturn, el objeto primario de sus temores, fuera inminente.

 Un embrollo, ¿no? En Sailor Moon Crystal, por lo que estoy viendo, la trama es menos confusa, y se puede entender claramente por qué el temor de Neptune, Uranus y Plut por Sailor Saturn. Pero quedémonos con la vieja y querida «Super S» y quedémenos con que las Outer Senshi (las sailor de los planetas exteriores, las otras son las Inner Senshi) pudieron haber malinterpretado la profecía que hablaba del despertar de la «Sailor de la Destrucción».  

 La próxima escena nos lleva al departamento de Mamoru, que cuida de Chibi Usagi, en coma desde que Dama 9 le arrebató el Cristal de Corazón Puro. Los acompañan los gatos del Milenio de Plata; Luna y Artemis. Una sailor aparece como un espíritu; tiene el aspecto de una joven de 16 o 17 años, y entre sus manos brilla un cristal. La joven, a unos centímetros del piso y siempre etérea, suelta el cristal hacia el pecho de Chibi Usagi, y se despide con un «gracias, amiga».

 Usagi, Neptune y Uranus, estaban rendidas ante la calamidad. El sitio donde se encuentran, el instituto Mugen, es sacudido por temblores; el cielo, rojo, atravesado por rayos y vientos que manan de la colosal esfera de energía de la que va irrumpiendo, terrible, Pharaon 90. Usagi, continúa de rodillas y con las manos en el suelo, con la cabeza gacha, los ojos anegados y ausentes; entonces oye una voz, que con reposada y dulce musicalidad, la llama diciendo: «Sailor Moon».

 Usagi mira hacia los escombros de los que le llegó su nombre; una bellísima música de violín, no oída hasta entonces en la serie, recibe a la desconocida sailor scout que surge de la nada y se para sobre la punta del escombro que se recortaba a cierta altura del suelo. Neptune profiere un monótono «Sailor Saturn»; Uranus observa, ambas están exhaustas y heridas. Usagi mira con asombro a la joven, y pregunta: «¿Hotaru?».

 La sailor dice que «no», que lo lamenta, que ya no es Hotaru, y que es la única que puede salvar el mundo «del silencio». La joven entonces profiere una frase que para el fan es inolvidable. Pensar en Sailor Saturn es rememorar las siguientes palabras y el violín que se oía de fondo.

 «Todos me llaman la Sailor de la Destrucción, y es porque tengo la capacidad para destruir un planeta completo. Sin embargo, cuando use ese poder, moriré.»

 Con esas palabras, y una última y lánguida nota del violín, dando el adiós a Usagi, que en vano procura detenerla, Sailor Saturn conjura la terrible Hoz del Silencio, y con un movimiento no menos recordado que sus anteriores palabras, un salto mortal hacia atrás que resultó por demás épico, Hotaru, o quien había sido la pequeña Hotaru, se arroja al núcleo de Pharaon 90 para batallar con él.

 Usagi rompe en llantos, y entra a golpear el suelo mientras grita, desesperada de impotencia, las palabras rituales que usaba para la transformación en Super Sailor Moon. La transformación, dado que la Copa Lunar no podía volver a ser invocada, era imposible. Pero Usagi, bajo la mirada atravesada de dolor y compasión de Uranus y Neptune, no ceja en sus intentos. El núcleo de Pharaon 90, mientras, es sacudido por explosiones; tan grande es el poder de Sailor Saturn.

 Pensemos que la irrupción de Pharaon 90 implicó la presencia de una entidad de poder cósmico en el mundo de Sailor Moon. Las sailor jamás habían enfrentado a un enemigo de tal envergadura. Cuando Hotaru cuenta a Usagi acerca de lo que iba a hacer, dice que Super Sailor Moon podría derrotar a Pharaon 90, pero como Usagi no podía disponer de la Copa Lunar, concluye Saturn, la única opción, y la debida, porque aduce que acabar con Pharaon 90 es su deber, era ella. Con Sailor Saturn, pues, tenemos un personaje que marca un abismo de poder sobre sus pares. ¡Grande, Hotaru! Ja.

 Saturno/Cronos era el dios que precedió a Zeus/Júpiter como el señor del universo en la mitología grecolatina después de que derrocara, tal como luego habría de hacer su hijo con él, a su padre Urano, gracias a la hoz que le había dado su madre, Gea. Saturno era un titán, una fuerza anterior a los dioses del Olimpo con un poder de devastación de tal magnitud que Zeus solo pudo derrotar con la ayuda de un ejército de titanes y de sus hermanos, armados con armas pensadas para esa guerra, y que luego de depuesto permanece cautivo en el Tártaro, la prisión que se erige en el Inframundo. Tenemos entonces que el papel de Sailor Saturn en el universo de Sailor Moon encuentra justificación en los mismos mitos que fundamentan la serie. Sailor Saturn es algo así como una fuerza arcana del Milenio de Plata que ha de ser desatada, es decir que Saturn no aparece sin más como las otras sailors, para que pueda obrar con su imparable Hoz del Silencio. La hoz, por cierto, es símbolo del aspecto destructivo que oculta la «diosa luna». Que Gea haya dado a su hijo Cronos una hoz para derrotar a Urano, en términos mitopoéticos, no resulta de una mera ocurrencia. Recomiendo al respecto «La Diosa Blanca» de Robert Graves. Naoko Takeuchi, en fin, estuvo genial con la trama de Hotaru.

