Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 60

El plan de Silky

 Silky, a unos pasos del cerezo y con Eiko que exultaba a su grupa, gritó a la pequeña que recostara fuerte la cabeza contra su hombro y que cerrara los ojos. La niña obedeció, ya algo inquieta ante el árbol que se erguía imponente y con Silky que corría rápido hacia el. De pronto, sintió como si la tiraran violentamente del cuello; dio un grito por el susto. Pero entonces sintió denso el aroma a cerezo, tanto que le cosquilleó la nariz y le hizo dar un estornudo. Habían dejado de correr. Silky dijo:

 -Puedes abrir los ojos. No temas.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 40

La Puerta de los Fantasmas

 Eiko había dejado atrás el Estanque de los Sapos y se hallaba sentada entre unas enormes piedras. Todavía podía ver a Gamabunta y a su pipa que humeaba entre los cerezos. A unos metros de la niña, había un puentecito de madera levantado sobre un arroyuelo de furioso cauce y que conducía a una nueva espesura del bosque. El Bonta había pedido unos minutos a la niña, pues Mei Ling 3 se había reportado. Para alegría de la Principita, Ëlen se encontraba bien, a gusto como Pulgarcita. Del Espantapájaros no hubo noticias. Esto no fue del agrado del Bonta, que pidió a Mei Ling 3 que tratara de ver en qué andaba el muñeco, y si podía también Silky. Pero de todo esto el Bonta no dio cuenta a la Principita.

 -Bien, mocosa, en marcha.

 -¡Pero hay un guardia!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 34

Preparando a Eiko para el bosque I

 Pasado a Eiko el capricho de que Vivi la convirtiera en Pulgarcita, pues pasado el relato de Mei Ling la niña estuvo un buen rato machando al mago con ello, el Bonta explicó lo que había planeado para rescatar a Ëlen. Se trataba de un plan temerario con el que Vivi se mostró en desacuerdo. La niña tendría que atravesar el bosque para después entrar inadvertida, siempre que no la pescaran los guardias, a La Casa de las Muñecas. El mago encontraba la tarea muy peligrosa para la Principita. Pero el Bonta terminó por convencerlo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 32

Mei Ling

 -Vamos, niña remolona, ¡arriba! Tenemos mucho trabajo.

 La Principita sintió que la llamaban. Era un osito de peluche, uno que tenía aspecto gruñón y que hablaba, cosa que la hizo reír, pues nunca supo de un peluche que hablara fuera de aquellos a los que ella y Ëlen solían prestar sus voces. Pero no le dio más atención; era la hora de dormir, no para jugar, y se tapó con la capa que la cobijaba, se abrazó a la muñeca que tenía a un costado y, después de prometer al peluche que cuando despertara jugarían todo el día, con una plácida sonrisa prosiguió a lo suyo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 31

  Los caprichos de Eiko

 El Bonta no parecía estar jugando. Eiko, pues, ante la indicación del peluche con la ballesta, se sentó temerosa y callada en la silla que le acercó Vivi. La niña, queriendo algo de abrigo, tomó de la mano a su amigo. El mago preguntó:

 -Señor Bonta…

 -Cierra la boca, mago. Yo haré las preguntas.

 El peluche, viendo que Eiko estaba al borde del llanto, añadió:

 -Y tú, que no te oiga llorar, eh. Llora lo que quieras, pero en silencio.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 30

Subsaga de la Niña Serpiente

El Bonta

 Vivi hurgaba entre la pila de almohadas, muñecas y peluches a la que cayeron cuando cerró el portal. Estaba oscuro. El mago supuso que se hallaban en un cuarto para depósito de trastos, de cosas que habrían aburrido y hartado a Silky. Muchos de los muñecos quizás fueran experimentos malogrados, imaginó el mago, que se desoló con el pensamiento de que un esbozo de Vivi pudiera estar entre ellos. La Principita, en tanto, entre intervalos de gimoteos y moqueos, repicaba incansable el nombre de su amigo. Con la paciencia que le era habitual, el mago respondió que debía encontrar el báculo para que tuvieran lumbre y que pronto estaría con ella.

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