Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 43

El teatrillo de títeres

 La Principita entró a la caverna donde Fenris la había dejado. Mei Ling, después de unas palabras con el Bonta, donde advertía al peluche que podrían perder la comunicación por un tiempo, alcanzó a la niña, que temerosa por la cerrada oscuridad había pegado la vuelta. La pequeña echó a reír, admirada por la diminuta varita que le alumbraba el rostro. La abeja voló en un círculo y exclamó alegremente:

 -¿No soy como una hadita?

 La niña, encantada por el trazo de la abeja con la varita, que había pasado a sus ojos como una estrella fugaz, respondió que sí. Luego acercó la cabeza a la abeja, observó con detenimiento el artilugio, y preguntó:

 -¿Qué es lo que parpadea? Parece una luciérnaga.

 -Así es, Principita. Es una luciérnaga.

 -¿Y la convertiste en piedra? Pobre luciérnaga. Eso no se hace.

 -¡Jo, jo! No, observa lo diminuta que es. Las luciérnagas son mucho más grandes.

 -¿Y entonces qué es?

 -Pues, una piedra con forma de luciérnaga, hecha por Silky a partir de una porción de luz de luciérnaga. No me preguntes cómo. Es cosa de magia. Fue un regalo de la niña para mí, para que tuviera lumbre por las noches.

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