Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 59

Eiko y Mogu

 Eiko miraba al peluche con maravilla y felicidad. ¡Mogu había cobrado vida! Mogu, con los brazos cruzados, las alitas de murciélago que se batían incansables y el pompón de la cabeza que botaba a su aire, miraba desafiante a Silky, como si a su espalda se levantara la poderosa sombra de una bestia mítica. Silky, que por su parte no estaba viendo en Mogu más que a su peluche amado, se quitó la máscara, a la que dejó caer a la hierba, y con la voz entrecortada por la emoción dijo:

 -Mogu… ¿Cómo puede ser? Jamás te animé con mi poder. Siempre quise que permanecieras como cuando llegamos de…

 La niña miró a Eiko y cortó apenada la frase. Entonces, con ansiedad,  preguntó:

 -Soy Silky… ¿Puedes reconocerme?

 Con dulce vocecita, clara y alegre como la de una niñita, Mogu, para felicidad de la niña y el asombro y la gracia de Eiko, respondió:

 -¡Hola, kupo!

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 58

La Niña Zorro

 Silky miraba divertida a Eiko. Estaba satisfecha por verla asustada con su teatral aparición, si bien no la complacía el que haya sido su rostro descubierto y no la máscara del Kitsune lo que puso blanca a la niña. Pero como esta no conocía las historias de la terrible Niña Zorro, comprendió que no podría haber sido de otro modo, pues la máscara le otorgaba una apariencia de hada, algo maligna, pero de hada al fin, y sabía que causaría embeleso a la chiquilla. Entonces observó que la niña estaba abrazada a un pequeño peluche. El rostro se le iluminó fugazmente. ¡Era Mogu! Pero, una sombra de celos veló su felicidad. ¿Por qué tenía a Mogu?  

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 57

Kitsune

 Transcurrieron unos segundos después de que Eiko y Mei Ling atravesaron la puerta torii y dejaron el Río de los Cielos. La Principita, bañada por una luminosidad cálida y amable, como si caminara entre los rayos del sol de la mañana, sintió un cosquilleo que la hizo reír, entonces se sorprendió del otro lado del bosque de bambúes, en el Bosque de los Cerezos. Habían regresado al Castillo de Silky. La pequeña apareció en un sendero empedrado que se internaba entre los cerezos de ramas llorosas que crecían delante y que era iluminado por linternas de piedra. Estaba de noche, no se oía más que los grillos. La niña sintió liviana la mano; la miró y con estupor exclamó:

 -¿Y la sombrilla?

 Mei Ling voló de la oreja de la pequeña y dijo:

 -Con Kaguya, Principita. Mírate.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 56

 Las preguntas de Vivi

 A unas horas del amanecer, con Ëlen dormida entre las muñecas y abrazada a Kero y todavía esperando noticias de Eiko, el Bonta se dispuso a disfrutar de un recreo de las niñas. Cayó pesado sobre la silla. En la mesa humeaba una taza grande de té, la lumbre del cántaro iluminaba vacilante y Mei Ling 2, para fastidio del peluche, revoloteaba nerviosa. La abeja sabía que la Principita se encontraba bien, pero no aguantaba más estar sin saber de ella. El Bonta, gruñón, buscó alejarla de un manotazo. La abeja, ofendida y burlona, le enseñó el aguijón y voló hacia Vivi, que estaba sentado delante del Bonta con una taza, también de té, en las manos. No tenía ganas de pelear al peluche. Se posó en el sombrero del mago y miró al Bonta con un brillo pícaro en los ojos. Sabía que Vivi no tardaría en importunarlo con una pregunta.

 El mago se acomodó despacito el sombrero. El Bonta bufó.

 -Rayos, habla.

 -¿Disculpe, señor? No he dicho nada.

 -Anda, cuando te arreglas el sombrero es que algo te merodea la cabeza.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 55

Yumigami

 -¡Kazegami, vuela!

