Ayrton Senna, el brasileño que odié

 Creánme, si hace dos meses me decían que tendría un blog y que escribiría una entrada sobre Ayrton Senna iba a reir a carcajadas. Pero aquí estamos, a días después de los veinte años de su muerte, habiendo leído un poco sobre su vida y animado por el video de más abajo, me encuentro con ganas de unas palabritas sobre Ayrton. Mi primer recuerdo sobre el brasileño, y puesto que yo hinchaba por Prost, un mal recuerdo, fue la definición del mundial de 1988, en Suzuka. Senna y Prost luchaban por el campeonato. Quien ganaba la carrera, campeonaba. Da la largada, Prost en punta y a Senna se le detiene el auto. Yo, imagino, y esto porque era muy chico, más que feliz. Mi piloto favorito iba a ser el campeón. Pero con Senna no se podía festejar antes de tiempo. En una remontada que, para no usar la palabrita trillada, denominaremos como homérica, el brasileño vuelta a vuelta va pasando a sus contricantes hasta que se pone al alcance de Prost. Lo pasa, gana el campeonato y yo me quedo con cara de que un avestruz había llegado y me robaba la chupaleta.

 El segundo recuerdo, otro mal recuerdo, ocurre en el 92, en Mónaco. Los Williams eran imparables, pero va Senna con su no tan competitivo Mclaren y logra que nadie pueda sobrepasarlo y vence. Esa sensación pesadillesca, de que un deportista contrario a mi favorito siempre terminaba por arruinarme el festejo, la volvería sentir no mucho después, con un tal Jordan, pero esa es otra historia.

   Ayrton_Senna_McLaren_

 

 El casco amarillo, la aleta de un tiburón en el asfalto. Cuando las cámaras lo enfocaban, sabía que ese Mclaren iba con voracidad por el francés por el cual hinchaba, quien usaba el casco azul. Igual, tampoco es que esto ocurriese siempre, que Prost fue un monstruo como Ayrton.

 Y aquí el video del que hablaba. Año 91 en Interlagos. Senna nunca había ganado en su tierra. Lidera la prueba y a diez vueltas se queda con el sexto cambio como el único utilizable. Emociona el relato en portugues que enmarca tamaña proeza. Bajo la lluvia (el hada de Ayrton) y el sonido del motor, el “Senna, la vida, la punta” estremece porque sabemos lo que sucedería años después.

   Conmueve cuando Senna cruza la meta y oímos la música que pone la transmisión y que daría mayor emotividad a los gritos de Ayrton. Parece el desenlace de una película. Los que vieron por televisión aquella carrera no pudieron sentir lo que nosotros, muchos años después. De los relatos deportivos que más me ha emocionado.

  Por lo que leí, Senna fue para los brasileños en aquellos días lo que Maradona para el argentino a partir del 86. En un Brasil que estaba deprimido económicamente, con una selección de fútbol que fracasaba, Ayrton enorgulleció a su pueblo, quien lo adoptó como un héroe.

  Esto es todo. Un humilde homenaje a aquel brasileño que encarna como pocos la definición de héroe trágico y con quien me he reconciliado y ahora he aprendido a admirar.

 

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