Aria the Animation

 Akari Mizunashi es una chica que sueña con ser una gondolera profesional. Con este fin, a los quince años se mudó a Neo Venecia, la ciudad más importante del planeta Aqua y una recreación de la antigua Venecia.

 Akari se encuentra estudiando para gondolera en la Compañía Aria. Esta, a la par que aprender el oficio, le permitirá abrirse a multitud de experiencias y sentimientos con las que nos contará del encanto de su ciudad y gentes.

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Koisuru Asteroid

 Mira Konohata es una chica que acaba de ingresar a la preparatoria y sueña con descubrir un asteroide. Para echar a rodar su sueño, piensa apuntarse al club de astronomía del colegio. El club, por su escasa popularidad, había pasado a conformar junto a otro aún menos popular, el de geología, el club de geociencias.

 Para su sorpresa y felicidad, Mira allí encontrará a quien le había enseñado lo maravilloso de mirar y buscar entre las estrellas y a quien, cuando niña, había prometido dar su nombre a un asteroide.

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Uchi no Ko no Tame naraba, Ore wa Moshikashitara Maou mo Taoseru kamo Shirenai

 Dale es un aventurero que una tarde se hallaba en un bosque cazando monstruos. Terminado el trabajo, enciende una fogata y se pone a cocinar pescado. Entonces lo sorprende una niña pequeña, que lo mira desde los matorrales toda desgreñada, haraposa y sucia. Dale observa que de las sienes de la niña asoman cuernos. Era un demonio.

 Dale, viéndola hambrienta, le ofrece pescado. La pequeña acepta y con esto el joven aventurero habría de hallar su mayor desafío y a su vez el más grande tesoro: la responsabilidad de ser padre y el amor de una hija.

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Honzuki no Gekokujō

 Urano Motosu es una joven que ama los libros, es un ratón de biblioteca cuyo amor por la lectura la ha llevado a adquirir un saber enciclopédico de su tiempo. Ella sueña con ser bibliotecaria. Sin embargo, la sorprenderá una prematura muerte.

 En la agonía, Urano pide nacer en una vida donde también pueda tener la dicha de pasarla leyendo libros. El destino felizmente le cumplirá su deseo, aunque no sin que ella deba trabajar, y mucho, para concretarlo, pues se sorprenderá con vida en el cuerpo de una niña de 5 años que habita en un mundo donde los libros son un lujo de casi imposible acceso.

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Yuruyuri

 Akari Akaza es una chica de trece años que empieza la secundaria. Está feliz porque podrá volver a reunirse con dos amigas del colegio, Kyoko Thoshino y Yui Funami, que van a segundo. Llegada la hora del descanso, va a pasar el rato con ellas a la habitación del club de la ceremonia del té, sitio que las chicas encontraron para las actividades del club de entretenimiento.

 Akari es una niña alegre, ingenua, amable y un poco torpe. Con sus cabellos peinados en dos simpáticos bollos, tiene un aspecto por demás kawaii. Todo en ella apunta a una inmejorable protagonista para la comedia de colegio que nos ocupa. Sin embargo, la irrupción en el club de Chinatsu Yoshikawa le hará ver, para su desazón y desespero, que le será difícil destacar entre sus compañeras.

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Yuru Camp

 Nadeshiko Kamigahara es una estudiante de preparatoria que un día decide visitar el monte Fuji. De camino, la lluvia la obliga a parar, pues iba en bicicleta, y se toma una siesta en un parador. Cuando despierta, la sorprende la noche y el frío. Desorientada, echa a deambular y se topa con Rin Shina, una chica que acampaba en los alrededores y a quien da un susto de muerte.

 Aclarado el susto, Rin invita a Nadeshiko a su tienda. Ambas se sientan junto al fuego a beber algo caliente, un hermoso momento en medio de la naturaleza que hará que Nadeshiko descubra una afición apasionante.

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Sakura Card Captors en una tarde soleada de otoño

 Ayer estaba recostado junto a mi ventana tomando un cafecito. No recuerdo si escuchaba música. Eran las cinco de la tarde y había un sol hermoso. Bajo mi ventana hay un jardín, un tanto descuidado, con un par de arbolitos que me encanta mirar cuando les da el sol. Se oían los gorriones, esos pájaros piojosos que nadie quiere y que no obstante, con sus incansables píos, hacen mucho bien a una ruidosa ciudad, y a unos cuantos metros el griterío de los niños que jugaban en la plaza del barrio. Una linda tarde de otoño, perfecta para un capítulo de Sakura.

