El cuento de la princesa Kaguya

 Una mañana un viejecito se hallaba en un bosque cortando bambú cuando lo sorprende un tallo luminoso. El viejo se acerca y descubre que lo que brillaba era un brote de bambú, el cual crece repentinamente hasta que se abre en una flor de loto, en cuyo interior resplandece una niñita que es no más grande que un pulgar.

 El viejo cae de rodillas y mira reverente a la criatura, que lo observa con la serenidad de un Buda. La niña responde a la curiosidad del anciano con una sonrisa, entonces da un bostezo y se duerme. El viejo, que no cabe de sí de la devoción, la acuna entre las manos y se la lleva a su casa, donde lo aguarda su esposa, también anciana, que estará feliz con la niñita a la que habrán de adoptar como hija.

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Crónicas de una diosa, Natsuo Kirino

 Namima es una niña que habita en la isla más remota de un populoso archipiélago. La gente tiene a esta isla por sagrada. Sus lejanos vecinos, la gente del país de Yamato, la conocen como “la isla de las Serpientes Marinas”. Pero sus habitantes la llaman simplemente “la isla”.

 Namima tiene una hermana, Kamiyuu. Ambas pertenecen a la familia principal de sacerdotisas. Kamiyuu, por ser la mayor, está llamada a suceder a su abuela como la gran sacerdotisa. Namima se siente desdichada, una paria en comparación a su hermana, a la que ama. Pero no tardará en comprobar con amargura que su pueblo tendrá para ella un papel de no menor importancia al de su hermana para el bienestar de la isla.

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