 Ëlen dio con el pico del bastón a la carta y echó a volar como una brujita por el largo pasillo de piso de madera que se abría ante la habitación de Silky. Kero volaba atrás, con Tomoyo que montada a su lomo transmitía, a través de la varita que no despegaba del ojo derecho, cuanto hacía Ëlen. Las muñecas, mirando a la pequeña a través de la bolita de cristal, vitoreaban. Mei Ling 3, medio oculta entres los almohadones de la cabecera de la cama, observaba, y con no menor emoción. El Bonta había encontrado peligroso que la abeja siguiera a Ëlen, así que le pidió que aprovechara la bola de cristal para mantenerlo al corriente de todo, especialmente en lo que refería al Espantapájaros.  El peluche encontraba sospechosa su ausencia y que no buscara vigilar con un mago negro los movimientos de Ëlen.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 54

 ¡Vamos a cazar cartas!

 Ëlen esperaba con el bastón en las manos, ansiosa por dar un golpe en cuanto Kero arrojara la carta Kazegami. Las muñecas estaban en silencio y expectantes.

  -¿Lista, pequeña? Ahí va…

 Kero dejó caer la carta. La niña entonces, antes de que la carta tocara el suelo, y como si golpeara con un pico, le asestó fuerte con el bastón mientras profería las palabras que le había enseñado el peluche:

 -¡Kazegami, vuela!

 La carta brilló cegadora. El bastón desapareció y la niña, perpleja, se encontró sentada en el aire sobre el, con las manos aferradas cerca de la base. La carta había desaparecido. Con maravilla, observó el par de grandes alas que salían de las gemas de la cabeza del bastón y que se batían leves a su espalda. Las muñecas gritaron felices cuando Ëlen, como una brujita de cuentos, a las risotadas echó a volar por la habitación.

 -¡Bravo, Ëlen! La carta Kazegami, por ser una carta de viento, te permite volar. Ahora, por favor, baja, o te estrellarás con algo.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 53

La Cazadora de Cartas

 -¡Kero, Kero, Kero!

 Las tres muñecas alborotaban como cachorritos alrededor de Kero, que estaba sentado sobre un almohadón del dosel con Pulgarcita, dichosa, montada a su cuello. El peluche, con poca paciencia para tales fiestas, buscando apaciguar los ánimos dijo a la muñeca de largos cabellos negros, peinados en un espeso flequillo y adornados con un crisantemo en la sien izquierda, y enormes ojos azabaches que respondía al nombre, traducido a la lengua común, de Luciérnaga en el Jarro de las Campanillas Blancas:

 -Hola, Luciérnaga. ¡Tanto tiempo! ¡Qué hermoso vestido que te ha hecho Silky!

 La muñeca, de unos treinta centímetros y que tenía la cabeza bastante grande en relación al cuerpo y el aspecto de una niña pequeña, llevaba un conjunto floreado de seda violácea, de largas y amplias mangas y abrochada a la cintura con fajín. Con graciosa etiqueta, con las manos dentro de las mangas opuestas y una corta reverencia, ensayó un gracias. A su derecha, la muñeca de cabellos celestes, peinados también con flequillo y que le caían de las sienes en una cascada que terminaba en pesados bucles, y ojos azules, apucheró al oír a Kero. La muñeca, siempre según la lengua común, se llamaba Lluvia que despierta las Hortensias. El peluche, conociendo de lo rápido que la muñeca se daba a las rabietas, se apresuró a comentar:

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 52

Kero

 Con las palabras proferidas por Ëlen, el viento que emergía de la carta creció en intensidad hasta dar forma a un remolino. Este para una niña cualquiera no habría resultado más que un simple viento que alborota las hojas secas caídas de un árbol. Pero para Ëlen, que medía lo que un pulgar, resultó una verdadera calamidad. La niña, pues, azorada, se vio dando vueltas por el aire como una mariquita, incapaz de sortear el capricho del viento. Lo mismo el pobre conejo y su farola.

 -¡Ay, Bonta! ¡El viento se lleva a la niña!

