Juana dezfaziendo entuertos: La Poncella de Francia

 Las pesquisas sobre Juana de Arco en la web me han deparado otra linda sorpresa, y esta creo que mayúscula. Leyendo un sitio francés (desde ya que con el traductor) dedicado a Juana, en la sección de crónicas antiguas, encuentro que se habla de La chronique espagnole de la Pucelle. Curioso y con cierta emoción ante la posibilidad de saber que Juana sea parte de la historia literaria de nuestra lengua, doy click a la entrada, y ¿con qué me sorprendo? ¡Con una novela de caballería, La Poncella de Francia! ¡Juana un hidalgo! ¡Don Quijote tiene que haberla leído!

 Como de momento me ha sido imposible encontrar la novela (espero tener suerte en alguna biblioteca), me limitaré a comentar algo de lo que he leído acerca de ella.  

 Pensar en que las gestas de Juana estuvieron entre las lecturas que enardecieron el ánimo del Quijote es una linda imaginación, pero lo importante de La Poncella de Francia reside en todo lo que implica para Juana como personaje histórico. Según los estudiosos, la obra tiene que haber sido escrita entre 1470 y 1480, es decir, medio siglo después de la muerte de la santa. La novela es un testimonio cercano al tiempo de la Pucelle. Pero además, y todavía más significativo, es que la obra nos da una idea del asombro y admiración que habrá causado Juana, pues el protagonismo para una novela de caballería no se concede a cualquiera. Lo obrado por Juana fue tan grande que su vida pasó a ser tema de literatura épica, tal como siglos antes había ocurrido con los valientes hombres que dieron lugar a los cantares de gesta. Es extraordinario lo de esta chica.

 Pero todo lo que apareja esta novela para la figura de Juana de Arco no se agota con lo dicho. Escribe el autor:

 «La Poncella de Francia y de sus grandes fechos en armas, sacados en suma de la crónica real por un cavallero discreto, embiado por embaxador de Castilla a Francia por los sereníssimos reyes don Fernando y doña Isabel, quien a la presente se dirige.»

 La Poncella de Francia, como se puede apreciar, fue escrita para Isabel I de Castilla, quien con los años habría de ser, y para la posteridad, Isabel la Católica. Castilla (y toda España) era tierra de disputa, un contexto delicado y sombrío que semejaba al de la Francia de Juana, y entonces el escritor entiende que la historia de la Pucelle podría servir de aliento y modelo para la reina, y así escribe La Poncella de Francia. El autor, dicen los comentaristas, quiso dar a entender a Isabel que así como Francia fue salvada por una mujer dada por la Providencia, que lo mismo habría de suceder con Castilla. La historia, en cierto modo, le dio la razón.

 ¿Y a qué lleva esta relación entre Juana y la reina Isabel? No sé, no soy historiador ni nada por el estilo, así que no me atrevo a opinar más. Lo que sí, que me da gusto saber que una reina tan importante como Isabel la Católica supo de la heroica vida de la pastorcita de Domremy. Lástima que por las fechas que indican los historiadores, Isabel, cuando pudo leer la novela, tendría más de veinticinco años. ¿Y qué tiene de malo esto? Bueno, para la imaginación, la mía al menos, habría quedado más lindo y poético una Isabel que de jovencita haya leído de la Pucelle, porque esto hablaría de una Isabel que leyó con ingenuo fervor sobre Juana.

 Comenté que todavía no he podido encontrar la novela, así poco puedo contar sobre ella. Pero contaré algo a partir de lo leído. Francia estaba en desgracia a raíz de la invasión de Inglaterra y las intrigas de los borgoñones, con un pueblo asolado y un rey reducido a un mero espectador de los acontecimientos. Todo esto a causa, y aquí es donde el autor comienza a poner de su fantasía, de un lío amoroso. Entonces, tal cual ocurrió en la historia que conocemos, irrumpe Juana para desbaratar el entuerto en el que estaba metido el Delfín. Pero esta Juana, que ciertamente es nuestra Pucelle, la pastorcita iletrada y piadosa que un día decide marcharse de la casa de sus padres para dirigir ejércitos, a diferencia de la histórica, que en sus propias palabras nunca usó la espada que le había dado Santa Catalina para matar a nadie, es presentada como una implacable y casta guerrera en cuya mirada la gente encontraba a Héctor.   

 «Mas como la mirava con pensamiento del esfuerzo suyo, más con ojos de ver a Héctor que a dama era de todos mirada».

 Juana en la novela, como cualquier héroe caballeresco, se la pasa combatiendo y participando en justas, y despreciando a aquellos que suspiran tontamente por ella. La novela es una recreación fantasiosa de la vida la Pucelle, aunque con un tono realista, porque Juana no combate a dragones ni acomete empresas absurdas en una tierra de maravillas, y además con un adecuado uso del marco histórico, pues el autor cuenta que Juana guerreaba con cañones, cosa que parece no era común en el género. El realismo, según se dice, es lo que diferencia a la novela caballeresca, que es el género al que pertenece La Poncella de Francia, de las novelas de caballerías como el Amadís de Gaula. Con esto, para mí pesar, tendríamos que la Poncella no podría haber estado entre las lecturas que animaron a don Quijote a armarse caballero, aunque sin dudas, cómo creer lo contrario, que el querido Quijote la leyó y que sintió honda emoción por el coraje y virtud de Juana a la par que mucho desprecio por los «hidalgos» franceses que precisaron de una jovencita para recuperar su reino de las manos inglesas.

 Un ejemplo de la bravura que el escritor concede a la Poncella:

 «E la Poncella, temió mucho este cavallero, según lo que de su fama dezían,y porque ella en juego del hacha no era diestra ni para con él ninguna cosa de aquel arte sabía, mas en su fuerça y coraçón, más que en la maña seesforçava.

 Y ella con la porra no pudo dalle, porque el cavallero passó con gran furia la otra parte. Y luego el cavallero buelve a ella y quebró su lança en el pescueço del cavallo y en el arzón delantero. E allí la Poncella, allegadadonde con la porra lo pudo cojer, le dio tan gran golpe en el alete que,como si un trueno le diera, assí le soterró la porra de fierro en la cabeça y luego cayó muerto.»

 Es todo. Como comenté al principio, me dio mucha alegría saber que Juana, a no más de cincuenta años de su muerte, pasó a ser objeto de épica literaria como si de un Arturo, del Arturo que inspiró los relatos sobre la Tabla Redonda, se tratase, y para mejor, en una obra que sitúa a Juana dentro del acervo histórico de la literatura española. ¡Cada vez me admiro más de la Pucelle! Si tienen la suerte, no se pierdan la novela. En el primer comentario dejaré los textos de los que extraje la información.

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Un comentario en “Juana dezfaziendo entuertos: La Poncella de Francia

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