Una Mary Sue en Drácula

 Cuando leí por primera vez ese nombre creí que refería a una de las novias de Spiderman. De hecho, si mal no recuerdo, fue en algún sitio sobre comics donde supe de Mary Sue. Pero no. El término se origina en los fanfics de Star Trek. Parece que una autora, harta de las historias en las que los fans de la serie introducían sus personajes que rivalizaban con un Spock, decide parodiarlas con una jovencísima teniente, todo un cúmulo de virtudes, a la que llamó Mary Sue.

 Por lo que he leído las Mary Sue —o su versión masculina, Gary Stu— son odiadas. No me extraña. Escribir fanfics y evitar introducirse como una Mary Sue debe ser difícil, tanto como abordar sin excesos a los personajes que admiramos. Por ejemplo, si se me diese por escribir una continuación de Drácula y no destacase a Mina Harker, mejor escribo otra cosa, pero claro, Mina en Drácula es casi una Mary Sue. No tendría sentido otorgarle más perfecciones.

Winona Ryder en el papel de Mina Harker en Drácula

   

  Winona Ryder en el papel de Mina, en la película de los noventas. Desde la apariencia, fue mi perfecta Mina. Winona era tal cual imaginaba a la señorita Murray.

 «Hay oscuridades en la vida, y también hay luces; usted es una de las luces.»

 Estas palabras son las primeras de las muchas que Van Helsing dedicará a Mina. Desde que la conoce, el doctor nos recordará siempre que pueda lo maravilloso de la persona de la señora Harker, y hasta la aparición de Helsing en la trama, es la misma Mina quien a través de su diario nos cautiva. Mina, lo inferimos, o lo soñamos, es bonita; sabemos que no una belleza como Lucy Westenra, pero esto nos la hace más terrena y querible. Zanjada su apariencia, tenemos el testimonio de su alma, su diario. Mina se nota inteligente, cándida, dueña de virtudes para el bien. Su voz sin dudas que sería dulcísima y además —acá puede que me lo esté inventando— se describe de la mano con niños de jardín. Era, pues, también maestra. Una hija de los ideales del siglo diescinueve en toda su expresión

 Dentro de aquel grupo de héroes inolvidables, Harker encarnaba al héroe clásico, al igual que Quencey y Arthur. Seward y, en especial Helsing, al sabio. Mina, por su parte, era el corazón, la fuerza vital y moral del grupo, su inspiración y, llegado el momento, una preparación para las Mary Sue, pues Stoker la acorazaría con más virtudes. Cuando se discute sobre el paradero del conde, Helsing sugiere a Mina que les diga lo que pensaba. Mina recurre a la criminología y con una exposición brillante concluye que Drácula regresaba a Transilvanya. Van Helsing canta por enésima vez las «alabanzas a Mina» y dice que estaba en lo correcto. Dado el personaje del doctor, la participación de Mina se nos podría antojar cosa del capricho, que no se trataba de una consecuencia narrativa esperable. Pero no, todo lo contrario. Mina había aprendido mucho sobre Drácula; era además inteligente, minuciosa y laboriosa. Helsing no dejaba de hablarnos de esas virtudes y quiso que Mina las luciera. Recuerdo que exulté de la emoción. Mina era una suerte de iniciada de Van Helsing.

 Bien, no habiendo más virtudes terrestres que Mina pudiese ostentar, ¿qué le restaba? La piedad. Drácula condena al destino de un nosferatu a Mina, Jonhatan le desea la muerte y el infierno. ¿Qué dice Mina? «Que tengamos misericordia por esa alma atormentada». La escena concluye con el grupo que llora en silencio. Muchas páginas después, ya en el final, leemos en el diario de Mina:

 «El sol se encontraba justo encima de la cresta de la montaña, y los rayos rojos caían sobre mi rostro, bañándolo de una luz rosada.»

  Quincey señala en su dirección y exclama:

  «¡Loado sea Dios porque todo esto no haya sido en vano! ¡Vean! ¡Ni la misma nieve es más pura que su frente! ¡La maldición ha desaparecido!»

 Esas palabras poco menos que beatifican a Mina. No obstante sus perfecciones, no creo que pueda reducirse el personaje a una Mary Sue. Stoker nos estaba diciendo que Drácula, que significa “demonio”, no podía ser vencido con conocimiento y fuerza, con ajo y estaca, sino que se precisaba de su contraparte luminosa. Helsing, en este sentido, afirmaba que la lucha contra Drácula era una lucha contra al demonio, que se trataba de batallar a la oscuridad con luz. Mina era el agente del bien. Ella debió atravesar el infierno, cuando el conde la tacha con su maldición, para emerger victoriosa y consagrada. Mina entonces, ¿es una Mary Sue? No. Mina es simplemente de esos personajes que alumbra los pensamientos. Leerla en su diario es un tesoro, en expresión de Borges, que nos guarda la literatura.

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