Eiko en Final Fantasy IX

 De hace tiempo que ando con ganas de una entrada dedicada a Eiko, a contar todo lo que ha sido para mí el personaje desde que jugué Final Fantasy IX. Pero una entrada así me llevaría a un texto insoportablemente «kawaii», porque no podría dejar de referir sentimientos muy cándidos, si es que esta palabra puede ser aplicable a alguien que no es un niño, en relación al personaje.

 Así mi intención será menos personal y, en lo posible, todo lo breve que pueda: contar de alguna escena de Eiko en Final Fantasy IX. No más que esto. Trataré de hacerlo de tanto en tanto.

 Inolvidable, ¿no? El paso de los retratos del grupo protagonista con el main theme de fondo. De la escena que me gustaría hablar es de una que ocurre en Madain Sari y que empezó a hacer de Eiko un personaje especial para mí. Yitán, Garnet, Vivi y Quina llegaban a las ruinas del pueblo de los invocadores, a Madain Sari, aquel paraje desértico que daba al mar y cuyo nombre era tan bello, y que era donde habitaba Eiko sin otra compañía que la de los moguris, que cuidaban de ella desde que había muerto su «abuelito». El grupo para junto a una fuente; comentan algunas cosas, y después de que Mogu, la cría de moguri que acompañaba a Eiko, pega un salto de los bolsillo de su amiga, para sorpresa de Yitán, que lo comenta a la niña, quien a su vez contenta responde que «ella y Mogu siempre estaban juntas», Eiko se lleva a nuestro héroe a un costado de la fuente. Yitán se sienta, no le queda más opción, en un banquito; la niña se sienta como indio a sus pies, se lo queda mirando con la cabeza echada hacia la nuca, como naturalmente hace todo niño cuando habla a un adulto, y entonces lo atropella con una batería de preguntas. Una escena graciosa y entrañable.

 Eiko le pregunta de las cosas más importantes que hacían a su pequeño universo: la comida, los moguris y los eidolons. También, y dando cuenta de su ingenuo interés por Yitán, del tipo de chicas que le gustaban. Este interés, por supuesto, resultaba ajeno para la corta edad de Eiko, pero sin dudas que Sakaguchi buscó que el jugador festejara la gracia y ternura de la niña y que en consecuencia le tomara afecto o simpatía. Para muchos, indudablemente que Sakaguchi lo logró; solo hay observar los preciosos dibujos que abundan sobre Eiko en la web. Para otros, y no pocos, todo lo contrario, ¡Ja, ja!.

 ¡Lo que habría sido esta escena con el juego doblado, con Eiko con una dulce vocecita japonesa! Aunque bueno, sé que la gente que precisamente no siente el mayor de los entusiasmos por Eiko odiaría saberlo, ¡Ja, ja, ja!.

 Es todo por ahora. Gracias por tanto, Sakaguchi.

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