Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 10

El niño del nombre raro 

 -¡Akito, mi héroe!

 Exclamó con un brinco y el puño en alto la niña de cabellos azules cuando vio que el niño había atrapado a la Principita. Añadió:

 -Sabía que vendrías a rescatarme. Esa enana que se peina raro robó mi tiara. ¡Castígala!

 -¿A quién le dices enana?

 Eiko se zafó de la presa que torpemente mantenía el niño, que tendría unos nueve años, y mal encaró a la chiquilla diciendo:

 -¡Nos eres mucho más alta que yo! Y además no me importa, porque cuando sea grande seré más alta y mucho más linda. Bluh, bluh, bluhhh.

 La Principita enseñó la lengua a la niña, quien a su vez respondió ofendida, aunque no precisamente por el burlesco gesto infantil:

 -¡Akito! ¿Verdad que yo seré la más linda?

 La niña, que llevaba pantalones azules, jubón blanco y gorra de marino, sacó una manzana de los bolsillos y con los ojos entrecerrados y ademán desdeñoso dictaminó:

 -Esta manzana nos dirá quién será la más linda. Ven, Akito, obséquiala a quien quieras, que obtendrás la promesa de su amor.

 Para el pesar de Akito, la escena quedó despojada de lo heroico. Semanas le había tomado la confección del traje para que las niñas lo mandaran a que arbitrara sus caprichos; no se admiraron, no le dieron cumplidos, no se mostraron temerosas. Pero no debía culpar a las pequeñas desconocidas, se dijo; no sabían de las historias que leía. Akito pensó en la manzana y a quién se la daría. El asunto lo demoró. Ëlen, mientras las otras pequeñas miraban acuciantes al niño, observó curiosa su traje. Consistía en una casaca y pantalón blanco, largas botas rojas, guantes también rojos y tan grandes que sentarían en las manos de un gorila, cinturón amarillo, dos libros deshojados por hombreras, otro abierto como peto atado al torso con una cuerda; un madero, arrancado de la cerca, por alas y un casco que le cubría la cabeza, confeccionado con una olla pintada de azul que tenía pegadas un par de hoces a la altura de las manijas, carentes de filo y que bajaban hacia el cuello.

 Akito reparó en Ëlen. La niña, caviló, estaba curiosa por su traje; esto contaba a su favor. Luego, llevaba un arpa, y esto para un niño entendido en las tradiciones de los pueblos del Norte resultaba significativo; el arpa era un instrumento de guerra, si bien la pequeña, supuso, no le daría más uso que para ahuyentar sapos y algún perro no demasiado grande que la toreara. Como las otras niñas lo habían desairado, Akito no lo pensó más y ofreció la manzana a Ëlen. La niña la recibió contenta. Eiko y la otra chiquilla la miraron con celo. Colmadas por el encono, entraron a arrojarse bollos de nieve. Akito se unió a la refriega, Ëlen también y el jardín entonces se convirtió en un campo de batalla que alborozó a risas, gritos y jadeos. Cuando el cansancio los fue abatiendo, los niños armaron un muñeco con la forma de un oso, y satisfechos se tumbaron en suelo y se dijeron los nombres.

 -Me llamo Eiko.

 -Y yo me llamo Ëlen.

 -Soy Yurika.

 Cuando el niño se iba a presentar, su amiga se adelantó:

 -Y el es Akito, mi príncipe encantado.

 El niño, cansado del poco parlamento que le dejaban, golpeó en el yelmo que tenía en el regazo y respondió airado:

 -¡Qué no soy Akito! ¡Cuando llevo el traje tienes que decirme Gai Daigoji! ¡Y tampoco soy tu príncipe!

 -¡Ay, Akito, qué dulce eres! Dices que no eres mi príncipe porque quieres que las niñas sepan que eres mi novio. ¡Ay, qué vergüenza!

 Mientras la niña reclinaba dulcemente la cabeza en la hombrera de Akito, la Principita exclamó:

 -¿Gai Daigoji? ¡Qué nombre raro!

 -¿Te gusta? ¡Así se llama mi gran héroe! ¡Cuando sea grande seré como él!.

 Cayó la noche. Los niños cenaron sobre el alfombrado, a la lumbre del hogar que daba calor a la habitación. Akito comentó a Eiko y a Ëlen que el oso que les había robado la tiara se la ofreció a cambio de unas vasijas con miel. Su amiga preguntó a Eiko:

 -¿Y la tiara es tu juguete favorito? A mí un oso me daría miedo y por nada del mundo lo perseguiría.

 La Principita respondió:

 -Si, es una tiara mágica, y la uso contra los malhechores y animales malvados. Es un arma que pega fuerte y con ella Ëlen y yo nos animamos a buscar las esferas del Dragón por lugares que de otro modo nos darían mucho miedo.

 -No te olvides de mi arpa. Anor también cuida de nosotras.

 -¿Las Esferas del Dragón? ¿Y para qué la están buscando?

 Ëlen contestó:

 -Para que el señor Dragón nos cumpla un deseo. Si reunimos las siete esferas, nos cumplirá el que queramos.

 Las niñas parlotearon acerca del deseo que querrían que el Dragón les cumpliese. Akito, mientras terminaba el jugo, pensó en una esfera que guardaba en el cajón de los juguetes que ya no usaba, y preguntó:

 -¿La esfera que buscan tiene dos estrellas pintadas?

 La Principita miró al niño con ansiedad.

 -¿Qué? ¿La conoces?

 -Creo que sí. Si la quieren, se las regalo.

 Las niñas asintieron con alegría. Sin embargo, Yurika no estaba convencida.

 -¡Espera, Akito! Si les das la esfera, ellas se irán por la mañana y nos quedaremos sin su compañía. ¿Por qué no hacemos un juego? Si nos ganan, la esfera es suya, y si pierden se quedan otro día en casa.

 La idea gustó a los niños. Se dieron las buenas noches y se cobijaron contentos en las camas.

Ep Sig:

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Akito, Yurika, Gai Daigoji y Gekiganger son personajes del anime Martian Successor Nadesico. Las imágenes son de un flashback o un sueño cuando niños, no recuerdo.

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