Sakura Card Captors en una tarde soleada de otoño

 Ayer estaba recostado junto a mi ventana tomando un cafecito. No recuerdo si escuchaba música. Eran las cinco de la tarde y había un sol hermoso. Bajo mi ventana hay un jardín un tanto descuidado, con un par de arbolitos que me encanta mirar cuando les da el sol, y del que me llegaba el bullicio de los gorriones, esos pájaros piojosos que nadie quiere y que no obstante con sus incansables píos hacen mucho bien a una ruidosa ciudad; a unos cuantos metros, el griterío de los niños que jugaban en la plaza del barrio completaban el marco. Una linda tarde de otoño, perfecta para un capítulo de Sakura.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 15

 El juego termina a los almohadazos

 -¡Ruri, Sauron debió haber usado la Espada Gekigan!

 Gai devolvió la taza al osito que hacía de mayordomo en la cabaña. Estaba indignado por el desenlace de la batalla y no tenía ganas de chocolatadas ni pasteles. La pequeña lo miró impasible y replicó:

 -¿Por qué insistes, Akito? Conoces el funcionamiento de la Omoikane. Ella es la que escribe la historia. Recopila lo que pensamos, relaciona lo aprendido con su bagaje de conocimientos, y el resultado es una narración.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 13

La Omoikane

 -¿No vamos a jugar con las cartas? ¿Y cómo haremos para pelear?

 La Principita preguntó por la baraja de Arwen. Creía que un duelo de cartas zanjaría la contienda con Sauron, pero Gai dijo que tenía preparado algo más emocionante. El niño no aclaró más. Abrió el armario que daba a su espalda, hurgó entre las ropas amontonadas y sacó una esfera de cristal. El pequeño contó que era obsequio de Ruri, una amiga más chica que ellos, de tan solo cinco años. Dijo que era una niña por demás inteligente, que podía contar números que hasta los altos elfos desconocían; memorizaba libros, recitaba La Balada de Leithian en las lenguas cultas de Arda y conocía buena cantidad de genealogías, incluso la de algunos hobbits célebres —para el ámbito hogareño de los medianos—, que eran interminables y hubiesen exasperado la paciencia a los mismísimos ents.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 10

El niño del nombre raro 

 -¡Akito, mi héroe!

 Exclamó con un brinco y el puño en alto la niña de cabellos azules cuando vio que el niño había atrapado a la Principita. Añadió:

 -Sabía que vendrías a rescatarme. Esa enana que se peina raro robó mi tiara. ¡Castígala!

 -¿A quién le dices enana?

 Eiko se zafó de la presa que torpemente mantenía el niño, que tendría unos nueve años, y mal encaró a la chiquilla diciendo:

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