Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 51

La Carta

 Vivi observaba en silencio al Bonta, con la tea de los ojos temblorosa. Había pasado un largo rato del último contacto con Eiko. El peluche le había dicho que no tenía de qué preocuparse, que sabía dónde podía estar la niña, y que pronto tendrían noticias de ella. Pero que el peluche estuviera mascando nervioso de su puro y caminando de aquí para allá avivaba sus dudas, más todavía cuando insistía a Mei Ling 2, que reposaba distraída en la mesa, con la pregunta:

-¿Nada?

 La abeja, no obstante, con su acostumbrada simpatía, daba al mago alguna tranquilidad.

 -Oye, Bonta, sabes que cuando Mei Ling pueda contactar lo sabré. ¿Por qué mejor no preguntamos a Mei Ling 3 por Ëlen? ¿O es que tienes miedo de otra historia de Pulgarcita, ji?

 El peluche, de mala gana, y mirando la pesadumbre en los ojos de Vivi, respondió:

 -Rayos, hazlo. Necesito que el mago se distraiga un poco, o no lo tendré entero para lo que vendrá.

 La abeja voló hacia la oreja del peluche y contactó con su compañera, que en verdad era ella misma solo que en otro cuerpo y en la habitación de Silky. El Bonta preguntó:

 -¿Cómo va todo por ahí? ¿En qué anda la mocosa?

 La abeja, en un susurro y con la voz acuciada por la ansiedad, respondió:

 -Oh, Bonta, ¿a que no imaginas qué está por hacer en este preciso momento nuestra hermosa Pulgarcita?

 -No estamos para adivinanzas, Mei Ling. ¿Qué sucede?

 -La niña está parada a un costado de cierto libro, con la carita que le rebosa de curiosidad. Con mucho esfuerzo, de puntas de pie y los brazos estirados cuanto puede, está intentando levantar su tapa…

 -¡No! ¡Maldita sea! ¿Cómo cuernos llegó hasta allí? ¡Detenla!

 -No llegaré, me pilló por sorpresa. Creí que se había dormido.

 -¿Y las muñecas? ¿Por qué la dejaron acercarse? Tienen prohibido jugar con el libro.

 -Duermen como troncos, Bonta. Fue un día con demasiadas experiencias nuevas para ellas.

 Vivi, preocupado, preguntó:

 -¿Qué ocurre? ¿Ëlen está en peligro?

 El peluche, lacónico, respondió:

 -No.

 Luego añadió:

 -Pero habrá complicaciones. Como escapen todas las cartas…

 Las muñecas, rendidas por la tarde pasada con Pulgarcita, en la que se divirtieron jugando a la Princesa Kaguya, felices se fueron a dormir al dosel de la cama de Silky. La niña, desde la ventana de su casita de duende, y todavía con el vestido rosa y naranja de Kaguya, aunque sin el gracioso caparazón de bambú y tampoco con las cañas de antenas, las saludaba con alegría. Pasó un ratito, y Ëlen encontró que no tenía sueño. Tenía ante sí en la habitación de Silky, y dado su minúsculo aspecto como Pulgarcita, un país de juguetes todo para ella. Con emoción, pues, salió de su casita, que las muñecas habían puesto en la mesita de luz, y se sentó dentro del palanquín de Kaguya, que era una silla cerrada con ventana y portezuela, toda hecha de bambú y decorada con sedas y que era tirada a través de dos cañas por un conejo, naturalmente de un tamaño acorde a Pulgarcita, que vestía un amplio sombrero cónico. La niña asomó por la ventana del palanquín y preguntó al conejo, que por cierto, como casi todo en el castillo, era un muñeco, si podía llevarla de paseo. El muñeco, con una profunda reverencia, respondió que estaba a sus órdenes, y se puso en marcha. La niña rió divertida, y el palanquín se elevó de la mesita y marchó dejando tras sí un reguero de lucecitas que se esparcían fugaces.

 Y así, Ëlen, todavía como Pulgarcita y jugando a que era la Princesa Kaguya, en su hermoso palanquín tirado por un conejo, que corría ligero y jovial por el aire, de paseo por la habitación de Silky fue que dio con el libro que tanto preocupaba al Bonta. El libro se hallaba alto sobre un ropero, y la pequeña llegó a el porque ahí yacía tirada su arpa, el arpa de Anor. La niña la echaba de menos, extraña su música. La emocionaba además la idea de hacer música con ella brincando y columpiándose por sus cuerdas como un ratoncito travieso. También, a través de sus notas, quería enviar un mensaje a Eiko, decirle que la extrañaba y que la esperaba para jugar con las muñecas. Pero el libro que estaba a un costado, junto a un simpático y pequeño peluche amarillo de alitas blancas, y que pudo observar gracias a la lumbre que el conejo le daba con una farola de papel, llamó su atención. El libro era grueso, de cubiertas rojas y con el título escrito en dorado con los caracteres indescifrables comunes en el castillo. No tenía dibujos. Una niña de la edad de Ëlen no se habría fijado en un libro así, de tan serio y aburrido aspecto. Pero de las páginas manaba una poderosa magia que parecía estar llamándola.

 Ëlen, pues, curiosa, abrió la tapa del libro, que ante ella cayó pesada como una puerta. Como no llegaba a ver qué contenía la primer página, tan diminuta estaba como Pulgarcita, dio un rodeo y ascendió por la tapa. En las páginas había abierto un hondo rectángulo. Este, para sorpresa de la pequeña, contenía cartas. La niña, dispuesta a divertirse mirando los dibujos de la baraja, se sentó de rodillas ante el dorso de la primer carta y, después de un cierto esfuerzo, logró voltearla. Con el mismo estilo de acuarela que Eiko había conocido por Issun, la niña observó un hermoso caballo blanco con las patas delanteras levantadas y que estaba parado sobre un círculo carmesí, que a la niña recordó al sol. Tenía el cuerpo surcado por una serie de breves bucles también carmesíes y en el lomo llevaba una silla de montar, de la que atada asomaban una lanza y un escudo. En el extremo superior izquierdo del dibujo, como animada por alguna magia, pues no podía entender sus extraños caracteres, y mientras las trenzas se le agitaban por el suave viento que comenzó a emerger de la carta, Ëlen leyó:

  -Kazegami.



La carta en verdad tendría que verse algo así y no como la deidad celestial del viento de Okami, je…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s