Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.34

Preparando a Eiko para el bosque I

 Pasado a Eiko el capricho de que Vivi la convirtiera en Pulgarcita, el Bonta explicó lo que había planeado para rescatar a Ëlen. Se trataba de un plan temerario, y Vivi se mostró contrario a que Eiko tuviera que llevarlo a cabo, pues la niña tendría que atravesar el bosque sola para después entrar inadvertida, siempre que no la pescaran los guardias, a La Casa de las Muñecas. Pero el Bonta terminó por convencerlo.

 -La mocosa no dará un paso sin que Mei Ling y yo sepamos qué es lo que pisara. Mago, has visto de lo que son capaces las abejas; tendremos cubierto los movimientos de la chiquilla, y de lo único que tendrá que preocuparse es de no estornudar sin mi permiso. Eh, tú, ¿oíste?

 La Principita asintió y, como si el asunto que tenían entre manos no tuviera otra relación con ella, preguntó entonces si podía ir a la pila de trastos por una muñeca para jugar, que estaba aburrida de escuchar cosas que no entendía. El peluche respondió:

 -Óyeme, pequeñaja. En unas horas estarás en el bosque, expuesta a innúmeros peligros. No quiero oír más tonterías, ¿de acuerdo?

 Viendo que la niña amagaba con lloriquear, Mei Ling intervino:

 -Eres cruel y malvado, Bonta. Deja que la Principita vaya por una muñeca. Podrá llevarla consigo, así tendrá compañía en  el bosque. Ve, preciosa, escoge la que más te guste, pero que no sea la más grande, eh, que tendrá que caber en tu mochila.

 El Bonta bufó, exasperado de cansancio, y dijo:

 -Bien, podrá ir por la muñeca, o lo que se le antoje, antes de partir, pero ahora te pegas a la silla y te quedas muda, ¿entendido?

 La Principita, con los ojos de un cachorro al que se lo manda a la cucha, calladita se hundió en la silla tal como la mirada severa del Bonta lo exigía. El peluche entonces dio un repaso a los lineamientos de la misión, y concluyó:

 -Es todo, mocosa. Como te he dicho, me obedeces y te irá bien. Ahora, toma estas ropas, ve a un costado del ropero, y cámbiate.

 La Principita observó el conjunto, de apagado verdoso y negro, y no muy satisfecha preguntó.

 -¿No voy a usar mi vestido de Soldadito de Ithil?

 -Te verías como un cisne, cacareando a doscientos metros de distancia, y lo que necesitamos es que no puedas ser vista ni a cinco metros. Usarás el uniforme, y no habrá peros que valgan. Es un traje preparado para camuflaje en  el bosque.

 Eiko miró con algún interés las aburridas ropas; “camuflaje” era una palabra misteriosa.

 -¿Qué es “camuflaje”? Es una palabra rara.

 El peluche respondió secamente:

 -Mei Ling, tu turno…

 La abeja voló hacia la niña, se posó en el dedo que la pequeña le tendió y con entusiasmo, pues amaba hablar a lo niños de las cosas que hacían a su trabajo, explicó:

 -Principita, conoces, por supuesto, a los conejos, seguro que has correteado con alguno, pero lo que no imaginarás es que el color de su pelaje los protege de los depredadores, de animales que los comen porque tienen hambre. En el caso de los conejos que habitan en la nieve, para que entiendas con un ejemplo, el blanco de su pelo hace que a las águilas les de trabajo encontrarlos, pues confunden a los conejos con la nieve; si el conejo vive en  el bosque, su color pardo hará que otros animales puedan tomarlo por hojas secas, troncos o rocas. Los animales son muy listos. ¿Entiendes?

 La Principita permaneció pensativa unos segundos, y contestó con poca convicción que sí. Mei Ling añadió:

 -Piensa en el camuflaje como un disfraz, como si vayas a ir  al bosque  disfrazada de, veamos, una simpática viborita, ¿de acuerdo? Bien, preciosa, entonces ahora ponte el uniforme, verás lo lindo que te queda. Si quieres puedes pedirle ayuda a Vivi.

