Juana de Arco, la Doncella de Orléans

En un mundo diferente al nuestro, donde no existía la categoría de adolescente, donde se trabajaba de niños y la mayoría no sabía leer ni escribir, en un mundo primeramente masculino y brutal, una chica de diecisiete años de la Europa del siglo XV irrumpía en un conflicto de política mundial e iba a determinar el destino de dos potencias. Esa chica se llamó Juana.

Juana-de-arco

 Esta imagen bellísima pertenece a la catedral de Leicester. Nunca, hasta que me puse con la entrada, había visto esa pintura. Juana se ve muy bonita.

 «Pude haber perdido mi fe, pero Juana no ha perdido la suya, y eso fue suficiente para mí».

 La cita pertenece al juego Age of Empires 2 y abre la campaña de Juana de Arco. Francia estaba devastada por la guerra, lacerada a causa de la refriega civil por el trono y gobernada nominalmente el rey de Inglaterra, que era un niño. Dentro de este contexto, aparece Juana; se pregona enviada por Dios, promete restituir la corona a su legítimo heredero y libertar a Francia de los ingleses. Para tales fines, necesitaba de un ejército.

 Pensemos en lo que habrá sido para aquellas gente sencillas e iletradas que una jovencita los animara a presentar batalla. Primero la habrán mirado con sorna, luego con escepticismo. Pero la chica no cejaba en su prédica. Seguramente su mirada enardecida los turbaba. Algún veterano achacoso habrá sido el primero en erguirse. Esa chica podía ser su nieta y quiso seguirla, como para no avergonzar a los suyos. Otros imitaron al viejo soldado, y otros y muchos más. Juana tuvo sus guerreros. Pero le faltaba un ejército. Se cuenta que Juana disciplinó a aquellos veteranos; los hacía orar, confesarse, y aullentó a las prostitutas. De gente que únicamente peleaba por obligación a su feudo y con no más deseo que la rapiña, Juana forjó soldados para que lucharan por su tierra.

 Llegó el día para recuperar Orleans. Las innúmeras derrotas pesaron sobre el alma de aquellos veteranos. Pero entonces oyeron cascos de caballo, una armadura que rechinaba y una vocecita que se levantaba sobre las burlas de los rudos y avinagrados ingleses, que los llamaba a combatir en nombre del estandarte que los amparaba en Jesús y en María.

Juana con su estandarte

 Juana adelantaba a la primera línea. ¡Lo que habrá producido esa imagen en aquellos soldados! Para describirlo habría que recurrir a las palabras de Homero, a aquellas interminables comparaciones en las que Héctor, como si se tratase del mismísimo Apolo, era la tea que encendía los corazones de los hijos de Troya. Las crónicas cuentan que hubo un momento crucial: Juana alcanzada por una flecha. La herida parecía mortal, y la llevaron al campamento. Los ingleses celebraron; con la bruja fuera, los franceses se desbandarían y correrían a casa. Pero un par de horas después y se ve a Juana en el campo, con la herida apenas curada levantando el estandarte de batalla que aludía «al hombre valiente». Ese hecho hermanó a Juana con sus soldados; quedó atrás la campesina, la niña, la mujer, Juana era una más. Dicen que jamás hubo una relación tan íntima entre comandante y subordinados. Juana era hermosa, dormía con los soldados, se desnudaba ante ellos,  pero cuenta el duque de Alencon, uno de los más caros a Juana, que no la trataron de manera indecorosa. Creían en ella como santa. La amaron, pero de una manera casta; Juana los había desposado. La frase trillada del «te seguiré al infierno» había encontrado en Juana su perfecta égida. «Qué todos los que me aman, síganme». El amor todo lo puede, todo lo soporta escribió el evangelista; desde Alejandro el Grande o César, dice alguno, que no hubo un ejército más entregado a su comandante.

 La batalla concluyó. Orleans retornaba a manos francesas y la Guerra de los Cien Años abría su acto final. Luego en Reims el rey sería coronado y los franceses a miles acudirían a vitorear a aquella chica que les había dado un rey y, más importante a lo futuro, la creencia de que Francia les pertenecía, de que antes que súbditos de una corona eran franceses.

joanmauricedenis

 Lo que sigue es de sobra conocido y lo dejamos. Cierro con una curiosidad. Cuando leí la Divina Comedia, no tuve del todo presente la época en la que había sido escrita. Recuerdo que pensaba con ilusión: «¿cómo describirá Dante a Juana? ¿cómo la habrá imaginado?» Juana no habría de ser canonizada hasta comienzos del siglo XX, pero quise creer, hasta bien entrado el Paraíso, que Juana tendría su momento en la Divina Comedia; desde luego, una ingenuidad y un imposible, Dante fue un hombre del siglo XIII. Pensemos en las pinturas maravillosas que Dante dedicó a la mujer: Dante habría esbozado en pocas líneas a una inolvidable Juana. Imagino que hubiese, y esto lo digo con respeto, como para pensar que puedo atisbar a aquella incomparable imaginación, preparado para Juana una escena bucólica; conforme a la juventud de la santa, le habría dado compañía y tutela en el Paraíso, a las santas que la visitaron durante su infancia, Santa Catalina y Santa Margarita. Dante, quizás, al verla habría preguntado a Beatriz por la jovencita que recogía lirios y los guardaba en un canasto, y Beatriz respondido que se llamaba Juana, que los lirios eran los franceses que caían en batalla y que la niña oraba por sus almas.

        Juana de arco orando

  *Bibliografía en el tercer comentario.

Mi Google+

Anuncios

8 comentarios en “Juana de Arco, la Doncella de Orléans

  1. Muevo esto aquí para aligerar la entrada.

    De lectura recomiendo estas páginas, Stjoan Center (http://www.stjoan-center.com/military/stephenr.html y Maid of Heaven (http://www.maidofheaven.com).

    En castellano cuesta encontrar info que detalle la vida de la doncella y aún negados en idiomas extranjeros, ningún curioso por la historia objetará un traductor web. La historia se construye con lo que se puede y lo dudoso se interpreta, jaja. De libros apenas puedo recomendar el drama Santa Juana de Bernard Shawn. Hace mucho que leí una biografía sobre Juana, pero no recuerdo el autor. También está la novela sobre la doncella que escribió nada menos que Mark Twain. Cuando lo supe no lo podía creer. El escritor que escribió mi obra favorita, ¡había escrito sobre Juana de Arco! Todavía no pude leerla, pero tiene que estar genial.

  2. Infokrisis.- Zapatero tras jubilar a Jesús Caldera como
    ministro de trabajo y también inmigración lo situó -por
    aquello de que dime de lo que presumes y de diré de lo que careces- al
    frente de la Fundación Ideas”, especie de fundación de fundaciones del Partido Socialista.

    Hay que rememorar quién es Jesús Caldera: el ministro y más
    próximo colaborador de Zapatero a lo largo de su etapa de ascenso al poder,
    un hombre de mirada fija y desvariada que redactó la actual
    Ley de Extranjería y también inspiró la
    regularización masiva de febrero-mayo de 2005, denostada
    en toda Europa y que promovió hasta lo indecible el efecto llamada. http://terry8mann15.blox.pl/2016/11/Espantildea-Pierde-Poblacion-Ante-El-Coctel.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s