sakura card captor 1

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 18

Subsaga de los magos negros

La aldea de los magos negros

 Era de medianoche. Los búhos ululaban incansables y Ëlen lloraba y temblequeaba envuelta bajo la manta. Hacía un rato que el viejo de la bolsa, como imaginaba la pequeña, se había llevado a su amiga. Una vez que se calmó y pudo decir alguna palabra, llamó a Härï y Mamahäha. Las águilas despertaron y acudieron raudas con ella. El captor las había dormido con hierba morfeo, una hierba que crecía en aquellos parajes desconocidos de la Tierra Media y que era de uso común para los magos negros. Härï fue por Eiko. Ëlen entonces pensó en la suerte de su amiga. La imaginó en un caldero, con el captor que la amenazaba con un cucharón, harto de oírla alborotar la casa con gritos y llantos. La macabra imaginación, no obstante, la reanimó; sabía que Eiko no se dejaría tratar como a un pedazo de calabaza y que antes que pasara un rato su captor habría de estar con la ropa enchastrada de sopa y buscando con odio a la niña, seguramente a resguardo en un rincón imposible para un adulto. La pequeña se rió entre los sollozos y, rendida, se durmió.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 17

 La tardecita con el barrilete

 -¿Shinta? ¡Qué nombre raro!

 -¿Te parece, Pequeña Dama? Pues yo creo que el tuyo es igual de raro, para estas tierras cuanto menos, jojo.

 -¿Por qué?

 -Porque tu nombre y el mío no proceden de la Tierra Media, vienen de lejos. De aquella tierra de la que te hablé cuando merendamos en aquel camino bajos los cerezos, ¿te acuerdas?

 -Sí.

 -¿Y el mío? ¿También es un nombre raro?

 -No, «Ëlen» es una palabra que pertenece al quenya, la lengua de los altos elfos. Ithïliendil te lo habrá contado, ¿no? Cuando los elfos descubrieron las estrellas, con asombro y regocijo exclamaron tu nombre.

 La pequeña no se mostró demasiado contenta con la poética explicación. Ella también quería tener un «nombre raro». Shinta encaminó a las niñas fuera del bosque y charló con ellas sobre todo lo que hacía a un bosque; flores, insectos, animales y, como no podía ser más, sobre hadas. Durante el trayecto, Shinta además contó algo de su historia; la máscara prometió quitársela en otra oportunidad, como para mantener el misterio, según dijo. Llegaron a una colina poblada de margaritas. Las niñas echaron a correr y retozaron contentas. Unos animales pastaban y bebían de un charco; al verlos, con entusiasmo hicieron señas a su amigo, que se distraía con el paisaje. Shinta se acercó y oteó los alrededores —parecía desconfiado— y miró hacia el cielo; las águilas de las niñas chillaron. El enmascarado supo que la zona estaba apacible y comentó:

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 16

 De artesanías con el Caballero de la Luna

 Amaneció. Los pájaros que alborotaban el bosque despertaron a Ëlen. La pequeña se cambió las ropas y se levantó con prisa por ver a los pajaritos. Una pareja de cabecitas negras revoloteaba por el árbol que guarecía a las niñas. Ëlen los saludó alegremente. Los pajaritos agitaron las alas y piaron con insistencia, nerviosos por el cascarón translúcido que los repelía y que no los dejaba volar hacia la niña. Ëlen corrió por su arpa, sacó unas notas alegres y el cascarón entonces se desvaneció. Los pajaritos se posaron en las manos de la pequeña. Cantaron jubilosos. La niña procuró imitar sus trinos, tal como gustaba hacer con cualquier pájaro, pero de pronto los cabecitas negras remontaron hacia una rama. Algo los había asustado.

 -¡Los asustaste! ¡Seguro que pensaron que eras un fantasma y les dio miedo!

 Ëlen miró con encono a su amiga, que estaba a los manotazos con la manta que la tenía toda envuelta. Con voz que se oyó como salida de una cueva, la Principita preguntó:

 -¡No te entiendo! ¡Mejor ayúdame con la manta!

 La pequeña estalló en risas. Iba a auxiliarla cuando una rama asió la manta. Las niñas alzaron las cabezas y con los ojos redondos del asombro exclamaron a coro:

 -¡Es el Caballero de la Luna!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 03. Parte 2

 Lloviznaba a pétalos rosas. El Caballero de la Luna caminaba por un empedrado con el crepúsculo en el horizonte; dormida en la espalda, llevaba a Eiko. La niña despertó con un pétalo que rozó su mejilla. Todavía entre sueños, observó con sorpresa la garúa de flores que caía de unos árboles desconocidos. Se dio cuenta que la cargaban y exclamó:

 -¿Ithïlien?

 El caballero respondió:

 -No, Pequeña Dama. Soy el Caballero de la Luna, como has dado en llamarme. Un bello apodo. Gracias.

 La niña, con los recuerdos recientes que la turbaron, con voz trémula preguntó:

 -¿Dónde está Ithïlien? Tengo miedo.

 El enmascarado entendió que el pánico asaltaba a la pequeña y se dirigió hacia el árbol que tenía más próximo; recostó a la niña contra el tronco, se reclinó y con la mano enguantada le acarició el rostro implorante y llovido. Llevó entonces los dedos hacia la oreja de la niña y con una sonrisa le enseñó una moneda. La pequeña rió entre sollozos. El caballero dijo:

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