Eiko en Final Fantasy IX (IV)

 Quien no haya terminado el juego haría bien en huir de aquí, je. La entrada irá sobre una de las escenas que del ending, así que habrá spoilers.

 ¿Y de qué escena hablo? Pues, por supuesto, la que involucra a Eiko.

 En las anteriores entradas sobre Eiko conté de aquellos momentos con los que la pequeña se ganó mi inmediata simpatía. Llegamos al final de la historia, y con esto no quiero decir que esta será la última de las entradas dedicadas a Eiko, pues entre la escena con Toto en Lindblum, que es de la que hablé anteriormente, y el final hay otros momentos a destacar de la niña, sino que simplemente, pues, con la derrota de Kuja concluye el juego y resta por ver qué sucede con los personajes.

 Esas horas, que a algunos nos brindaron tanta magia y alegría, merecían un cierre a la altura, y vaya si Sakaguchi, acompañado por un magistral Uematsu, cumplió con el reto. Cada escena la disfruté muchísimo. Era tal mi felicidad que la inolvidable «carta de Vivi» recuerdo no haberla tomado con tristeza. Es más, recuerdo no haber caído hasta mucho después en lo que significaba. Pero en fin, esto va de Eiko. ¿Esperaban el desenlace que Sakaguchi preparó la niña? A mí me sorprendió, un poco al menos.

 Cid e Hilde van de camino hacia a Alexandria.  Y con ellos nos sorprende Eiko. La niña está ansiosa por llegar, teme que el barco teatro de Tantalus los adelante y que puedan perderse la obra. Cid la tranquilza diciendo que con el nuevo Hildegarde no tardarían en adelantar el barco. Eiko, no obstante, permanece con dudas e insiste, llamándolo en esta ocasión, y con suma timidez, «papá». El duque la anima a que lo llame nuevamente así, pero la la pequeña sale disparando, quién sabe hacia dónde. Pero inmediatamente regresa, con sus ansias redobladas, para que «papá y a mamá» se den prisa.

 Hilde, conmovida, dice, y cito la versión en castellano: «oh, Cid, Eiko por fin nos acepta como sus padres». El duque, por su parte, y con la niña que había echado a correr, es de suponer, roja hasta las orejas, pide a la pequeña «repite eso, por favor». Y así concluye la escena.

 Eiko, pues, terminada la batalla en el Mundo Cristalino, es adoptada por Cid e Hilde, que eran un matrimonio sin hijos. Un desenlace muy tierno para la niña y también para los duques. Como decía, un cierre que en cierta manera me sorprendió, aunque no dudo que para muchos habrá sido cantado, más por aquella escena, no recuerdo dónde, creo que luego del rescate de Hilde, que termina con Cid a un costado de Eiko y con Hilde que camina y se pone del otro costado, quedando así la niña entre ambos.

 Ahora, y para ir concluyendo, me gustaría comentar lo que creí que iba a suceder con Eiko según avanzaba con el juego. ¿Y qué es lo que creía? Pues, que Garnet iba a adoptar a Eiko como hermana, ja. Al fin de cuentas, siendo ambas las únicas supervivientes de la Tribu de los Invocadores, en cierta manera eran hermanas, más todavía por todas las dificultades que debieron atravesar juntas. Pero sin dudas, Eiko adoptada por los duques era el mejor destino para la pequeña. Yo quedé por demás contento.

 

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