Dune, Frank Herbert

 Cumplida una deuda de años. Desde el mítico Dune 2 de Megadrive que he querido vivir más del universo de Arrakis. Este deseo fue relativamente satisfecho con la excelente miniserie de Hallmark Channel, pero cuando supe que el videojuego y demás versiones estaban basados en un libro, con todo lo que esto significa; poder apreciar reposadamente y con mayor inmersión y detalles del mundo que me había brindado el juego, pues que la novela pasó a ser uno de mis mayores objetivos literarios.

Una breve reseña.

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Huevo del Dragón, Robert L. Forward

 Corría el año 2020 y una novel astrónoma descubre una estrella de neutrones que va de camino al sistema solar. La comunidad científica se revoluciona. Pasan los años, y la humanidad manda una expedición que estudiará la estrella, el «Huevo del Dragón» como se la llamó.

 Cuando la tripulación arribe a destino, capitaneada por el nieto de la científica que había hecho el descubrimiento, encontrará que la estrella ocultaba otro atractivo, uno mucho más importante y decisivo para la humanidad: vida inteligente, pero una vida inteligente infinitamente insospechada, pues la civilización que prosperaba en Huevo del Dragón no medía más que un milímetro de diámetro. Esta civilización eran los «cheela».

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La botella al mar de Liara

 Antes que nada. Esto tendrá destripes de Mass Effect 3, de poca relevancia, pero destripes al fin.

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 Esta sugerente captura es tal cual lo que muestra, no es que la haya recortado, ja. Liara va hacia el camarote de Shepard, con un artilugio en las manos; se oye una música melancólica de piano, apropiada para la guerra que se estaba librando con la esperanza puesta en el plano impreciso de un arma y en el resistir lo que se pueda.

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Mundos Nave: Asimov y la exploración espacial

 Hace un tiempo leía unos libros de Asimov donde, entre otras cosas, el buen doctor especulaba acerca del contacto en el espacio con inteligencias extraterrestres. Luego de descartar, por complicaciones y limitantes varias, los viajes a la velocidad de la luz, el uso de la hibernación en lo astronautas y el envío de sondas, Asimov propone una idea que me resultó, con el adjetivo que debe ser, fascinante: los “mundos nave”.

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Blade Runner en unas imágenes

 Blade Runner es una película que de tanto en tanto me gusta mirar como si disfrutara de un paisaje. La película ofrece multitud de vías de análisis e interpretaciones, pero a mí me llega primero por lo visual —la música obra lo suyo—. Para el que siente descontento con lo cotidiano, con su ciudad que en lo estético resulta aburrida, imaginerías como las del Cyberpunk son recibidas como un lindo recreo.

 Bien, esto va simplemente de algunas de mis imágenes favoritas de la peli.

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 Imagen célebre. La propaganda con la japonesa en la pantalla. Un paraje de ciencia ficción común y corriente que una figura exótica para nuestra sociedad hace fascinante. El taxi que vuela y los rascacielos de innúmeras ventanas iluminadas no son más que el portón de acceso; la geisha es quien nos recibe y dice: “Bienvenidos, esto es el futuro”. Sigue leyendo

Elemental, mr. Data

 Hace unos días este episodio de la segunda temporada de la Nueva Generación me dio la excusa para una entrada, que andaba con ganas de comentar lo que me gusta de la serie. El episodio es de esos que al principio me hacen bufar con un “otra vez con la dichosa sala de hologramas, simulando que están en una época similar a la mía, u anterior, como para sacar un capítulo barato; ¡quiero bichos raros, planetas, paradojas temporales, ciencia ficción!”

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 Data como Sherlock Holmes (Geordi hacía de Watson), en la sala de hologramas. Las aventuras del inspector supieron entretenerme lo suyo, pero como no miro Star Trek para que me cuenten una historia que ocurre en nuestro pasado, estas cosas, como dije, me fastidian. Pues bien, transcurren los minutos y mi opinión, como pasa siempre, se torna favorable.

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Ellie Arroway. Contacto, Carl Sagan

 «Ellie solía contemplar a Venus e imaginar que se trataba de un mundo semejante a la Tierra, poblado por plantas, animales y civilizaciones, pero todos distintos de los que tenemos aquí. En las afueras del pueblo, después de ponerse el sol, levantaba la mirada al cielo y escudriñaba ese puntito luminoso.»

