Leyendo La Divina Comedia

 Después de años, por fin estoy con La Divina Comedia. Temí que no pudiera disfrutarla como antes; con otros gustos, otros intereses y, en cierto sentido, con menos inocencia, esto era posible. Pero estaba equivocado; unos versos y sentí lo que siempre: que estaba ante una flor. Aunque se oiga cursi, es así. Es tener el libro en las manos y pensar en una rosa, quizás hasta sentirla, en la imaginación claro. Es una sensación, en palabras del principito, muy linda.

divina comedia -cheste

  La traducción con la que amé el poema. Buena musicalidad, buen acompañamiento crítico, pero hoy no puedo con lo retorcido de su lenguaje, así que me puse con una traducción, en verso, menos ardua y más moderna. Bien, la entrada irá acerca de unas escenas del inicio del poema. La idea es ir comentando alguna cosa a medida que progrese con la lectura, pero bueno, por ahora no más que esto.

divina comedia-gustavo dore 1

 Dante y Virgilio, por Gustavo Doré. Dante se para a los pies de un monte; atribulado por una loba, duda en emprender el ascenso. Alguien se acerca, y Dante dice:

alguien que en su silencio, creí mudo.

 Llega Virgilio. Dante, para presentar al poeta que veneraba, a aquel que había tomado por maestro, nos llama a que callemos, a que nos mostremos solemnes; de paso, con la carga que supone la palabra mudo, nos prepara a la piedad que uno o dos cantos después, cuando Virgilio habla de las almas de los justos que penan por no haber habitado el tiempo de Cristo, podremos compartir con él. Esto es Dante. Dos palabras y tenemos el bosquejo afectivo de un personaje.

cual reses que ven cosas en la sombra

 En palabras de Virgilio, la cobardía. Con solo un verso, Dante ilustra todo lo que hace al miedo que nos incapacita: la imaginación que nos planta en el suelo, innoblemente, como a vacas. Genial.

divina comedia-gustavo dore 2

 Virgilio habla a Dante de aquella que lo envió de tutor y guía. Le cuenta de Beatriz, la mujer que Dante amó desde que ambos eran niños y a la que, con su muerte prematura, dedicó los versos de La Vita Nuova, escritos con un candor que conmueve. Beatriz, en palabras de Virgilio, se presenta y dice:

vengo del sitio al que volver deseo

 Beatriz habla del Paraíso, de una manera hermosamente humana: como el objeto de un deseo, lo que ciertamente es el Paraíso para el cristiano; antes que el reino de Dios, antes que la tierra prometida por Cristo, en la que los ángeles cantan a la Virgen, el Paraíso, para buena parte de los cristianos, es el lugar que anhelan, tanto para sí como para los suyos. Este es uno de los tantos momentos bellos que nos dará la compañía de Beatriz.

  Es todo por ahora. Como debe ser, cierro con unas palabras de Borges, que se pueden leer en Siete Noches:

   “Quiero solamente insistir sobre el hecho de que nadie tiene derecho a privarse de esa felicidad, la Comedia, de leerla de un modo ingenuo. Después vendrán los comentarios, el deseo de saber qué significa cada alusión mitológica, ver cómo Dante tomó un gran verso de Virgilio y acaso lo mejoró traduciéndolo. Al principio debemos leer el libro con fe de niño, abandonarnos a él; después nos acompañará hasta el fin.”

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