Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.40

La Puerta de los Fantasmas

 Eiko había dejado atrás el estanque de los sapos y se hallaba sentada entre unas enormes piedras. Todavía podía ver a Gamabunta y a su pipa que humeaba entre los cerezos. A unos metros de la niña, había un puentecito de madera levantado sobre un arroyuelo de furioso cauce y que conducía a una nueva espesura del bosque. El Bonta había pedido unos minutos a la niña, pues Mei Ling 3 se había reportado. Para alegría de la Principita, aunque también para su envidia, Ëlen se encontraba bien, a gusto como Pulgarcita y divirtièndose mucho con las muñecas de Silky en una casa que era todo muñecos, juguetes y dulces. Del Espantapájaros no hubo noticias. Esto no fue del agrado del Bonta, que pidió a Mei Ling 3 que tratara de ver en qué andaba el muñeco, y si podía también Silky, que lo último que supo de la niña era que había pedido que le llevaran el clavicordio a su habitación, cosa que tenía intrigado al peluche, que pensaba que la niña no tendría ganas para la música. Pero de todo esto el Bonta no dio cuenta a la Principita.

 -Bien, mocosa, en marcha.

 -¡Pero hay un guardia!

 La niña señaló el extremo opuesto del puente mientras miraba con el catalejo. Un guardia del Batallón Pluto recorría los alrededores. El Bonta la amonestó:

 -Oye, el catalejo no es para jugar. Puedes observar perfectamente al guardia desde donde estás sin el catalejo. Guárdalo en la mochila, y saca la Maza Chillona.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.35

 Preparando a Eiko para el bosque II

 Al cabo de un rato de parloteos y de risas, el Bonta consideró suficiente el recreo que había tomado la Principita para lucir las ropas nuevas, y ordenó a Vivi:

 -Mago, cubre con este trapo la voluta del báculo y enciéndela. Descuida, lo apagaremos enseguida.

 Vivi, pues, prendió el báculo en el cántaro de en medio de la mesa que todavía chisporroteaba con los restos de muñeca. Como la magia habría puesto en alerta a las muñecas de Silky, el mago no podía valerse de un hechizo para hacer del báculo una antorcha. El Bonta entonces indicó al maguito que lo siguiera. Caminaron hacia un rincón; había un baúl, el peluche lo abrió y a espaldas de la tea que lo iluminaba, extrajo unos artilugios. Vivi apagó el báculo, y regresaron con Eiko y la abeja. La Principita abrió grandes los ojos cuando miró la carga sobre la mesa, y preguntó ilusionada:

 -¿Y estos juguetes? ¿Son para mí?

 El osito, tal habituaba, contestó secamente:

 -Creo haberte dicho que terminó el tiempo para jugar. Este será tu equipo para la misión. Como todas las cosas en este castillo de infantes, guardan la apariencia de juguetes, pero han sido preparados por mí para operaciones de sigilo, claro está, a llevar a cabo por una chiquilla como tú.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.34

Preparando a Eiko para el bosque I

 Pasado a Eiko el capricho de que Vivi la convirtiera en Pulgarcita, el Bonta explicó lo que había planeado para rescatar a Ëlen. Se trataba de un plan temerario, y Vivi se mostró contrario a que Eiko tuviera que llevarlo a cabo, pues la niña tendría que atravesar el bosque sola para después entrar inadvertida, siempre que no la pescaran los guardias, a La Casa de las Muñecas. Pero el Bonta terminó por convencerlo.

 -La mocosa no dará un paso sin que Mei Ling y yo sepamos qué es lo que pisara. Mago, has visto de lo que son capaces las abejas; tendremos cubierto los movimientos de la chiquilla, y de lo único que tendrá que preocuparse es de no estornudar sin mi permiso. Eh, tú, ¿oíste?
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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.32

Mei Ling

 -Vamos, niña remolona, ¡arriba! Tenemos mucho trabajo.

 La Principita sintió que la llamaban; era un osito de peluche, uno que tenía aspecto gruñón y que hablaba, cosa que la hizo reir, pues nunca supo de un peluche que hablara, con excepción de aquellos a los que ella y Ëlen solían prestar sus voces. Pero no le dio más atención; era la hora de dormir, no para jugar, y se tapó con la capa que la cobijaba, se abrazó a la muñeca que tenía a un costado y con una plácida sonrisa prosiguió con lo suyo, prometiendo al peluche que cuando despertara, jugarían todo el día.

 El Bonta, viendo que el asunto no iba por las buenas, levantó a la niña de los pies y la zamarreó como para que le saliesen pajaritos por las orejas, y la mandó derechito a la mesa, con la cabeza despierta y un poco dada vueltas. Le puso entonces un cuenco para que se lavara la cara, y sirvió un sobrio desayuno, mirado por la pequeña con desaprobación; Vivi, por su parte, dio las gracias. Los niños observaron la pizarra verde oscuro que colgaba de la pared. Eiko, mientras saboreaba la cucharita todavía pegajosa de miel, leyó: “Operación Muñeca de Trapo”.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.31

  Los caprichos de Eiko

 El Bonta no parecía estar jugando, y Eiko se sentó, como le indicó el peluche con la ballesta, temerosa y callada en la silla que le arrimó Vivi. La niña, queriendo algo de cobijo, tomó de la mano a su amigo, y el mago preguntó:

 -Señor Bonta…

 -Cierra la boca, mago. Yo haré las preguntas.

 El peluche, viendo que Eiko estaba al borde del llanto, añadió:

 -Y tú, que no te oiga llorar, eh. Llora lo que quieras, pero en silencio.

 El Bonta extrajo de su chaqueta una ciruela, de grandes ojos y amplia sonrisa que divirtieron a la Principita, y la dejó en la mesa. Vivi abrió grande los ojos. El peluche dijo, burlón:

 -Veo que la conoces. Llevo muchas. Bien, dejaré la ballesta en la mesa, sabiendo que tendrás las manos quietas.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.30

Subsaga de la Niña Serpiente

El Bonta

 Vivi hurgaba en la pila de almohadas, muñecas y peluches a la que cayeron cuando cerró el portal. Estaba oscuro. El mago supuso que se hallaban en un cuarto para depósito de trastos, de cosas que habían aburrido y hartado a Silky. Muchos de los muñecos tal vez fueron experimentos malogrados, y esta idea lo apenó; un bosquejo de Vivi podría estar entre ellos. La  Principita, por su parte, repicaba incansable, con intervalos de gimoteos y moqueos, el nombre de su amigo; con la paciencia que le era habitual, el mago dijo que debía encontrar el báculo, para que tuvieran lumbre, y que pronto estaría con ella,

 Vivi por fin dio con el báculo. Se arrimó a Eiko y tomó a la niña de la mano; ésta se calmó, y el mago se dispuso a encender el báculo. Para decepción de la Principita, iluminó lo que una luciérnaga.

 -Ten paciencia, Eiko. Hay demasiados muñecos por aquí y debo ser cauto con el fuego. ¿Ahora está mejor?

 -Sí.

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