La doncella de Orleans, Friedrich Schiller

 Juana es una joven pastora que con su extraña conducta causa pesar a su padre, que desea verla sentar cabeza como sus hermanas mayores, ya prometidas. Ella pasa largo tiempo a solas con su rebaño, sentada ensoñadora al pie de un árbol al que su padre tiene por maldito y funesto.

 Una mañana en la que el padre de Juana discutía con un amigo sobre su hija, que permanecía apartada a un costado, llega un aldeano con un espléndido yelmo de acero. Juana al verlo se lo pide con vehemencia, diciendo que le pertenece. Era la señal que esperaba de los cielos. Había llegado su tiempo, el tiempo en el que una doncella de Dios habría de liberar a Francia y dar a su país un legítimo rey.

 Para los que conozcan sobre Juana de Arco, lo anterior, quitando el detalle del yelmo, resultará una introducción de sobra conocida para su historia. Pero, no bien llevemos leídos un par de actos, estamos ante una obra de teatro, veremos que este drama de Friedrich Schiller no es una recreación realista e histórica sobre la vida de la Pucelle, como lo es Santa Juana de Bernard Shaw, sino un drama que tiene algo de fantasía caballeresca y que nos sorprenderá con un aspecto totalmente ajeno a Juana de Arco.

 Y me refiero al amor. La Doncella en este drama es una casta y milagrosa guerrera, una suerte de azote de Dios que cae como un rayo sobre los ingleses que asolan Francia. Juana es terrible en la batalla; empuña la espada, desafía a muerte a los capitanes ingleses, grita victoriosa cuando el enemigo cae ante sus pies. Pero a diferencia de la Juana de Shakespeare, en la fuerza de su brazo no se oculta la mano del demonio ni en sus palabras el susurro del diablo. Ella es una santa, una joven que, en palabras bellísimas del mismo Schiller, tuvo la gracia de ver los cielos abiertos y que por mandato de la Virgen empuña la espada de Dios para devolver Francia a las manos de su Señor.

 Sin embargo, Juana encontrará un enemigo para el cual Dios no la había preparado: el amor. No digo más, por que no quiero arruinarles la historia. Solo decir que el drama hasta que irrumpe lo romántico se me había hecho bastante aburrido, con una Juana que de lo perfecta y poderosa parecía más bien el arcángel Miguel, con todo el mundo, rey, duques, obispos, soldados, rendidos a sus pies o bien huyendo espantados al verla.

 Pero con el amor, el personaje de Juana bajará a tierra y nos brindará una dimensión nueva sobre ella, que en obras que buscan la fidelidad histórica naturalmente no podremos encontrar. Esto, antes de leer el drama, me había tirado para atrás, por lo que postergué su lectura bastante. Pero la verdad que una vez leída, puedo decir que me encantó. Amo tanto a la Pucelle que, vaya, fue lindo leerla vulnerable al amor como una chica cualquiera.

 Eso sí, tampoco quiero llevarlos a un engaño, la obra no derivará en un Romeo y Julieta ni hará que Juana deje de ser la Doncella de Orleans…

 En fin, muy recomendable drama para quien quiera leer sobre la Doncella, en una historia que se apartará de lo que conocemos de ella. La obra se lee fácil, hablo de la traducción en castellano, así que si gustan de leer Shakespeare y afines, los animo a leerla.

*Recuerden que las imágenes son del dominio público. La primera es obra de William Blake Richmond y la segunda de Dante Gabriel Rossetti.

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