Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 65

El panal de abejas

 Las niñas se pusieron en marcha. Silky iba delante tirando de la mano a Eiko, que recelaba del sombrío empedrado que se hallaban transitando, un cerrado sendero enmarañado de cerezos llorosos donde no había más luz que la dada por las farolas de piedra puestas a lo largo del camino. El sol comenzó a titilar en las flores más altas, cubiertas de rocío. La senda, para tranquilidad de la Principita, se fue abriendo. Silky se detuvo de golpe; agazapada, indicó a que Eiko hiciera lo mismo, y señalando hacia delante pidió que mirara. La Principita exclamó:

 -¡Un guardia!

 Mogu, con el pompón de la cabeza que le brincó inquieto, asomó de la chaqueta de la pequeña y exclamó:

 -¡Qué miedo, kupo!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 39

Gamabunta

 La Principita, tumbada dentro de un tronco hueco que yacía en la hierba, cargó el tirachinas con una nuez de Kupo y apuntó hacia el estanque cuidando que el arma no asomara de la abertura y la dejara al descubierto como le advirtió el Bonta. Las manos le temblaban. No podía apartar la vista de los guardias del Batallón Pluto que pescaban distraídos a unos pasos, a la sombra de la enorme estatua del sapo que fumaba pipa y que la niña se había esforzado por no mirar, aun cuando Mei Ling le insistió con que la estatua «no comía niños» y que no habría de despertar. La abeja creyó conveniente no contarle que las muñecas de Silky podían despertar al sapo si liberaban el sello impreso en su lengua.

 Eiko marró el disparo, que dio en un guardia cuando debía haber caído en el agua para distracción. La pequeña cerró fuerte los ojos y se cubrió la cabeza con las manos creyendo que la habían descubierto; pero para risa de Mei Ling, el guardia echó la bronca a su compañero, que lo miró atónito. La abeja animó a que la niña observara la escena. Ambos guardias discutían acaloradamente, con gestos tan ampulosos y expresivos que hicieron reír a la Principita. El Bonta, que no estaba para teatrillos, exclamó irritado:

 -Oye, mocosa, ¿qué rayos estás esperando? Aprovecha que esos dos tontos te han dado la oportunidad y ponte en marcha. ¡De prisa! ¡Y no levantes la cabeza hasta que Mei Ling te lo diga!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 38

 El Batallón Pluto 

 Eiko examinó el suelo con la lumbre. No sabía qué debía buscar. El Bonta se había limitado a pedirle que contara de cualquier cosa que le llamara la atención. La niña dio con un caracol. Sin consultar al osito, lo agarró y se lo quedó mirando contenta; pero para su decepción, el caparazón se le partió entre los dedos. La pequeña se apenó y preguntó a Mei Ling por cómo podría reparar la «casita» al caracol, que ella no quiso romperla. El Bonta cortó raudo el asunto:

 -El caracol está muerto. Alguien lo pisó. Mei Ling cuando recorrió el árbol no detectó signos de vida, no al menos de nada que tuviera un tamaño relevante, así que tú no puedes haber sido. Procuraremos saber quién fue.

 El Bonta ordenó a la Principita que se «deshiciera» del caracol y que continuará recorriendo el suelo con la farola. La niña pasó un rato dando breves círculos hasta que halló pisadas, según le había advertido Mei Ling, que había volado de la oreja de la niña para echarle una mano con la pesquisa, y se demoró en ellas. Con el aliento y la guía de la abeja, pudo contar al osito que las huellas no pertenecían a un animal y que correspondían a alguien que vestía gruesas y grandes botas. El Bonta dijo:

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