Cartas, Tolkien

 Cartas es una extensa selección de la correspondencia hallada entre las cosas del profesor y que fue elaborada por Humphrey Carpenter, su biógrafo, con la asistencia de Christopher Tolkien, custodio del universo de su padre.

 Un libro de lectura obligada para el fan de la obra de Tolkien.

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El zorro de El Señor de los Anillos

 Cuando Frodo, Sam y Pippin parten de la Comarca camino a Los Gamos, después de un trecho de recorrido, cuando los sorprende la noche, paran en una loma poblada de abetos. Preparan la fogata, cenan, no recuerdo si fuman algo de pipa, y se echan a dormir.

 Entonces ocurre una situación sumamente extraña para lo que habremos de encontrar en la novela: un zorro que habla, o más precisamente, un zorro que curioso se pregunta por la inusual compañía que descubre merodeando por ahí.

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¿Quién es Tom Bombadil?

 Tom Bombadil es de los personajes que más debates origina entre los fans de Tolkien. Todo en este personaje pintoresco es extraño y maravilloso; Bombadil, tanto como su esposa, la jovial Baya de Oro, es un personaje que parece salido de los cuentos de hadas para niños. No obstante, otra es la historia en El Libro de los Cuentos Perdidos, la recopilación de los relatos que Tolkien había escrito de joven y que fueron la base de El Silmarillion.

 En esos relatos, Eriol es un navegante, descendiente de Earendel, quien habría de ser el Eärendil del Silmarillion, que descubre la Cabaña del Juego Perdido, el hogar de unos tal Lindo y Vairë. Para entrar a la cabaña, Eriol debió volverse diminuto, tal como eran los elfos de su tiempo, y entonces pudo disfrutar de las historias de la hermosa gente, contadas después de que llamara Tombo, el Gong de los niños, en la Habitación del Leño Encendido. El Silma primigenio, pues, empieza no como una crónica erudita de mitos y leyendas sino como la puesta en escena para un largo relato para niños. La estancia de los hobbits en casa de Bombadil y Baya de oro parece una recreación de los días de Eriol con Lindo y Vairë en la Cabaña del Juego Perdido:

 “Llueve demasiado para los hobbits (…) Día bueno para cuentos largos, para preguntas y respuestas, de modo que Tom iniciará la charla.”

 Pero me fui por las ramas —es que amo los Cuentos Perdidos—, así que vamos con el motivo de la entrada, que son las enigmáticas palabras de Gandalf sobre Tom Bombadil, dichas a poco de concluir El Señor de los Anillos.

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Las muertes que no fueron en El Señor de los Anillos – Éowyn

 “Éowyn, doncella de Rohan, descendiente de reyes, flexible como un junco pero templada como el acero, hermosa pero terrible.”

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 La entrada viene de acá: Las muertes que no fueron en El Señor de los Anillos.

 Éowyn es el personaje que mejor representa la idea de una muerte que no fue. Éowyn era una doncella que quería destacar en batalla; era valiente, sabía usar la espada, aspiraba a la vida de un guerrero. Era lo que en las sagas nórdicas se conoce como una skjaldmo, una doncella que combatía con espada y escudo; inspiración, por lo que se comenta, para Tolkien. Pero la guerra no era oficio para las mujeres en el mundo de la Tierra Media, no en tanto existieran varones en Rohan. De ahí que Éowyn se enamorara de Aragorn. Como explicó el montaraz, Éowyn amó en él aquello a lo que a ella le era negado por su condición de mujer.

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Las muertes que no fueron en El Señor de los Anillos

 Leía una vez a una persona, no recuerdo si en una web o foro, que criticaba a Tolkien porque no había matado a nadie. Decía que el profesor se había encariñado con los personajes y que esto trabó el desenlace que les habría correspondido.

  Me parece un cuestionamiento atendible, pues puede decirse que El Señor de los Anillos es una historia que bebe de tradiciones germanas, cuyo título es deudor de una figura que usaron los poetas de aquellos pueblos, las kenningar (como cuenta Borges, en este caso, una construcción que refería al rey), y en la que apenas muere nadie en batalla como mandaban los Eddas. Tenemos acabados ejemplos en Boromir, a quien Tolkien incluso dedica un funeral “vikingo”, y en el rey Theoden, pero sus muertes eran, digamos, esperadas; el primero porque había sucumbido al Anillo y el segundo porque una muerte honrosa era lo que demandaba su orgullo, mancillado por Lengua de Serpiente.

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Vána, la Valar que Tolkien olvidó

 Vana en el imaginario de Tolkien es una de los Valar que conforman el panteón de Arda. En El Silmarillion es presentada así:

 “Las flores brotan cuando ella pasa, y se abren cuando ella las mira; y todos los pájaros cantan cuando ella se acerca.”

 Una bonita imaginación, un tanto ingenua si se quiere. Vana es tan bonita y candorosa que Tolkien le consagra los tópicos de la naturaleza que en la poesía refieren lo bello. No es poco. Seguro que los poetas élficos encomendaban sus versos a Vana. Bien, esto y una sugerida relación con la Primavera es todo lo que Vana tiene para ofrecernos. La valier, pues, en El Silmarillion es un personaje menor.     vana-tolkien

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Melian la Maia (El Silmarillion)

 “Se dice que los Valar abandonaban el trabajo, el bullicio de los pájaros de Valinor se interrumpía, las campanas de Valmar callaban y las fuentes dejaban de fluir, cuando al mezclarse las luces, Melian cantaba en Lórien… Los ruiseñores iban siempre con ella, y ella era quien les enseñaba a cantar…y allí antes del alba, la voz de Melian y las voces de los pájaros llenaron el silencio de la Tierra Media.”

 Este es el comienzo del capítulo 4 de El Silmarillion, “De Thingo y Melian”. Es de las entradas más bellas que he leído, y una de las que más me ha marcado. Uno de mis grandes placeres de literatura es la lectura de estas construcciones en las que una mujer es presentada bajo lo fabuloso, y por eso cuando descubrí estas líneas poco menos que juramenté de inmediato y para siempre amor a Melian. Cosas de espíritus románticos, je.

 ¿Por qué me parece tan maravilloso ese párrafo? Por el modo en que Tolkien decide presentarnos a Melian, por las imágenes que escoge para ilustrar lo bello —en el sentido amplio de la palabra— del personaje y por el símbolo que le concede. Valinor era una tierra de maravillas, algo así como el Olimpo en Tolkien, y ocurre que Melian cuando cantaba esas maravillas quedaban en suspenso. Los Valar —los dioses— dejaban sus obras por escucharla, las campanas, tan hermosas en un paraje bucólico, dejaban de tañir y las fuentes se aquietaban y por tanto, hasta uno de los sonidos más hermosos que nos obsequia la naturaleza, que es el murmullo del agua, se rendía al encanto de Melian.

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