 Ellie, cuando niña. El comienzo de la novela, que por el tono romántico que le imprimió Sagan uno entiende autobiográfico, da cuenta de los primeros pasos de Ellie en el mundo de la astronomía, con un Sagan que nos cuenta del placer y maravilla que hallaba el personaje en la contemplación de las estrellas, y luego de sus primeros pasos académicos, que la llevarían, una vez doctorada, a ir en busca de su sueño: la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Amo esta parte de la novela.

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Darth Plagueis, James Luceno

 En la escena de la imagen, Palpatine contaba a Anakin acerca de un sith desconocido, sugiriendo con sus expresiones y silencios que hablaba sobre su maestro, un sabio que hurgaba en lo prohibido, Darth Plagueis. Esto daba mucho para imaginar. El mentor del Emperador se trataba de un ser oscuro, que excedía el concepto que refería a los Sith como sujetos que se afanaban por el mero poder; Plagueis buscaba la manipulación de la vida, como un nigromante. La figura del Emperador entonces nos surgía aún más sombría por la presencia de un maestro terrible.

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La estrella de Pandora y Judas Desencadenado, Peter Hamilton

 Una reseña de estas novelas. En un futuro distante donde el humano ha conquistado buena parte de las estrellas vecinas gracias a la tecnología de agujeros de gusano, un astrónomo descubre que una de las estrellas de un sistema binario aparece cercada por una esfera Dyson. La Federación, el gobierno de aquella sociedad galáctica, discute el descubrimiento y concluye en el envío de una nave expedicionaria.

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 Eso no más sobre la trama, porque decir más es destripar lo que oculta la estrella —nada amistoso como sugiere el título—. La saga, por llamarla de alguna forma pues en realidad se trata de una novela segmentada en dos, puede resultar durar de roer al comienzo con tanto personaje y trama que se abre a cada capítulo y especialmente con la prosa minuciosa y caudalosa de Hamilton que, en la escena en la que describe un vuelo en una especie de ala delta, logró que lo insultara. Y eso que a mí me encantan las novelas descriptivas.

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La saga de Los Señores del Cielo, John Brosnan

 Mi primer reseña. Leí esta saga a los diesciseis años. En una época en la que no me interesaba otra cosa que los videojuegos y el anime, la obra de Brosnan me retornó el gusto por la lectura que había dejado con la infancia. En un futuro que nos adelanta un par de siglos, el mundo está en ruinas como consecuencia de las Guerras Genéticas. Las sociedades medran en poblados despojados de futuro, asfixiados por las plagas y mutaciones que derivaron de una ciencia que había mejorado a niveles inconcebibles la vida y sociedad humanas, tanto que los humanos envejecían hasta los treinta y cinco años y vivían hasta los doscientos años, tiempo en el cual un día cualquiera el reloj biológico se detenía y una persona moría apaciblemente.

 En uno de aquellos asentamientos crecía Jan Dorvin, la protagonista de la historia. Una joven de diescinueve años, hija de una de las matriarcas de la nación de Minerva, sociedad que regían las mujeres y donde los hombres, a quienes se los había atemperado a través de la manipulación genética, ocupaban lo que la mujer en la Grecía clásica, labores de reproducción. Minerva básicamente era una sociedad de lesbianas, y esto a mi edad de entonces, y hablo de los todavía no muy progresistas noventas, había hecho de mi imaginación un bullicio. Bien, entonces aparece uno de Los señores del Cielo. ¿Quiénes eran esta gente? Eran una especie de trasatlánticos más que gigantescos que, si mal no recuerdo, antes de las Guerras Genéticas, los gobiernos habían liberado para tareas humanitarias. Con el apocalipsis desatado, los grupos de poder pugnaron por hacerse con estos Olimpos navegables, últimos depositarios del conocimiento y tecnologías humanas, si bien esto con el tiempo se iría perdiendo, pues las naves eran gobernadas por computadoras y casi no quedaba gente con la especialización necesaria para conservar y legar lo poco que había quedado de cultura.

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