 La abeja volaba en dirección a Ëlen. No tenía el tamaño para cargar con ella, pero podría con su cuerpo protegerla de la caída. Pero el Bonta, con tranquilidad que desesperó a Vivi, exclamó mientras callaba al mago con un ademán de impaciencia:

 -Dejala. Pondrás en peligro la operación si te revelas.

 -¡Bonta!

 -¡Rayos, Mei Ling! Sabes que ese peluche glotón irá por ella…

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 51

La Carta

 Vivi observaba en silencio al Bonta, con la tea de los ojos temblorosa. Había pasado un largo rato del último contacto con Eiko. El peluche le había dicho que no tenía de qué preocuparse, que sabía dónde podía estar la niña, y que pronto tendrían noticias de ella. Pero que el peluche estuviera mascando nervioso de su puro y caminando de aquí para allá avivaba sus dudas, más todavía cuando insistía a Mei Ling 2, que reposaba distraída en la mesa, con la pregunta:

-¿Nada?

 La abeja, no obstante, con su acostumbrada simpatía, daba al mago alguna tranquilidad.

 -Oye, Bonta, sabes que cuando Mei Ling pueda contactar lo sabré. ¿Por qué mejor no preguntamos a Mei Ling 3 por Ëlen? ¿O es que tienes miedo de otra historia de Pulgarcita, ji?

 El peluche, de mala gana, y mirando la pesadumbre en los ojos de Vivi, respondió:

 -Rayos, hazlo. Necesito que el mago se distraiga un poco, o no lo tendré entero para lo que vendrá.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 50

Okami

 La almohadilla de lirio prosiguió plácida su curso por el Río de los Cielos. Eiko, que lucía jovial la sombrilla de Kaguya, parloteó con Mei Ling acerca de las constelaciones que Ammy iba descubriendo mientras pintaba estrellas con la cola. Pero a diferencia de lo ocurrido con Yomigami, las constelaciones no cobraron vida, se limitaron a enseñar sus formas. La abeja animó a la pequeña a adivinar qué animal representaban, y así se entretuvieron un rato.

 -¡Un conejo!

 -Muy bien, Principita. Ese conejo se llama Yumigami y es algo así como el hada de la luna. Lástima que tenemos prisa, porque de lo contrario Ammy te lo habría presentado.

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 49

Kaguya

 Yomigami, después de recibir complacido el tierno saludo de Eiko y Mogu, continuó su charla con Ammy. La Principita se quedó mirando al dragón y se preguntó si el dragón que buscaban despertar con Ëlen a través de las esferas sería igual de grande y si tendría la misma apariencia de un dibujo. Se preguntó luego si Ammy llamó al dragón para que los llevara hacia el otro lado del Río de los Cielos. Con ilusión, exclamó:

 -Mogu, ¿te gustaría volar en el señor dragón?

 -«Kupo».

 -¿No te daría miedo?

 -«Kupo».

 -A mí tampoco. ¡Qué emoción! Mei Ling, ¿el señor dragón nos va a llevar hasta la puerta de allá?

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Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 48

Yomigami

 Eiko, jocosa con su kimono y deliciosamente torpe con cada esforzado pasito que le demandaban las sandalias okobo, atravesó con Ammy y Mei Ling la puerta que se abría cegadora del tronco de Konohana. Llegaron al Río de los Cielos. Del ocaso en la bulliciosa Kamiki, el grupo pasó a una callada noche, con una luna menguante próxima y alegre. En el suelo cubierto de hierba, había dos llamas que crepitaban en cuencos puestos sobre trípodes de madera y que abrían paso hacia un puentecito. El grupo fue hacia el. La pequeña exclamó:

 -¡Qué grande que está la luna!

 La abeja comentó:

 -Es que estamos cerca del cielo. Fíjate que las estrellas también lucen más grandes.

 -Sí, se ven muy lindas. Parecen luciérnagas. Uy, ¡ahhh! ¡Gracias, Ammy! Casi me caigo. ¡Qué duras son estas sandalias! ¿No puedo ir descalza?

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