Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 16

 De artesanías con el Caballero de la Luna

 Con el amanecer, los pájaros que alborotaban el bosque despertaron a Ëlen. La pequeña, emocionada, se levantó a toda prisa para verlos y escucharlos. Nada amaba más hacer por las mañanas. Una pareja de cabecitas negras revoloteaba por el árbol que guarecía a las niñas, Ëlen los saludó alegremente. Los pajaritos, encantados como por magia por la simpatía de la pequeña, agitaron las alas y piaron nerviosos por el cascarón translúcido que los repelía. Ëlen entonces corrió por su arpa; con unas notas alegres el cascarón se desvaneció y los pájaros así cantaron jubilosos en las manos de la pequeña, quien, toda alegría, procuró imitar sus trinos tal como gustaba hacer con cualquier pájaro. Pero bruscamente los cabecitas negras se alejaron. Algo los había asustado.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 15

 El juego termina a los almohadazos

 -¡Ruri, Sauron debió haber usado la Espada Gekigan!

 Gai devolvió la taza al osito que hacía de mayordomo en la cabaña. Estaba indignado por el desenlace de la batalla y no tenía ganas de chocolatadas ni pasteles. La pequeña lo miró impasible y replicó:

 -¿Por qué insistes, Akito? Conoces el funcionamiento de la Omoikane. Ella es la que escribe la historia. Recopila lo que pensamos, relaciona lo aprendido con su bagaje de conocimientos, y el resultado es una narración.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 13

La Omoikane

 -¿No vamos a jugar con las cartas? ¿Y cómo haremos para pelear?

 La Principita preguntó por la baraja de Arwen. Creía que un duelo de cartas zanjaría la contienda con Sauron, pero Gai dijo que tenía preparado algo más emocionante. El niño no aclaró más. Abrió el armario que daba a su espalda, hurgó entre las ropas amontonadas y sacó una esfera de cristal. El pequeño contó que era obsequio de Ruri, una amiga más chica que ellos, de tan solo cinco años. Dijo que era una niña por demás inteligente, que podía contar números que hasta los altos elfos desconocían; memorizaba libros, recitaba La Balada de Leithian en las lenguas cultas de Arda y conocía buena cantidad de genealogías, incluso la de algunos hobbits célebres —para el ámbito hogareño de los medianos—, que eran interminables y hubiesen exasperado la paciencia a los mismísimos ents.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 12

Hacia Mordor

 Era la hora del almuerzo. Gai trajo pan, rodajas de queso y jugo de manzanas y naranjas, y continuaron con el juego mientras comían. Ëlen había logrado una buena ventaja y encaminaba a Sam, a quien había arropado con la carta de «El Gran Guerrero Élfico», hacia donde los orcos habían confinado a Frodo, la Torre de Cirith Ungol. Gai, sabiendo que las niñas se habrían negado a seguir jugando de toparse con su guardiana, se cuidó de reemplazar por un orco de aspecto chistoso a la terrible Ella Laraña.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 11

Un ludo de la Tierra Media

 Los niños despertaron. Los copos de nieve caían pesados sobre la ventana ante la que Eiko saboreaba una taza de chocolate. La Principita pensó en el Caballero de la Luna y se preguntó cuándo lo volvería a ver. Ëlen la llamó. La niña corrió a su encuentro, y ambas subieron al altillo donde Yurika y Akito, sentados en el suelo alfombrado y con el hogar que les sonrojaba las mejillas, terminaban de preparar el tablero con el que iban a jugar por la Esfera del Dragón. Akito, que insistía con que lo llamaran Gai, contó del juego a las pequeñas. Se trataba de retazos de historias y juegos que el niño había tomado prestadas para armar su propio juego, y consistía en que el jugador, con la suerte de los dados, pudiera llevar la ficha de su personaje a la meta. Quien llegaba primero, ganaba. Esto era todo. La Principita dijo que el juego parecía aburrido, pero Gai no le prestó atención y pidió a Ëlen que eligiera un personaje de los que ofrecían las cartas, ilustradas por él y Yurika. La niña se estuvo un rato indecisa y probó suerte con el dado como le indicó el niño. Yurika, estupefacta, exclamó:

 -¡Un seis!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 10

El niño del nombre raro 

 -¡Akito, mi héroe!

 Exclamó con un brinco y el puño en alto la niña de cabellos azules cuando vio que el niño había atrapado a la Principita. Añadió:

 -Sabía que vendrías a rescatarme. Esa enana que se peina raro robó mi tiara. ¡Castígala!

