Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.39

Gamabunta

 La Principita, tumbada dentro de un tronco hueco que yacía en la hierba, cargó el tirachinas con una nuez de Kupo y apuntó hacia el estanque, cuidando que el arma no asomara de la abertura y la dejara al descubierto como le advirtió el Bonta. Las manos le temblaban. No podía apartar la vista de los guardias del Batallón Pluto que pescaban distraídos a unos pasos, a la sombra de la enorme estatua del sapo que fumaba pipa y que la niña se había esforzado por no mirar, aun cuando Mei Ling le insistió con que la estatua «no comía niños» y que no habría de despertar. La abeja creyó conveniente no contarle que las muñecas de Silky podían despertar al sapo si liberaban el sello impreso en su lengua.

 Eiko marró el disparo, que dio en un guardia cuando debía haber caído en el agua para distracción. La pequeña cerró fuerte los ojos y se cubrió la cabeza con las manos, creyendo que la habían descubierto; pero para risa de Mei Ling, el guardia echó la bronca a su compañero, que lo miró atónito. La abeja animó a que la niña observara la escena. Ambos guardias discutían acaloradamente, con gestos tan ampulosos y expresivos que hicieron reír a la Principita. El Bonta, que no estaba para teatrillos, exclamó irritado:

 -Oye, mocosa, ¿qué rayos estás esperando? Aprovecha que esos dos tontos te han dado la oportunidad y ponte en marcha. ¡De prisa! ¡Y no levantes la cabeza hasta que Mei Ling te lo diga!

 La niña avanzó poco a poco entre los pastos como una viborita, con la mochila en el suelo y prendida a su hombro porque en su espalda, según dijo el Bonta, la habría delatado; oyó con mayor claridad a los guardias y se quedó quieta; cerró los ojos. Un escarabajo rojo con pintas negras le caminó por los cabellos; llegó hacia la oreja en la que Mei Ling se prendía para comunicar a la niña con el Bonta, y la pequeña rió bajito por las cosquillas. La abeja dijo:

 -Es un escarabajo, preciosa. No te muevas. No te picará. Seguro que en alguna ocasión has tenido uno entre las manos.

 -¿Es una vaquita?

 -¿Cómo? Ah, sí, así los llamas. Sí, es una vaquita. Son insectos que dan buena suerte, así que ponte contenta y sigue marchando confiada, que ya llegamos. Oh, no, quédate quieta Principita, y pase lo que pase no hables ni te muevas, por favor.

 Con voz no audible para la niña, Mei Ling dijo con consternación:

 -Bonta, esto será difícil para ella. Tendríamos que pensar en…

 El Bonta no respondió, solo atinó a morder el puro con fuerza. Vivi miró al peluche con los ojos apesadumbrados, pero no preguntó; imaginó lo que sucedía y agachó la cabeza tembloroso. Intentó, sin suerte, porque no le salieron las palabras. pedir por el favor de Vána. Uno de los guardias había visto movimiento en dirección a los pastos donde estaba Eiko, y se asomó a mirar desde la barandilla del puente que conducía a la lengua del Sapo y que se abría en varias direcciones dentro del estanque. Había cargado la ballesta que había dejado a un costado para pescar. Su compañero le preguntó qué sucedía. El guardia, señalando hacia la porción de los cabellos de la niña que habían quedado expuestos entre los pastos, dijo:

 -Me pareció ver que eso violeta de allí se movía. ¿Qué cuernos es?

 El guardia miró hacia donde estaba la Principita. Desde su posición le era imposible diferenciar las ropas y la mochila de la niña de los pastos. Se demoró en los cabellos y comentó:

 -Es un maldito estornino que habrá caído muerto o estará moribundo. Déjalo en paz. Regresemos a lo nuestro. Toma tu caña. Y no vuelvas a arrojarme una de esa nueces cuando estoy pescando, ¡que me hiciste perder el condenado sapo!

 El guardia dio a su compañero una caña de bambú, de la que anudada a un extremo caía un largo sedal con anzuelo, y una botellita con saltamontes. Ambos, y para regocijo de Mei Ling, que los escudriñaba desde la oreja de la Principita, se sentaron de espaldas a la niña. El Bonta y Vivi respiraron aliviados. El peluche dijo:

 -Lo has hecho bien, mocosa. Rayos, mejor de lo que esperaba. Temí que salieras corriendo como conejo espantado. Has sido muy valiente. Bien, en marcha.

 La Principita continuó avanzando arrastras, contenta y orgullosa por la felicitación del Bonta. La vaquita permanecía en su oreja, a un lado de Mei Ling. Cada tanto al escarabajo se le daba por caminar hacia atrás de la oreja, pero esto divertía a la pequeña, que se sentía a gusto con las cosquillas. Luego de un trecho, que no tuvo contratiempos, la niña llegó a la altura de la cola del sapo, que caía fuera del estanque goteando agua a intervalos en un pequeño pozo, poco profundo y que estaba a la sombra del cerezo que había a unos pasos y que de a ratos, cuando la brisa lo mecía, dejaba caer alguna de sus flores. Mei Ling comentó:

 -Este pozo lo excavó Silky cuando tenía tu edad, preciosa.

 -¿Para jugar con un barquito?

 -No, Principita. Era para que Fenris, por entonces un cachorrito, tuviera para beber mientras ella salía de paseo con… bueno, creo que te lo puedo contar, con el sapo del estanque.

 La niña, a resguardo de la vista de los guardias, desparramada en el suelo con las rodillas y las piernas formando un abanico, con la interminable espalda de la estatua del sapo ante sí y mientras la vaquita volaba de sus cabellos a los pastos, exclamó:

 -¿Silky paseaba con el sapo? ¡Pero si el sapo es de piedra! ¿Es que se puede mover? Ay, ¡qué miedo!

 -Jojo, créeme que de despertar el sapo te harías tan amigo de él como lo fue Silky y que te encantaría pasear montada a su espalda dando largos y furiosos saltos sobre los árboles. Te diveritirías mucho, además, con los barquitos de humo que sabe crear con el humo de la pipa, y también con su voz gruesa como tambor y su parloteo gracioso y un tanto grosero, jo.

 La Principita alzó grande los ojos hacia la cabeza del sapo y con vivo interés preguntó:

 -¿Lo puedes despertar ahora?

 -No, preciosa. Esto solo lo pueden hacer las muñecas de Silky, las mismas que has conocido y que ahora están jugando a Pulgarcita con Ëlen. Y no lo harán, pues el Espantapájaros teme la ira del sapo y sabe que de enterarse que tiene capturada a Silky el sapo echaría abajo la Casa de las Muñecas para liberarla y que luego en castigo lo arrojaría a las brasas de su pipa.

 -¡Qué lástima! ¿Y cómo se llama el sapo?

 -Su nombre es Gamabunta, el Sapo del Estanque de los Cerezos. ¿Te gusta?

 -Sí, es un nombre raro y chistoso.

 El Bonta, mirando de soslayo a Vivi, añadió:

 -Un bravo guerrero que tú, cuando sea el momento, podrás despertar pues conoces la fórmula para el sello, ¿verdad, don Vivi?

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*Gamabunta, por si no lo sabían, es un personaje de Naruto.




 

 

 

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