Un mago de Terramar, Ursula Le Guin

 Gavilán es un niño que un día salva a su aldea de unos invasores con los rudimentos de magia que le había enseñado su tía. Un poderoso mago, enterado de la hazaña, lo toma bajo su tutela y lo convierte en su aprendiz.

 Pero el niño era impaciente, cabeza dura y ambicioso, y decide forjarse su propio camino, lo que lo lleva al colegio de magos en Roke.

  Así da comienzo esta celebrada novela de Ursula Le Guin en la que acompañaremos a Ged, que es el verdadero nombre del protagonista, en su aprendizaje por la senda del mago, lo que lo llevará a confrontar sus propias debilidades y pasiones. Ged no se verá implicado en grandes guerras o en eventos llamados a definir el curso del mundo. Estamos ante un viaje de descubrimiento y crecimiento personal con el que la autora de desmarca de la fantasía propia de Tolkien.

 El mundo de Terramar también dista de los tópicos de la fantasía tolkieniana, al menos cuando esta levanta vuelo élfico y abandona la Comarca. Terramar es una tierra de archipiélagos, de gente común, de hilanderas y pescadores, de canoas, chozas y aldeas. No hay hermosa gente ni orcos, tampoco maravillosas fortalezas ni bosques encantados. Hay dragones, sí, y magia, que es la que da carácter y encanto al mundo de Terramar.

 La magia en Terramar se usa a partir de la palabra, de los nombres de las cosas. La idea es hermosa. Conocer el verdadero nombre de un árbol, de un animal de una persona, otorga poder sobre estas. Pero la magia debe usarse con responsabilidad, de lo contrario podría romperse el equilibrio del mundo y atraer la desgracia, lo que ocurrirá a Ged. Según se cuenta, hay un eco del Tao en el concepto de magia de Terramar.

 La historia transcurre de manera poética, reposada y ligera. Lo dicho, no hay épica majestuosa, tampoco drama fuera de las zozobras que afectan a Ged, y aún estas no buscan empujarte a la pena. Es una historia para que te dejes encantar por los conceptos y las imágenes que quiere expresar la autora. Confieso que con el último trecho de la novela perdí interés por Ged como personaje, aunque no por saber cómo resolvía su búsqueda.

 Para ir terminando, les comento que llegué a Terramar interesado en el feminismo de Le Guin, pues quería saber cómo abordaba una historia de fantasía una escritora feminista. Esto a parte de que nunca la había leído. Bien, para mí sorpresa, aunque estaba advertido por la misma Le Guin, que había hablado del asunto en una entrevista, no hay una mirada feminista en Un mago de Terramar. Esta perspectiva parece la irá desarrollando con el transcurso de la saga. Lo que sí tiene la novela de progresista es la diversidad racial, que para la fantasía resultó adelantada a su tiempo.

 Y bueno, los animo a ver qué tal este clásico de la fantasía. A los niños y adolescentes seguro los engancha. Los adultos en cambio, y aclaro que estamos ante una novela juvenil que puede leer todo el mundo, no solo los niños, quizás tengan que ponerle algo de paciencia. Por mi parte, ya estoy con la segunda novela, Las Tumbas de Atuan, y muy entusiasmado con el inicio con Tehanu…

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