Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 76

Sakigami

 Ëlen jugaba con las muñecas en la cama del dosel de Silky. Con el permiso de Kero, se divertían haciendo burbujas con Nuregami, la carta de agua. La pequeña las conjuraba con el bastón y las muñecas a los saltos peleaban por hacerlas estallar sobre sus hermanas en un rocío iridiscente que les llenaba de ilusión los ojos y las cosquilleaba agradablemente. Tomoyo, mientras daba las últimas puntadas al nuevo trajecito para Ëlen, las observaba con una sonrisa y con muchas ganas de participar de la gritería de las pequeñas. Al fin y al cabo, por más madura que se comportara, era un muñeca que representaba a una niña de diez años y como tal, jugaría encantada con ellas.

 Kero, en tanto, mientras saboreaba una cucharita con restos de dulce de frambuesa y ajeno al alboroto que llegaba del dosel, cavilaba sobre lo que podría estar tramando el Espantapájaros. Temía que buscara que Ëlen reuniera las doce cartas de Silky para que con ello apareciera la poderosa carta de… Pero las elucubraciones del peluche fueron interrumpidas por una armonía de tonos agudos y solemnes que languidecía desde alguna parte de la casa; lo sobrecogedor del sonido calló a las niñas. Si no paraba, la imaginación no tardaría en jugarles algún susto en la forma de alguna aparición fantasmagórica. Kero sabía que se trataba de una carta. Llamó a Ëlen, que acudió con premura, aunque no por solicita y obediente sino más bien porque estaba ya que se escondía bajo las sábanas como habían hecho Rocío, Luciérnaga y Mariposa; apenado por verla así de apichonada, dijo:

 -No temas, pequeña. Esto que escuchas es la música de un shō…

 Tomoyo sonrió dulcemente al ver el cambio de expresión en Ëlen. La niña, entendió, sentía fascinación por la música y el solo pensar en ella la confortaba. Con los ojos bien abiertos, y mientras las muñecas, expectantes, asomaron las cabezas de las sábanas, Ëlen preguntó:

 -¿Un shō? ¡Qué nombre raro! ¿Qué es?

 La niña llevó las manos hacia las orejas, con estas apantalladas, cerró los ojos y buscó escuchar con atención. Kero sonrió divertido, Tomoyo suspiró de ternura. Con desconcierto y gravedad, Ëlen comentó:

 -No se parece a una flauta ni a una ocarina… ¿Qué es?

 El peluche encontró intrigante el que una niña de seis años tuviera tal sensibilidad para la música. Sabía que podía tocar el arpa y ahora comprendía que se podía dar maña con la flauta y la ocarina. Tampoco había escapado a su curiosidad lo cantarina que en ocasiones de alegría se oía su voz y risa. No dudaba ya que la pequeña provenía de la tierra de Silky, y empezaba a preguntarse si el medallón dedicado a Anor, el sol entre los elfos, que llevaba y que recordaba al de Silky, dedicado a Vána, en alguna manera no ligaba a las niñas… Pero el peluche hizo a un lado estos pensamientos y, después de rascarse la cabeza en gesto de incordio, pues no se le ocurría como describir el shō a la niña, contestó:

 -Es un instrumento como una flauta de pan, de viento…

 -¡Qué lindo! ¡Yo sé tocar la flauta de pan!

 Kero sonrió complaciente y continuó:

 -Pero en verdad no es como una flauta de pan, el shō se sopla a través de una boquilla y está compuesto por tubos de bambú bien apretados en forma de…

 -¿Bambú? ¿Como el árbol del cuento de la princesa Kaguya?

 -Ese mismo. En el mundo del que, bueno, digamos provienen las cartas de Silky, muchas cosas están construidas a partir de las cañas del Bambú. Una de ellas es el shō, que ahora mismo una carta, sin dudas que Sakigami, está tocando…

 -¿Sakigami?

