Juana de Arco por Jules Michelet

 Cuando terminé Recuerdos Personales sobre Juana de Arco, la novela de Mark Twain de la que he hablé tiempo atrás, me puse inmediatamente con la biografía de la Doncella escrita por Jules Michelet dentro de su Historia de Francia, publicada a mediados del siglo XIX.

 Se cuenta que los capítulos que componen esta biografía, que luego se publicaría como libro independiente bajo el título de The Maid of Orleans, junto a la publicación en francés de las Actas del Juicio por Jules Quicherat, hasta entonces de difícil acceso y disponibles solo en latín, fue responsable del crecimiento exponencial de los textos dedicados a Juana de Arco, hasta entonces un personaje cuasi legendario.

  Twain había usado esta biografía como fuente, aparte de los documentos traducidos por Quicherat, así que por esto mi interés por leerla, traductor mediante, para ver cuánto de su perfecta Doncella había en una obra que fue de capital importancia para definir y popularizar la figura de la Pucelle. Pues bien, para mí sorpresa, la Juana de Michelet no resultó menos romántica que la de Twain. Para que se den un idea:

 «Fue precisamente entre Lorena y Champagne, en Domremy, que la niña valiente y hermosa, destinada a llevar con bien la espada de Francia, vio la luz por primera vez.»

 Juana para Michelet es un personaje de romance, como me encanta decir siempre que puedo; en verdad que la llama leyenda viva, entiendo que la considera poco menos que un milagro, una suerte de Eneas para Francia. Su biografía hace de Juana de Arco el santo héroe patriótico que conocemos, tanto que por ver en Francia a una mujer encuentra que la libertadora de la nación no podía ser otra que una mujer con las virtudes de Juana.

 Para Michelet, por si lo anterior no fuera poco, la Doncella de Orleans es una leyenda que por echar, por su propia mano, luz en un mundo de tinieblas, encarnó, siempre en palabras del autor, por ser la poesía creación, la más alta poesía. Aunque la verdad prefiero la sencilla Juana que nos dejaron los dos juicios, siempre me da gusto leer estas loas.

 Pero a lo que venía, pues en realidad lo que buscaba compartir de Michelet son las siguientes palabras…

 “Ella tuvo la dulzura de los mártires antiguos.”

 De lo más hermoso que he leído sobre Juana. Michelet dice que la Doncella tenía la mansedumbre e ingenua bondad y confianza de los primeros mártires del cristianismo. Siempre tuve esa impresión, de que Juana parecía una cristiana de los siglos cercanos a Cristo, un personaje con la bucólica fe de aquellos tiempos. Esto, claro, es discutible, que al fin de cuentas Juana no fue la única mártir de la Edad Media y hubo muchos que destacaron y padecieron por una fe como la suya. Pero, como en alguna manera todo mártir cristiano rememora el calvario que en nombre de Cristo padecieron personas como Eulalia, por poner el primer ejemplo que se me ocurre, y como Juana es la mártir más famosa de la Edad Media, creo que es justo y bello el concederle con Michelet que ella tuvo la dulzura de los mártires antiguos.

 *Todo de lo que he hablado lo podrán encontrar en la parte y 23 de la biografía. Está en inglés. Con el traductor aún es disfrutable si le echan un poco de ganas. Vale la pena.

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