Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 63

Nuregami

 Ëlen, montada al Bastón del Sello, volaba tras Kero, que descendía raudo por la escalera caracol hacia la planta baja de la casa. El peluche había detectado la presencia de una carta en el jardín y conducía a la pequeña hacia ella. Las muñecas observaban embelesadas a la niña con sus trenzas al viento, las piernas extendidas y el rostro radiante por la emoción de bajar por la escalera a toda velocidad. Pero entonces Lluvia, con el ceño fruncido, acusó a Luciérnaga y Mariposa:

 -¡Miren! ¡Se le salió la capucha! ¡Ëlen ahora no se ve tan linda! ¡Seguro es culpa de ustedes, siempre tan tontas!

 Las hermanas de la muñeca, que estaban acostadas a su lado, echaron chispas de los ojos. Las tres empezaron a pelear, dos contra una y pronto todas contra todas en una refriega que involucró bolitas de mochi, almohadazos, tirones de cabello y sapos conjurados y arrojados hacia sus cabezas. Mei Ling 3 se había refugiado en la casita que Ëlen había usado cuando estaba como Pulgarcita, no sabía qué hacer para pararlas sin que corriera riesgo de delatarse. Pero entonces Mariposa, que estaba sentada a ahorcajadas sobre los hombros de Lluvia tirándole de los cabellos mientras entre airada y desesperada por la risa intentaba zafarse de Luciérnaga, que prendida a su piecito le estaba dando furiosas cosquillas, miró la bola de cristal y encontró que Ëlen había llegado al panel corredizo que tenía por decoración una pintura con pececitos de colores y que daba a un pequeño jardín. Las muñecas entonces dejaron sus rencillas y se apresuraron a arroparse entre las sábanas, ansiosas por ver qué esperaba a Ëlen en el “jardín de los peces”. Para satisfacción de las muñecas, la niña, sin dudas que por inquietud de Tomoyo, llevaba puesta otra vez la capucha de rana.

 Ëlen, todavía montada al bastón y con las piernas que le bailoteaban en el aire, saludó alegre al mago negro que estaba parado junto al panel. El mago respondió con un toque de sombrero y dijo:

 -El señor Espantapájaros me advirtió de su llegada. Me ha pedido que dijera a la señorita Ëlen que se divierta mucho y que por la tarde irá a merendar con ella, siempre que esto no importune su tarea con las cartas.

 La pequeña aceptó contenta. El peluche, por su parte, carraspeó divertido. Estaba seguro que el Espantapájaros no daría la cara en todo el día, no en tanto cierta carta particularmente peligrosa para el, como para todo muñeco, anduviera libre por la casa. El mago entonces, con otro toque de sombrero y después de haber corrido el panel para que Ëlen y Kero pasaran, se marchó con paso orondo y jovial, dichoso por el nombre que le había dado la niña y que era “Sombrerito”. Kero entonces dijo:

 -Puedes bajar del bastón, Ëlen. No sabemos que habrá en el jardín, así que mejor que lo tengas en la mano.

 La niña, con cierto desencanto, pues quería volar un ratito más, se apeó del bastón y lo regresó a su forma original. Siguió a Kero. La pequeña se quedó boquiabierta cuando puso un pie en el jardín. Con los ojos redondos por el asombro, observó una esbelta criatura que asomaba su largo cuello del estanque de piedras que ocupaba buena parte del jardín y que estaba apretujado de arbustos y decorado con una alta farola de piedra y un puentecito en arco que lo atravesaba. La criatura parecía una serpiente y, como la niña había encontrado en Yumigami, tenía el aspecto de una pintura en acuarela, con una serie similar de líneas carmesíes que le recorrían el cuerpo. De las sienes le asomaban una suerte de aletas con las puntas en espiral y ennegrecidas, al parecer, de tinta; los ojos los tenía bellamente rasgados y delineados en los extremos con carmesí.

 La serpiente era de una belleza propia de las más bellas hadas, pero lo que más tenía maravillada a Ëlen era que la serpiente parecía estar pescando, o mejor, cómo la sorprendió pescando, pues de la boca asía una red de papel de seda con mango a la que acababa de sumergir, sin suerte como pudo apreciar la niña, que exclamó:

 -¡Kero, mira! ¡Está pescando con una red, ji! ¿Qué es? Parece una víbora, pero es muy linda.

 El peluche, con el ceño fruncido, respondió:

 -Es la carta  de agua, Nuregami. Y sí, representa a una serpiente, aunque no de las comunes. Ahora prepara a Kazegami, pequeña, que aprovecharemos a capturarla, que está distraída.

 Para contrariedad de Kero, la niña negando con la cabeza exclamó:

 -¡No quiero!

 -¿Pero qué dices? Es peligroso dejarla suelta.

 -¡Es muy linda y no nos hizo nada malo!

 El peluche, se rascó la cabeza, impaciente. Tomoyo, por su parte, llevó la mano libre hacia el rostro y con este ladeado suspiró encantada por el candor de la niña. Pero entonces una expresión feroz mudó el rostro de Nuregami. La red se le había roto, y la arrojó fuera del estanque, y sin más hundió furiosa la cabeza en el agua, para emerger luego, para consternación de Ëlen, con un hermoso pececito de colores retorciéndose en la boca. Kero exclamó:

 -¡Ëlen, no hay tiempo! Nuregami se va a comer los kingyo del estanque!

 -¿Los kingyo?

 -Maldición, ¡los pececitos! Son pececitos de colores. Se llaman kingyo, y Silky y las muñecas aman jugar con ellos. ¡No podemos dejar que se los coma!

 Desde el dosel, las muñecas de rodillas ante la bola de cristal lloraban desesperadas y pedían por que la niña cazara la carta. La pequeña por fin se decidió; extrajo a Kazegami del bolsillo y la lanzó al aire para darle luego con el pico del bastón. Sin embargo, para suma frustración de Kero, a la niña se le dio por poner en práctica un gesto con el bastón que había ensayado con Tomoyo para, según la muñeca, lucir más linda como Cazadora de Cartas. Ëlen, pues, quiso dar un complicado giro de bastón, que terminó con este y la carta en el suelo. La niña, con Tomoyo con los ojos que le brillaban de ternura, que había contado con una inevitable torpeza de la pequeña, y con Kero que la impelía a que se dejara de juegos, entre risas por su descuido corrió por el bastón, que había rodado a unos pasos, y la carta y se preparó para usarlos de nuevo en Nuregami. Pero esta, alertada por el alboroto, se había hundido en el agua.

*Nuregami, otro de los dioses celestiales de Okami.

Y ya que estamos, recordemos que estas son las muñecas:

 Luciérnaga en el Jarro de las Campanillas Blancas (Luciérnaga), Lluvia que despierta las Hortensias (Lluvia) y Mariposa entre los Girasoles de la Tarde (Mariposa).

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