Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 58

La Niña Zorro

 Silky miraba divertida a Eiko. Estaba satisfecha por verla asustada con su teatral aparición, si bien no la complacía el que haya sido su rostro descubierto y no la máscara del Kitsune lo que puso blanca a la niña. Pero como esta no conocía las historias de la terrible Niña Zorro, comprendió que no podría haber sido de otro modo, pues la máscara le otorgaba una apariencia de hada, algo maligna, pero de hada al fin, y sabía que causaría embeleso a la chiquilla. Entonces observó que la niña estaba abrazada a un pequeño peluche. El rostro se le iluminó fugazmente. ¡Era Mogu! Pero, una sombra de celos veló su felicidad. ¿Por qué tenía a Mogu?  

 Temblorosa, alejó la mano de la máscara, que permaneció de perfil asida a lo largo de su sien, y la llevó hacia la espalda. Aferró con fuerza el mango de la espadita de bambú y,  bajo el grito implorante de Mei Ling, se arrojó del cerezo hacia la Principita. La pequeña, con Mogu en brazos, echó a correr a los gritos. Silky iba tras ella, con la diestra siempre en el mango de la espada. Le habría sido sencillo asestar un sablazo a la niña, pero, entendió la abeja, que desesperaba por calmarla, Silky estaba corriendo por su peluche como habría hecho una niña cualquiera habituada a no compartir sus juguetes. La mano en la espada era cosa de de las ganas de jugar con ella, no una amenaza que quisiera concretar. Pero si no la detenía pronto, podría lastimar sin querer a Eiko.

 La Principita corría por el empedrado en dirección a la espesura de cerezos llorosos que apretujaba el sendero. Pero Silky de un salto le bloqueó el paso. Con un rápido movimiento, la niña desenvainó y terminante dijo:

 -Dame a Mogu. Es mía.

 Eiko dio unos pasitos hacia atrás mientras, llorosa, negaba repetidas veces con la cabeza. Estrechó a Mogu con fuerzas y, después de chillar con rotundidad que no, salió disparando en dirección contraria. Silky envainó airada, y con la mano en el mango, se dispuso a saltar sobre la niña. En esta ocasión no sería tan amable. Pero Mei Ling se puso delante de ella, revoloteando a la altura de sus ojos, y dijo con firme dulzura :

 -Basta ya, Brujita. Tenemos que hablar.

 La vocecita de Mei Ling anegó de recuerdos los ojos de Silky. Hacía tiempo que no la oía, hacía tiempo que no oía su cariñoso Brujita. La niña extendió temblorosa el índice hacia la abeja, y dejo que esta se posara. Ambas lloraron. Pero entonces Silky advirtió que la Principita se escondía entre los rododendros, aquellos a los que llegaba, lánguido, el sol. Los ojos le fogonearon entre feroces y divertidos cuando vio que la pequeña extraía de la mochila un tirachinas, su tirachinas. Mei Ling exclamó:

 -¡No, Silky!

 La niña, con una sonrisa, apoyó la barbilla sobre la palma y de un soplido mandó lejos a la abeja. Entonces se acomodó la máscara y con la mano en el mango de la espadita y, dejando tras sí una risa clara corrió por Eiko.

 La Principita cargó el tirachinas con una nuez de kupo. No dejaría que esa niña mala le robara a Mogu, que asomaba bajo su chaqueta. Entre sollozos, esperó. Pasó un ratito. Unos cerezos le cayeron sobre los cabellos, alguno rodó por su rostro. Sintió cosquillas en las orejas y el cuello. Río bajito. Las cosquillas no cesaron. Entrevió que una gruesa línea de hebras celestes la estaba rozando. Olían dulces, a perfume de muñecas, pensó. Alzó la cabeza para ver de qué se trataba, y enmudeció. Colgando de una rama con los pies, con los brazos cruzados y los cabellos que le caían al suelo, la sorprendió Silky, que la acechaba divertida parada de al revés.

 -Dame a Mogu, mocosa. Es mía.

 Eiko se movió hacia un costado. Antes de que se levantara y echara a correr, Silky advirtió:

 -Si te mueves, te daré con la espada. Es de bambú. Como te de en la cabeza, te dejará un chichón enorme. Tú eliges.

 La pequeña se quedó quieta. Empezó a temblar, luego a lloriquear.

 -Perfecto. Ahora dame a Mogu y te dejaré ir.

 -No quiero. ¡Es mía!

 -¡Jo, jo! Eso lo dices porque no sabes de la señora del Bosque  de los Cerezos, de la terrible Niña Zorro, del Kitsune. O sea, yo. Pero ahora sabrás…

 Mientras, Mei Ling volaba rauda hacia las niñas. El Bonta, a los gritos, le preguntó qué hacía Silky. La abeja respondió:

 -Está peleando a la Principita por su peluche. ¡Oh, el sol por fin está dando sobre Eiko! Bonta…

 Silky se descolgó del árbol con una pirueta imposible, que causó admiración a Eiko. La pequeña tenía tensado el tirachinas. Esto divirtió a Silky, que decidió jugar un poco con la niña.

 -Tengo que reconocer que tienes agallas. Esto está bien, porque no me gustaría que una niña llorona vistiera mis ropas y mi bandana y usara mi tirachinas.

 Entre moqueos, la pequeña exclamó:

 -¡Yo no soy una niña llorona!

 -Oh, claro, claro. Bien. Por última vez, dame a Mogu. ¿O quieres que te la quite por las malas?

 La Principita miró hacia los costados. Estaba cercada por los arbustos. Gimoteando, llamó a Mei Ling. Silky, jocosa, comentó:

 -No debes quitar la vista de tu enemigo, mocosa, y menos cuando apuntas con el tirachinas. Mei Ling ahí llega, pero no te podrá ayudar.

 Silky entonces, y con la abeja que le rogó que se detuviera, desenvainó la espadita de bambú y la descargó como el rayo hacia la Principita. La pequeña cerró los ojos y gritó. La nuez de kupo salió disparada del tirachinas, lejos de Silky. Esta esbozó una sonrisa. Con suma habilidad, contuvo el golpe antes de que tocara la nariz de la pequeña, y se dispuso a tomar a Mogu. Pero entonces la sorprendió un fulgor carmesí, que manó de la chaqueta de la Principita como los rayos del sol. Silky retrocedió unos pasos, aturdida. De bruces entre los pétalos de cerezo, con la espada que había rodado a un costado y con lágrimas que le corrieron bajo la máscara, murmuró:

 -Mogu…

Ep Sig:

kitsune
*Les recuerdo que Silky tiene 11 años y que es un personaje del anime I’m gonna be an angel (allí tiene 16). La imagen corresponde a un juego sin relación alguna.

2 comentarios en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 58

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