Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 15

 El juego termina a los almohadazos

 -¡Ruri, Sauron debió haber usado la Espada Gekigan!

 Gai devolvió la taza al osito que hacía de mayordomo en la cabaña. Estaba indignado por el desenlace de la batalla y no tenía ganas de chocolatadas ni pasteles. La pequeña lo miró impasible y replicó:

 -¿Por qué insistes, Akito? Conoces el funcionamiento de la Omoikane. Ella es la que escribe la historia. Recopila lo que pensamos, relaciona lo aprendido con su bagaje de conocimientos, y el resultado es una narración.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 13

La Omoikane

 -¿No vamos a jugar con las cartas? ¿Y cómo haremos para pelear?

 La Principita preguntó por la baraja de Arwen. Creía que un duelo de cartas zanjaría la contienda con Sauron, pero Gai dijo que tenía preparado algo más emocionante. El niño no aclaró más. Abrió el armario que daba a su espalda, hurgó entre las ropas amontonadas y sacó una esfera de cristal. El pequeño contó que era obsequio de Ruri, una amiga más chica que ellos, de tan solo cinco años. Dijo que era una niña por demás inteligente, que podía contar números que hasta los altos elfos desconocían; memorizaba libros, recitaba La Balada de Leithian en las lenguas cultas de Arda y conocía buena cantidad de genealogías, incluso la de algunos hobbits célebres —para el ámbito hogareño de los medianos—, que eran interminables y hubiesen exasperado la paciencia a los mismísimos ents.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 12

Hacia Mordor

 Era la hora del almuerzo. Gai trajo pan, rodajas de queso y jugo de manzanas y naranjas, y continuaron con el juego mientras comían. Ëlen había logrado una buena ventaja y encaminaba a Sam, a quien había arropado con la carta de «El Gran Guerrero Élfico», hacia donde los orcos habían confinado a Frodo, la Torre de Cirith Ungol. Gai, sabiendo que las niñas se habrían negado a seguir jugando de toparse con su guardiana, se cuidó de reemplazar por un orco de aspecto chistoso a la terrible Ella Laraña.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 11

Un ludo de la Tierra Media

 Los niños despertaron. Los copos de nieve caían pesados sobre la ventana ante la que Eiko saboreaba una taza de chocolate. La Principita pensó en el Caballero de la Luna y se preguntó cuándo lo volvería a ver. Ëlen la llamó. La niña corrió a su encuentro, y ambas subieron al altillo donde Yurika y Akito, sentados en el suelo alfombrado y con el hogar que les sonrojaba las mejillas, terminaban de preparar el tablero con el que iban a jugar por la Esfera del Dragón. Akito, que insistía con que lo llamaran Gai, contó del juego a las pequeñas. Se trataba de retazos de historias y juegos que el niño había tomado prestadas para armar su propio juego, y consistía en que el jugador, con la suerte de los dados, pudiera llevar la ficha de su personaje a la meta. Quien llegaba primero, ganaba. Esto era todo. La Principita dijo que el juego parecía aburrido, pero Gai no le prestó atención y pidió a Ëlen que eligiera un personaje de los que ofrecían las cartas, ilustradas por él y Yurika. La niña se estuvo un rato indecisa y probó suerte con el dado como le indicó el niño. Yurika, estupefacta, exclamó:

 -¡Un seis!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 10

El niño del nombre raro 

 -¡Akito, mi héroe!

 Exclamó con un brinco y el puño en alto la niña de cabellos azules cuando vio que el niño había atrapado a la Principita. Añadió:

 -Sabía que vendrías a rescatarme. Esa enana que se peina raro robó mi tiara. ¡Castígala!

 -¿A quién le dices enana?

 Eiko se zafó de la presa que torpemente mantenía el niño, que tendría unos nueve años, y mal encaró a la chiquilla diciendo:

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