Las aventuras de la Principita Eiko – Ep.07

El enigma de Cham-Cham

 Caía la medianoche. Cham-Cham observaba a las niñas, medio oculto entre los árboles. Las oía sollozar, y se molestó. Como lo había indicado el niño, la chimpancé de coleta rubia guardó en una vieja y roída manta la esfera; trepó con él y se la dio. El niño había comprendido que Ëlen deseaba el tesoro de la aldea, pero sabía que cuando lo tuviese se marcharía y con ella el dulce “Cham-Cham” de su voz; esto lo tenía triste. Como Cham-Cham desconocía lo que implicaba la tristeza, procuró quitársela a manotazos, como si espantara mosquitos, pero fue en vano; entonces un recuerdo lo distrajo y el niño bajó animoso del árbol.

 Ëlen despertó. Tiraban de su mano. Eiko, inquieta, tomó de la mano a su amiga, pero la soltó del asombro; Cham-Cham las iluminaba. Era la esfera. La Principita no pudo más que reír, tan hermosa era la Esfera del Dragón cuando brillaba. Pero la pena ensombreció nuevamente a las niñas, que trataron de decirle a su amigo que no podían quedarse con la esfera, que para ellas era su juguete. Cham-Cham no entendió sus palabras; la Principita entonces señaló el tesoro y negó repetidas veces con la cabeza. Cham-Cham, ofuscado y nervioso, dio una voltereta y con un alarido estremeció a las nenas. Miró suplicante a Ëlen. La niña se convenció. Tomó la esfera entre sus manos y sonrió contenta a su amigo. Cham-Cham estaba feliz.

 Amanecía. La chimpancé de coleta rubia despertó a su amigo. Cham-Cham fue con las niñas y las acompañó con el desayuno, que consistía en diversos frutos y leche de coco. Llegó la hora de marcharse, y las niñas llamaron a sus águilas; saludaron a los monos y cuando se despedían de Cham-Cham, la chimpancé zamarreó del vestido a Ëlen, y le enseñó una caracola. El niño exclamó «¡Cham-Cham!» La Principita, con algo de celo, comentó a su amiga:

 -Parece que te quiere regalar el caracol.

 -No. Cham-Cham quiere otra cosa, ¿será la esfera?

 La Estrellita quiso regresarles la esfera, pero un gesto nervioso la detuvo. La chimpancé y los otros monos, dando redoblones de cocos con las bananas, iniciaron la algazara del «Cham-Cham», similar a aquella que las niñas habían presenciado cuando los conocieron. Cham-Cham agarró la caracola, señaló los árboles e imitó el aleteo de un pájaro. Las pequeñas pensaron que quería jugar, y lo acompañaron. Pero esto, por lo visto, no era lo que quería Cham-Cham, que entonces levantó una vara del suelo y dibujó en la tierra un caracol; dentro, concluyó el dibujo con un pajarito. La Principita, curiosa, preguntó:

 -¿Quién le habrá enseñado a dibujar?

 -A lo mejor fue la monita.

 Ëlen miró a la chimpancé y recordó a Lin Rochallor, el caballo severo y sabio, que sabía escribir runas, de Ithïliendil, y añadió:

 -La monita debe ser igual de inteligente.

 Cham-Cham, a un lado, como queriendo armar una historia con las ilustraciones, dibujó el mismo caracol, pero con una margarita que asomaba contenta. Las niñas pensaron que Cham-Cham les proponía una adivinanza, y se sentaron dispuestas para jugar. El niño peló una banana, les convidó a las pequeñas y cortó la cáscara en trozos; con dificultad logró una trenza, y señaló la caracola. Eiko alzó una mano y pidió prestada la vara, y con su vivaracha fantasía dibujó a una niña con trenzas que montada en un pájaro se posaba en una nube y encendía la margarita en el Sol. Cham-Cham meneó la cabeza; la Principita, enojada, se cruzó de brazos. Sin embargo, parecían estar más cerca de resolver el misterio, porque Cham-Cham removió la ilustración sin haber borrado a la niña. Transcurrido un momento, Cham-Cham dibujó a un niño que tenía el pelo muy largo y el aspecto fiero de la selva; la niña de trenzas, le prendía la caracola en el pecho.

 Ëlen miró incómoda hacia el suelo, y Cham-Cham asintió efusivo con un par de «Cham-Cham». La Principita miró traviesa a su amiga, que se había puesto como una manzana, y canturreó:

 -¡Ëlen tiene novio, Ëlen tiene novio!

 Ëlen, que no alcanzó a dar con el manotazo a su amiga, echó a llorar. De no ser porque Cham-Chan la detuvo, la Estrellita no hubiese parado de correr hasta haberse visto bien lejos de la selva.

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•La chimpancé es nada menos que Dixie, personaje de Donkey Kong Country 2.

Dixie donkey kong country 2

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