Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 30

Subsaga de la Niña Serpiente

El Bonta

 Vivi hurgaba entre la pila de almohadas, muñecas y peluches a la que cayeron cuando cerró el portal. Estaba oscuro. El mago supuso que se hallaban en un cuarto para depósito de trastos, de cosas que habrían aburrido y hartado a Silky. Muchos de los muñecos quizás fueran experimentos malogrados, imaginó el mago, que se desoló con el pensamiento de que un esbozo de Vivi pudiera estar entre ellos. La Principita, en tanto, entre intervalos de gimoteos y moqueos, repicaba incansable el nombre de su amigo. Con la paciencia que le era habitual, el mago respondió que debía encontrar el báculo para que tuvieran lumbre y que pronto estaría con ella.

 Vivi por fin dio con el báculo. Entonces se arrimó a Eiko y tomó a la niña de la mano buscando calmarla, y encendió el báculo. Para decepción de la Principita, iluminó lo que una luciérnaga.

 -Ten paciencia. Hay demasiados muñecos por aquí y debo ser cauto con el fuego. ¿Ahora está mejor?

 -Sí.

 El mago movió el báculo para observar lo que había alrededor. Miró a la niña, toda llorosa y con el sombrero que le caía gracioso sobre los ojos. Dijo con una sonrisa:

 -Deja que te acomode el sombrero. Así está mejor. Ahora para de llorar, por favor, que debo pensar.

 -No puedo. ¿Y si hay fantasmas? ¿Y si hay arañas? ¿Y si viene la bruja y me lleva?

 -Acá no hay fantasmas y tampoco arañas. En cuanto a la «bruja», después hablaremos. Las cosas no son como creímos.

 -¿Y Ëlen?

 -No te preocupes, está bien. Seguro que durmió a las muñecas con el arpa y nos espera escondida en algún ropero, ¿no crees?

 Eiko se mostró conforme, para alivio de Vivi, que en verdad estaba muy preocupado por su amiga. La pequeña reparó en la beba con sombrerito parasol asida del pie por la mano inmensa de un peluche que estaba sepultado entre los demás. Procuró liberarla, pero no pudo; la mano parecía pegada al piecito. Vivi le dijo que la olvidara, pues había visto un claro, dos o tres metros abajo de donde se encontraban, que a lo mejor conducía a la salida. El mago bajó hacia allí. Entonces entrevió una sombra y advirtió a la niña:

 -Eiko, te he dicho que dejes la muñeca. Armarás una avalancha de peluches y no querrás saber lo que pasará con un andrajo cualquiera que alcance el báculo.

 -¡Yo no hice nada! ¡Mi…!

 Vivi volteó, alarmado por el grito de la niña. Vio que una mano, la misma que retenía a la muñequita del parasol, hundía a la pequeña entre los muñecos. El mago acudió en su ayuda, pero una voz que le llegó áspera y autoritaria desde la pila de trastos lo detuvo.

 -No te muevas o harás que esto arda como el rabo de un Balrog. La mocosa puede respirar. No hace falta que hagas tonterías. Levanta el báculo y reduce la llama a una cerilla. Bien. Ahora lleva la otra mano al sombrero y mantenla ahí. Nada de trucos, eh. Ve hacia a la mesa. Hablaremos.

 Vivi caminó despacio hacia la mesa que estaba a unos pasos. El muñeco le indicó el cántaro lleno con tierra y le arrojó la muñeca que había querido rescatar Eiko. El mago la tomó y preguntó que debía hacer. El peluche ordenó:

 -Ponla en el cántaro y enciéndela. Con eso habrá buena luz. Luego apaga el báculo y déjalo sobre la mesa.

 El peluche, viendo la pena en los ojos temblorosos de Vivi, dijo:

 -No es más que una muñeca.

 El maguito agachó la cabeza, desconsolado, y dijo para sí: «no debo enojarme, todos los muñecos terminan en una fogata». Entonces preguntó acerca del humo. El desconocido dijo que no se preocupara. Vivi, pues, quemó la muñeca. Oyó gritos. Era la Principita. Creyó que el captor la había lastimado y amagó a conjurar, dispuesto a todo, con las manos, único entre los magos negros con esa capacidad aprendida de un libro que había hallado en la aldea. Pero la niña corría hacia él y se contuvo.

 -Eiko, ¿te hizo algo malo?

 La pequeña, ya a resguardo detrás del mago, se refregó las lágrimas con el puño y negó con la cabeza. Lloraba por la muñeca. Pero unos peluches (un castor, un panda, un zorro y un conejo con guantes) rodaron desparramados y la distrajeron. El rostro de la niña se iluminó por la maravilla: con paso cauteloso y firme caminaba hacia ellos el peluche. Del tamaño de los osos pardos, tenía la piel color arena y salpicada de pintas oscuras; las orejas como un koala y grandes ojos avellanas que miraron fiero a la niña, cosa que a esta divirtió. Vestía pantalones, chaleco y boina, todo de un verde opaco moteado de negro. La Principita no dio importancia a la ballesta tensada hacia Vivi, tampoco al sutil gesto del peluche que disuadió al mago de una imprudencia. La nena, toda alegría, pues nunca había visto un peluche que anduviera por las suyas, se acercó al muñeco y exclamó:

 -¡Qué osito de peluche tan grande! Hace un ratito estabas jugando, ¿verdad? ¡Y yo que creí que un monstruo me iba a comer! ¿Quieres ser mi amigo?

 El peluche, que dudó en mover la ballesta hacia la niña, gruñó diciendo:

 -No soy un maldito peluche, mocosa. Llámame Bonta y te irá bien.

Ep Sig:

                                                          ——————————– bonta-kun fumoffu*El Bonta, mejor conocido como Bonta-kun, es un personaje del anime Full Metal Panic Fumoffu! Por supuesto, como estamos en la Tierra Media, no usará metralletas ni explosivos, ja.

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