 ¿Y por qué era deber de Sailor Saturn el vencer a Pharaon 90? ¿Por qué no el de Usagi con la Copa Lunar? Pues, porque, opino, la Copa Lunar estaba destinada para brindar luz, esperanza y vida. No se trataba de un artefacto para la guerra. La misión de Sailor Saturn, por el contrario, era la destrucción, y por esto su arma era la funesta hoz de la parca. Pero como decía párrafos atrás, el papel de Sailor Saturn, por lo que estoy viendo en Crystal, para comprenderlo acabadamente requiere el manga (o bien, hoy, por fin, Crystal). Sailor Saturn, y dejo esto en el aire, al parecer guarda un paralelo con la Fuerza Fénix de los X-Men; es destrucción, y también renacimiento. Pero ahí lo dejo.

usagi-saturn

 Usagi, por fin, prodiga el milagro. El Cristal de Corazón Puro brota de su pecho, y nuestra heroína se levanta como Super Sailor Moon. Dejando lágrimas a su paso, y como en sueños, pues parecía hallarse bajo un trance extático, Usagi vuela hacia Pharaon 90.

 Usagi se adentra en el núcleo, y Pharaon 90 explota. El sol brilla sobre el mar, y del cielo mana una estela de centellas que va adquiriendo la forma de mariposas. Éstas bajan al suelo, y entonces se oyen las dulces notas del tema principal de la serie, que Usagi solía escuchar a través de su medallero en momentos de melancolía, y que recuerda a la canción de una cajita de música. Las mariposas se desvanecen, y vemos a Sailor Moon.

 Esta escena selló para siempre mi pasión por Hotaru. La «cajita de música de Usagi» no podía dar un sentido más dramático y heroico a esa gloriosa Sailor Moon que emerge como en trance de la batalla, agobiada por la pena y con un bebé en brazos que indudablemente era Hotaru. Uno de mis momentos preferidos con el anime. Es bello, épico, triste, y transmite esperanza. Lo tiene todo para un hermoso cuadro.

 ¿Pero qué ocurrió durante la intervención de Sailor Moon en la batalla con Pharaon 90? Considerando lo que mostró el anime, tenemos dos interpretaciones. Una, que Sailor Moon fue quien logró destruir a Pharaon 90. Esto, dado que Usagi interviene y la batalla concluye tiene su asidero; más todavía si pensamos en que la que derrotaba siempre al enemigo más poderoso era Sailor Moon. 

 Y la otra, naturalmente, que fue Sailor Saturn quien acabó con Pharaon 90. Por mi parte, y no creo que sorprenda, pienso que fue Hotaru la que venció a la ominosa entidad del sistema Tau. Por supuesto, se puede pensar además que ambas sailors, con sus poderes unidos, doblegaron al enemigo. Pero creo que es más «lindo» pensar que Sailor Saturn fue quien derrotó a Pharaon 90, que al fin de cuentas la sailor despertó para ello y se mostró confiada de poder hacerlo, y ahora explicaré por qué.

 Usagi y la bebé Hotaru. La clave es esta imagen. Lo que obra el milagro para que Usagi pueda transformarse en Sailor Moon es la impotencia de la sailor por saber que Sailor Saturn se sacrificará para salvar a la Tierra. Para ella, la poderosa Saturn seguía siendo la pequeña Hotaru, la mejor amiga de su hija venida del futuro, Chibi Usagi; dada la bondad que le manaba irreprimible, Usagi no hubiera soportado que mujeres duras como Neptune y Uranus dieran sus vidas en batalla, mucho menos iba a tolerar que una niña ofreciera la suya.

 Usagi, pues, cuando arremetió hacia Pharaon 90, no lo hizo pensando en la Tierra, lo hizo por Hotaru. Por esto, pienso resulta más poético, y condice más con el carácter del personaje, pensar que Sailor Moon no derrotó a Pharaon 90, sino que salvó a Hotaru; en verdad, que obró el milagro de que Saturn renaciera, pues Hotaru debió haber muerto en cuanto liberó su poder para destruir a Pharaon 90. Sailor Moon derrotó, y habría de derrotar, a muchos poderosos enemigos. Pero en la saga de los Death Busters creo que es lindo pensar que su heroicidad residió «simplemente» en rescatar de la muerte a una niña, en darle la oportunidad de una nueva vida.

 Por fin. Es todo. Espero haber podido dar una idea de por qué me gusta tanto Hotaru. Un personaje que expresa un punto de vista cándido de la vida y que te puede exponer a sentimientos que considero positivos. Hotaru es de esos personajes que te hace decir: «eh, quiero vivir su mundo». Como dijo Borges sobre Huck Finn, el inolvidable personaje de Mark Twain: «hay personajes que la literatura nos dio como amigos». Bueno, no voy a decir que Naoko Takeuchi me dio a Hotaru por amiga; en el anime diría que mis «amigos» son los rebeldes Robotech de la saga Mospeada. Pero sí puedo decir que de poder habitar el mundo de Sailor Moon, quisiera ser amigo de Hotaru-chan; por supuesto, con su misma edad. Conocerla del colegio estaría bien. Parafraseando las palabras de Usagi que cierran la saga del Negaverso: «amaría poder vivir esa vida».

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