 -¿A quién le dices enana?

 Eiko se zafó de la presa que torpemente mantenía el niño, que tendría unos nueve años, y mal encaró a la chiquilla diciendo:

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 09

El robo de la Tiara de Ithil

 -¡Lin Rochallor! ¡Míralas!

 Al pie del saliente del monte, con la diestra haciendo de visera, Ithïliendil observaba a las niñas que joviales marchaban a través de los girasoles amarilleados por el sol de la mañana. Las águilas batían en el campo. El elfo sindar miró a su amigo de larguísimas crines y exclamó:

 -¿Qué esperamos? Se escabullen como mariposas las pequeñas traviesas, ¡y nosotros que las abandonamos a la suerte!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 08

La pintura de Cham-Cham

 Ëlen observaba intrigada la caracola. La pequeña no sabía qué hacer. Había querido atar la caracola al pecho del niño, pero no obtuvo más que ofuscadas volteretas y alaridos. Cham-Cham, viendo que la pequeña no lo comprendía, tomó la varita que había arrojado al suelo y se dispuso una vez más a bosquejar lo que deseaba. Pero entonces pensó en la gruta y con un jubiloso «Cham-Cham» tomó de la mano a Ëlen. La llevó hacia el estanque, y saltó con ella al agua. La Principita, pasado el desconcierto por el brusco proceder del niño, corrió tras ellos con la chimpancé y un par de monos pegados a sus talones.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 06

El juguete de Cham-Cham 

 Eiko se divertía con los monos mientras Ëlen daba un paseo por la selva escoltada por el niño salvaje a quien las niñas habían dado, como no podía ser más, el nombre de Cham-Cham. Cham-Cham había hecho mucha amistad con la Principita, pero su atención y diligencias tenían por especial objeto a Ëlen. La risa de la niña y su cantarina vocecita le evocaban recuerdos remotos, imposibles de recuperar para su memoria, como ser el del cascabeleo de un juguete, que lo ponían feliz.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 05

       Saga de las Esferas del Dragón

    Cham-Cham

 Una mariposa por allí, una flor por allá, una niña que tarareaba y otra niña que tañía un arpa, ambas escoltadas por un par de enormes águilas, marchaban hacia una selva situada en el extremo oriental de Gondor. Los garabatos de un pergamino les indicaban el sencillo trayecto a recorrer. Llegaron a la selva. Las niñas, dichosas por el paseo y maravilladas por el paisaje, se sentaron a orillas de un charco y comieron de las frutas que había en el suelo, y se pusieron a parlotear. Ëlen comentó:

 -¡Mira qué pájaro más raro! ¿Cómo hará para no caerse con el pico tan grande que tiene?

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 04. Parte 1

 Era una tardecita de primavera a la sombra de un jacarandá. La Principita estaba a los saltos dando golpes a un hornero con una ramita. Quería que los pajaritos asomen. La niña se cansó, y firme y decida trepó por el árbol. Cuando lo tuvo al alcance, introdujo su manito en el nido; un picotazo le enseñó que no debía husmear en casa ajena. Entre gimoteos la pequeña regresó al suelo, se sacudió los pedacitos de corteza de las manos y luego de un poco de indecisión las agarró con Isil. Como la gata quería un momento de calma, se desentendió de la niña y huyó hacia el bosque. La Principita la perdió de vista. La llamó por aquí, la llamó por allá, sin suerte. Entonces, con sumo entusiasmo, decidió que la búsqueda de su gatita era trabajo para la Soldadito de Ithil.

Isil se perdió en el bosque
(Este episodio lo escribí hace mucho y me resulta discordante con el resto. Puedes pasar a la 2da parte si no te gusta, que abriré con lo sucedido aquí)

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 03. Parte 2

(Anteriormente… Eiko tuvo una pesadilla en la ciénaga y entonces…)

 Lloviznaba a pétalos rosas. El Caballero de la Luna caminaba por un empedrado con el crepúsculo en el horizonte; dormida en la espalda, llevaba a Eiko. La niña despertó con un pétalo que rozó su mejilla. Todavía entre sueños, observó con sorpresa la garúa de flores que caía de unos árboles desconocidos. Se dio cuenta que la cargaban y exclamó:

 -¿Ithïlien?

 El caballero respondió:

 -No, Pequeña Dama. Soy el Caballero de la Luna, como has dado en llamarme. Un bello apodo. Gracias.

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