Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 73

Un mensaje para Eiko

 Mogu, con un trozo de pescado a medio morder en la boca, voló hacia la bola de cristal, curiosa por lo que tenía emocionada a Eiko y sorprendida a Silky. La moguri vio a Ëlen dando con el bastón al hilo del barrilete y preguntó:

-¡Qué monada, kupo! ¿Quién es esa niña, kupo?

 Antes de que Silky respondiera, la Principita, feliz, comentó:

 -¡Es mi amiga Ëlen! ¿Viste que linda que está con ese disfraz de conejito?

 La pequeña entonces reparó en que no sabía qué estaba haciendo su amiga y por qué la estaba viendo a través de la bola de cristal. Silky mientras miraba, todavía perpleja, cómo la niña liberaba a Kazegami en un escueto torbellino que impulsaba el barrilete hacia el cielo, comentó:

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 72

¡Moegami, vuela!

 Las muñecas hicieron las mantas a un lado y abrazadas a sus almohadas fueron a sentarse ante la bola de cristal. No podían más de la ansiedad por ver que Ëlen no podía remontar el barrilete. Un jardín no era un lugar apropiado para tal tarea, y menos cuando el espacio para que la niña pudiera correr para darle impulso consistía en un corto tramo de césped y en un puentecito en arco. Y esto sin contar que el pretencioso tamaño que Moegami había adoptado para cometa hacía que esta se le estrellara apenas la elevaba.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 71

Una sorpresa para Ëlen 

 El Espantapájaros miró suplicante a Ëlen y a Kero. Moegami, aún cuando había aparecido en un tamaño reducido, no mayor al de un polluelo, se erguía con bravura. La carta batía lentamente las alas hacia el Espantapájaros, que azorado recibía el humo de la pipa que crepitaba, a sus ojos, con el fuego del Orodruin. Una ceniza que lo alcanzara y estaría perdido. El muñeco sabía que las cartas gustaban de jugar bromas, pero ahora vio en Moegami a un dios furioso, decidido a castigarlo después de ver cómo había jugado con las emociones de Ëlen.

 Pero el Espantapájaros, con su mente retorcida por el miedo, no pudo suponer que lo que había en Moegami no era más que reproche, encono de una intensidad y naturaleza infantil. La carta había sido confeccionada por las manos de una niña y atesoraba el recuerdo de los celestiales benévolos de Kamiki. No habría sido capaz de una crueldad con él, de reducirlo a cenizas como temía el muñeco. Moegami en realidad había aparecido queriendo aliviar la pena de Ëlen, no para castigar al Espantapájaros. Por esto, y después, y ya con travesura, de dar un corto soplido a la pipa ante la cara espantada del muñeco, que tembló al ver chisporrotear el tabaco y las cenizas, volteó hacia la niña para entonces, con un graznido amistoso, echar a volar. Tras sí dejó una estela de humo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 63

Nuregami

 Ëlen, montada al Bastón del Sello, volaba tras Kero, que descendía raudo por la escalera caracol hacia la planta baja de la casa. El peluche había detectado la presencia de una carta en el jardín y conducía a la pequeña hacia ella. Las muñecas observaban embelesadas a la niña con sus trenzas al viento, las piernas extendidas y el rostro radiante por la emoción de bajar por la escalera a toda velocidad. Pero entonces Lluvia, con el ceño fruncido, acusó a Luciérnaga y Mariposa:

 -¡Miren! ¡Se le salió la capucha! ¡Ëlen ahora no se ve tan linda! ¡Seguro es culpa de ustedes, siempre tan tontas!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 62

¡Vamos a cazar otra carta!

 Silky y Mei Ling regresaron con Eiko, que sentada arriba del cerezo jugaba con Mogu. La moguri se divertía corriendo por la rama donde se encontraban, con la bandana de la niña descuidada y graciosa en su frente. Silky se sentó junto a ellas y con Mogu en el regazo comentó a Eiko:

 -Por lo visto lo primero que tendré que enseñarte es a hacer un nudo, ji.

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