Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 46

La aldea de Kamiki

 Issun, parado sobre la cabeza de Ammy, llamó a Eiko y a Mei Ling. El duendecito tenía ante sí la pintura dejada en el suelo y contra las cañas, aquella misma que por sus colores monocromos y sobriedad de tema, no más que bambúes y un sendero de piedra, había resultado aburrida y fea a Eiko, y de la cual el mismo Issun, como por arte de magia, había salido.

 -Bien, mocosa, no tenemos tiempo, así que nada de preguntas. Anda, toma ese pincel.

 La Principita observó la cajita abierta puesta a un costado de Ammy y que guardaba instrumentos para pintura, entre ellos pinceles, todos para caligrafía. La niña se quedó pensativa.

 -¿Cuál?

 Issun dio un par de brincos, furioso, y exclamó:

 -¿Cómo que cuál? Dije que nada de preguntas, cabeza de melón.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 44

  Issun

 Transcurridos algunos minutos, que se sucedieron sin sobresaltos y con poca charla, Eiko y Mei Ling dieron con la salida de la caverna, una escasa abertura enmarañada de zarzas. La abeja se adelantó para ver qué había fuera; una vez que regresó, indicó a la Principita que podía salir.

 -No levantes la cabeza, culebrita, o te darás un buen coscorrón con la roca. Y no abras los ojos hasta que salgas, que podrás lastimarte con las zarzas. Bien.

 La Principita, ya fuera de la caverna, miró los alrededores. Encontró que todo era verde. El murmullo de las cañas le resultó algo inquietante.

 -Es un bosque de bambú, preciosa. Sería riesgoso que intentaramos atravesarlo.

 -¿Por qué? ¿Hay fantasmas?

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