Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 64

Kingyo Sukui

 Kero voló hacia el estanque a echar un vistazo, con Ëlen corriendo tras él. Nuregami retozaba entre los peces kingyo, indiferente al peluche que lo observaba con lo brazos cruzados y expresión severa en el rostro. Ëlen, pese a la advertencia de Kero, se apresuró a correr al puentecito que atravesaba el estanque, desde donde sentada de cuclillas observó maravillada a los pececitos de colores que deambulaban erráticos de aquí para allá, atropellándose entre sí o dando de cabeza contra alguna decoración, como ser un caballito de mar, alguna estrellita o un barquito, desorientados por la intrusa que había pescado uno de ellos.

 La niña entonces dejó el bastón en el suelo y se puso a hurgar en los bolsillos. Kero suspiró cansado. Imaginó lo que se proponía la pequeña. Tomoyo, por su parte, sonrió con ternura. Ëlen sacó un resto de bolita mochi y la rompió en pedacitos. Los arrojó al agua, y se quedó esperando con ansiedad. Pasado un ratito, el desencanto se dibujó en el rostro de la pequeña, quien miró a Kero y Tomoyo en busca de una respuesta. Los pececitos no habían ido a comer lo que ella les había arrojado. Kero comentó:

 -Están asustados por Nuregami. No comerán mientras ella esté en el estanque. Tendremos que capturarla, Ëlen.

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