 Eiko fue con la abeja hacia un costado del ropero, y en un ratito regresó vestida con el uniforme. Éste consistía en un conjunto verduzco surcado por líneas y trazos negros, áspero y rugoso al tacto como una corteza de árbol, ceñido con un cinturón marrón y cubierto por una amplia chaqueta, de un verde menos jaspeado, que caía bajo la cintura; en los pies las niña calzó botitas marrones y en las manos largos guantes del mismo color. La Principita, juzgaron todos, estaba monísima; ella reía feliz. Pero algo preocupaba al Bonta:

 -Esos cabellos colorinches son demasiado chillones para la jungla; echarán a perder tu camuflaje. Con un gorro podríamos solucionar el problema, pero, rayos, no tengo uno. Tendremos que mirar en el montón de trastos.

 La Principita, sin decir palabra, tomó el sombrero que tenía bajo la mesa; era el sombrero que le había regalado el mago Libritos, y que después de haber caído en el depósito de juguetes, había olvidado de usar. Lo ajustó a su cabeza, y preguntó al Peluche:

 -Mira, ¿te gusta? Es igualito al que lleva Vivi.

 El Bonta meneó la cabeza impaciente. Mei Ling comentó:

 -Te queda hermoso, Principita. Pero el sombrero te hará ver como un mago negro; de lejos, dado lo pequeña que eres, te verías igualita a Vivi, y esto pondría en alerta a los guardias que patrullan la jungla, aparte de que cuando vayas corriendo, seguro que lo pierdes, jojo.

 Todos rompieron en risas. Mei Ling sugirió:

 -Bonta, no tenemos tiempo para buscar una boina apropiada para la Principita…¿Por qué no le prestas la bandana?

 El Bonta guardó un sombrío silencio. Llevó un cuarto de puro a la boca, masticó un poco y mientras hurgaba en la chaqueta, dijo al fin:

 -Mago, corta un trozo de tela y atale el cabello a la mocosa. Luego ponle esta bandana.

 Vivi tomó la bandana; las manos le temblaron, producto de un resto de magia que guardaba la prenda. Con voz trémula, el maguito preguntó:

 -¿Esto lo usó Silky?

 El Bonta respondió lacónicamente:

 -Sí.

 La abeja, por su parte, dijo:

 -Vivi, amigo, eres muy perspicaz. Pero hablaremos de esto más tarde. Principita, Silky usó la bandana cuando tenía tu misma edad; no temas en llevarla, que seguro que te quedará tan bonita como a ella.

 Vivi, pues, como pidió el Bonta, se paró detrás de Eiko, tensó hacia atrás sus cabellos y los ató en una corta cola. La tarea lo incomodaba, pero no se quejó; su amiga estaba contenta, y esto lo recompensaba. Entonces tomó la bandana de Silky; una larga y ancha cinta, de un verde descolorido y gastado, supuso, por largos días en  el bosque. El mago ajustó la prenda a la frente de la Principita, dejando que los dos largos flecos que sobraban del nudo cayeran libres a los costados del cuello. Mei Ling observó a la niña, que se había puesto de pie, con los brazos en jarras y el rostro radiante de alegría, y exclamó:

 -¡Qué soldadito más hermoso! ¡Qué orgulloso que estaría Ithïlien de poder verte? ¿Qué opinas, Bonta?

 El Bonta arrojó el resto de puro que tenía entre los dedos, y cruzado de brazos comentó, siempre estricto:

 -No está mal, aunque la apariencia no hace a un guerrero. Veremos cómo se comporta en el campo. En fin. Le falta la pintura para el rostro, pero esto lo dejaremos para lo último.

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jungla2

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2 comentarios en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.34

  1. No soy mucho de leer ficción, pero me gusta esto Pablo XS xD. Me gusta el toque clásico y oriental, y casi que el toque de literatura infantil, con valores y demás (ojalá eso no se perdiera en la literatura “más adulta”)

    • Me alegra que te gustara. Y sip, me gusta mucho la lit. infantil clásica, como los cuentos de Andersen, así que siempre les echo un ojo a esos cuentos, que me vienen muy dado la poquita edad de la prota, xd. Un salu2.

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