 -Sí, pronto lo conocerás. Aunque su poder se vale de un instrumento musical, es una carta floral, la carta del cerezo, y te está llamando. Mira, este reguero de pétalos que acaba de materializar la música del shō nos conducirá hacia él. ¿Estás lista?

 Los chillidos de las muñecas, que saltaron enardecidas de debajo las sábanas para ponerse en pie de guerra, y la firme y decidida, aunque siempre dulce y amable voz de Tomoyo, advirtieron al peluche que Ëlen no iría por Sakigami hasta que no vistiera las nuevas ropas de Cazadora de Cartas. Con Kero yendo a parte para desquitarse con más dulce de frambuesa, las muñecas, pues, se pusieron a vestir, dichosas y parlanchinas, a la niña.

 Ëlen, de pie ante el espejo oval de la habitación, y con Luciérnaga, Mariposa y Rocío mirándola arrobadas sentadas sobre el borde de la cama, exultaba con su nuevo trajecito estirando de los extremos la falda mientras ladeaba cándida la cadera y el cuello, como hace toda niña cuando luce un vestido. Tomoyo, a grupa de Kero, revoloteaba alrededor buscando cuidar que ningún descuido estropeara el disfraz que había confeccionado para la pequeña y que consistía en un vestido rosa adornado con una capita color crema y una enagua lavanda que caía bajo la falda, guantes y medias amarillo claro, zapatos rojos y una boina rosa ajustada sobre la base de la cabeza.

 Kero al ver a la niña meneó la cabeza risueño. Los vestidos para Ëlen eran cada vez más sofisticados, temió que para la próxima la quisieran disfrazar, y pintar y ornar, como a una princesita de Kamiki. Después de felicitar sinceramente a Tomoyo por su arte para la costura, a las muñecas por su dedicación y esmero para vestir a la niña (lo primero que se le ocurrió, dejarlas sin un cumplido les habría ocasionado una rabieta) y a Ëlen por lo hermosa que estaba, preguntó:

 -Bien, pequeña. ¿Quieres usar a Kazegami?

 La niña asintió feliz, y conjuró la carta de viento, naturalmente su carta favorita, pues le permitía volar como una brujita de cuentos, y, bajo la algarabía de las muñecas, montó sobre el bastón para ir en busca de Sakigami. No imaginaba, tampoco Kero, que iba tras ella con Tomoyo a caballito, la maravilla que le depararía la carta.


 * Este el trajecito para Ëlen, se lo puede ver en el cap. 23 de Sakura Card Captors. Y aquí podrán escuchar el shō.

* Sakigami, es otro celestial de Okami, pero, supongo, je, lo describiré en él en el próximo capítulo.

 * Y les recuerdo que estas son las tres muñecas: Luciérnaga en el Jarro de las Campanillas Blancas, Rocío que despierta las Hortensias y Mariposa entre los Girasoles de la Tarde. Las tres representan a niñas de 4 o 5 años.

       

*Y esta es Tomoyo. Recuerden que ella transmite la caza de cartas de Ëlen a través de una varita mágica, que pone sobre su ojo cual cámara, ja, que llega a la bola de cristal que tienen las muñecas.

tomoyo sakura muñeca

  

 

  

 

            

 

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3 comentarios en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 76

  1. Hola, tocayo
    Leí un comentario tuyo en el blog «Viajar Leyendo 451», sobre la serie de libro juegos «Elige tu propia aventura», dónde mencionaste aquella saga de Siglo Suertudo (la del «Que farfullas, Capitán Phips!»).
    Si recordás el nombre de esa serie alterna a «Elige tu propia aventura», te lo agradecería muchísimo.
    Abrazo y saludos.

    • Hola, Pablo. La verdad no me acuerdo. De lo que estoy seguro es que, a diferencia de los otros, que tenían tapas blancas, estos tenían tapas rojas. Si googleas encuentras que hay una edición roja de Timun Mas, pero ni idea de si es lo que yo leí.

      Me alegra saber de alguien más que conoce al gran Siglo Suertudo. Salu2.

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