Vána, la Valar que Tolkien olvidó

 Vana en el imaginario de Tolkien es una de los Valar que conforman el panteón de Arda. En El Silmarillion es presentada así:

 «Las flores brotan cuando ella pasa, y se abren cuando ella las mira; y todos los pájaros cantan cuando ella se acerca.»

 Una bonita imaginación, un tanto ingenua si se quiere. Vana es tan bonita y candorosa que Tolkien le consagra los tópicos de la naturaleza que en la poesía refieren lo bello. No es poco. Seguro que los poetas élficos encomendaban sus versos a Vana. Bien, esto y una sugerida relación con la Primavera es todo lo que Vana tiene para ofrecernos. La valier, pues, en El Silmarillion es un personaje menor.     vana-tolkien

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Melian la Maia (El Silmarillion)

 «Se dice que los Valar abandonaban el trabajo, el bullicio de los pájaros de Valinor se interrumpía, las campanas de Valmar callaban y las fuentes dejaban de fluir, cuando al mezclarse las luces, Melian cantaba en Lórien… Los ruiseñores iban siempre con ella, y ella era quien les enseñaba a cantar…y allí antes del alba, la voz de Melian y las voces de los pájaros llenaron el silencio de la Tierra Media.»

 Este es el comienzo del capítulo 4 de El Silmarillion, «De Thingo y Melian». Es de las entradas más bellas que he leído, y una de las que más me ha marcado. Uno de mis grandes placeres de literatura es la lectura de estas construcciones en las que una mujer es presentada bajo lo fabuloso, y por eso cuando descubrí estas líneas poco menos que juramenté de inmediato y para siempre amor a Melian. Cosas de espíritus románticos, je.

 ¿Por qué me parece tan maravilloso ese párrafo? Por el modo en que Tolkien decide presentarnos a Melian, por las imágenes que escoge para ilustrar lo bello, en el sentido amplio de la palabra, del personaje y por el símbolo que le concede. Valinor era una tierra de maravillas, algo así como el Olimpo en Tolkien, y ocurre que Melian cuando cantaba esas maravillas quedaban en suspenso. Los Valar (los dioses) dejaban sus obras por escucharla, las campanas, tan hermosas en un paraje bucólico, dejaban de tañir y las fuentes se aquietaban y por tanto, hasta uno de los sonidos más hermosos que nos obsequia la naturaleza, que es el murmullo del agua, se rendía al encanto de Melian.

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