Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 60

El plan de Silky

 Silky, a unos pasos del cerezo y con Eiko que exultaba a su grupa, gritó a la pequeña que recostara fuerte la cabeza contra su hombro y que cerrara los ojos. La niña obedeció, ya algo inquieta ante el árbol que se erguía imponente y con Silky que corría rápido hacia el. De pronto, sintió como si la tiraran violentamente del cuello; dio un grito por el susto. Pero entonces sintió denso el aroma a cerezo, tanto que le cosquilleó la nariz y le hizo dar un estornudo. Habían dejado de correr. Silky dijo:

 -Puedes abrir los ojos. No temas.

 La Principita se sorprendió arriba del cerezo, con Silky agachada sobre una rama como una monita y asida a otra con la diestra. Con maravilla, acarició el ramillete de flores que tenía a la mano y preguntó:

 -¿Cómo trepamos al árbol?

 -Pues, corriendo por el tronco.

 -¿En serio?

 -Ja, te lo he dicho, “soy el Kitsune”. ¡Soy una niña con muchas habilidades! Pero por más magnífica que sea, no puedo cargar contigo todo el día. Vamos, enana, quítate.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 40

La Puerta de los Fantasmas

 Eiko había dejado atrás el Estanque de los Sapos y se hallaba sentada entre unas enormes piedras. Todavía podía ver a Gamabunta y a su pipa que humeaba entre los cerezos. A unos metros de la niña, había un puentecito de madera levantado sobre un arroyuelo de furioso cauce y que conducía a una nueva espesura del bosque. El Bonta había pedido unos minutos a la niña, pues Mei Ling 3 se había reportado. Para alegría de la Principita, Ëlen se encontraba bien, a gusto como Pulgarcita. Del Espantapájaros no hubo noticias. Esto no fue del agrado del Bonta, que pidió a Mei Ling 3 que tratara de ver en qué andaba el muñeco, y si podía también Silky. Pero de todo esto el Bonta no dio cuenta a la Principita.

 -Bien, mocosa, en marcha.

 -¡Pero hay un guardia!

 La niña señaló el extremo opuesto del puente mientras se divertía mirando con el catalejo. Un guardia del Batallón Pluto recorría los alrededores. El Bonta la amonestó:

 -Oye, el catalejo no es para jugar. Puedes observar perfectamente al guardia desde donde estás sin el. Guárdalo en la mochila y saca la Maza Chillona.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 35

 Preparando a Eiko para el bosque II

 Al cabo de un rato de parloteos y de risas, el Bonta consideró suficiente el recreo que había tomado la Principita para lucir las ropas nuevas y dijo a Vivi:

 -Mago, cubre con este trapo la voluta del báculo y enciéndela. Descuida, apagaremos el fuego enseguida.

 Vivi prendió el báculo en el cántaro de en medio de la mesa que todavía chisporroteaba con los restos de muñeca. Como la magia habría puesto en alerta a las muñecas de Silky, el mago no podía valerse de un hechizo para hacer del báculo una antorcha. El Bonta entonces indicó al maguito que lo siguiera. Caminaron hacia un rincón; había un baúl, el peluche lo abrió y a espaldas de la tea que lo iluminaba extrajo unos artilugios. Vivi apagó el báculo, y regresaron con Eiko y Mei Ling. La Principita abrió grandes los ojos cuando miró la carga sobre la mesa. Preguntó con ilusión:

 -¿Y estos juguetes? ¿Son para mí?

 El osito contestó con su habitual malhumor:

 -Creo haberte dicho que terminó el tiempo para jugar. Este será tu equipo para la misión. Como todas las cosas en este castillo de infantes, guardan la apariencia de juguetes, pero han sido preparados por mí para operaciones de sigilo, claro está, a llevar a cabo por una chiquilla como tú.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 34

Preparando a Eiko para el bosque I

 Pasado a Eiko el capricho de que Vivi la convirtiera en Pulgarcita, pues pasado el relato de Mei Ling la niña estuvo un buen rato machando al mago con ello, el Bonta explicó lo que había planeado para rescatar a Ëlen. Se trataba de un plan temerario con el que Vivi se mostró en desacuerdo. La niña tendría que atravesar el bosque para después entrar inadvertida, siempre que no la pescaran los guardias, a La Casa de las Muñecas. El mago encontraba la tarea muy peligrosa para la Principita. Pero el Bonta terminó por convencerlo.

 -La mocosa no dará un paso sin que Mei Ling y yo sepamos qué es lo que pisará. Mago, has visto de lo que son capaces las abejas; tendremos cubierto los movimientos de la chiquilla. De lo único que tendrá que preocuparse es de no estornudar sin mi permiso. Eh, tú, ¿oíste?
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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 33

Pulgarcita

 Eiko, queriendo sacarse las ganas de jugar con su nuevo artilugio, porfió con que el Bonta parloteara con ella. Le preguntó acerca de su color favorito, de la jalea de frambuesa, de si gustaba coleccionar piedras y caracoles y de juegos como la carrera de embolsados entre una incómoda batería de trivialidades infantiles. Pero el peluche permanecía callado y hosco, así que la Principita le pidió entonces que diera su abeja a Vivi para que ambos pudiera cuchichear a gusto ya que él, tan malo, no quería conversar con ella. Pero los ruegos fueron en vano. La niña, rendida, preguntó:

 -¿Por qué la abeja repite lo que hablo y con mi misma voz? ¿Es magia?

 Mei Ling voló de la oreja de la pequeña y a la altura de su nariz respondió:

 -Es complicado para explicar, preciosa, y nos tomaría tiempo. ¿Ves mis antenas? Son hermosas, ¿verdad? Estas antenas son como pinceles. Cuando hablas a través de mí, ellas dibujan una nube en la que tú apareces hablando y que vuela hacia Mei Ling 2. Cuando sus antenas encuentran la nube, puede repetir lo que estás diciendo con tu propia voz, bueno, mucho más minúscula y finita, como si tú fueras una hadita que le habla al oído. Y no, no los busques, pues los dibujos solo los podemos ver nosotras, tan geniales somos. También podemos transmitir voces y ruidos cercanos…

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 32

Mei Ling

 -Vamos, niña remolona, ¡arriba! Tenemos mucho trabajo.

 La Principita sintió que la llamaban. Era un osito de peluche, uno que tenía aspecto gruñón y que hablaba, cosa que la hizo reír, pues nunca supo de un peluche que hablara fuera de aquellos a los que ella y Ëlen solían prestar sus voces. Pero no le dio más atención; era la hora de dormir, no para jugar, y se tapó con la capa que la cobijaba, se abrazó a la muñeca que tenía a un costado y, después de prometer al peluche que cuando despertara jugarían todo el día, con una plácida sonrisa prosiguió a lo suyo .

 El Bonta, viendo que el asunto no caminaba por las buenas, levantó a la niña de los pies y la zamarreó como para que le cayeran pajaritos por las orejas. Entonces la mandó derecho a la mesa con la cabeza bien despierta, aunque un poco dada vueltas, para que se lavara la cara con un cuenco. Cuando regresó, el peluche le sirvió un sobrio desayuno, que la pequeña miró con desaprobación; Vivi dio las gracias. Los niños observaron la pizarra verde oscuro que colgaba de la pared. Eiko mientras saboreaba la cucharita todavía pegajosa de miel leyó: «Operación Muñeca de Trapo».

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