Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 04. Parte 2

 (Anteriormente… Eiko encuentra a Isil en una cueva, y con ella un arpa dorada con un mensaje que decía que la lleve con una margarita)

 Era de mañana. Los pájaros cantaban y la Principita despertó. Isil dio a la niña los buenos días y le ofreció unas frutillas para que desayunara; señaló un saliente y dijo que podía beber de las gotas que caían. La niña armó una tacita con las manos y bebió. Una vez saciada la sed, mientras chupeteaba los dedos manchados con frutillas, preguntó a Isil acerca del arpa. La gata dijo que había que hacer lo que la nota indicaba, que no tenían que dar más vueltas. La pequeña estuvo de acuerdo y salieron al bosque.

 Deambularon durante un buen rato y al pie de un árbol, junto a una cascada, hallaron las margaritas. La Principita se apresuró a enseñar el arpa a las flores y preguntó si pertenecía a una de ellas; no obtuvo respuesta, y entonces, como sugirió su amiga, puso el instrumento en el pasto y esperó. Al cabo de unos segundos, el arpa relumbró como si el sol la hubiese alcanzado; de sus cuerdas surgieron unas minúsculas centellas que columpiándose como haditas crearon desordenadas y vivarachas notas. Una margarita desperezaba. Eiko río y se sentó de rodillas. Con una oreja hacia la flor, oyó la vocecita que saludaba:

 -¡Hola, Eiko! ¿Cómo estás?

 La Principita, boquiabierta, preguntó:

 -¿Hablas? ¿Y cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres?

 -Es un secreto, por ahora, ji. Primero tienes que ayudarme. Corta del tallo, tan abajo como puedas. ¿Lo harás?

 La pequeña lo dudó un momento:

 -¿Y si te lastimo? ¿No te vas a marchitar?

 -No, no pasará nada malo.

 Eiko tomó el cabo por la base. Cuando estaba por cortar, Isil se interpuso. Pareció especialmente preocupada por la flor. Dijo que lo haría con las uñas, que sería más seguro. Hecho el trabajo, la Principita tomó con cuidado la margarita y preguntó:

 -Ya está. ¿Estás bien?

 La margarita dobló el tallo y asintió con la corola en gesto de agradecimiento y dijo:

 -Ahora déjame junto al arpa y con mis pétalos toca una cuerda. La que tú quieras.

 Eiko hizo como le pidió la flor. Las centellas brincaron fuera del arpa y como si se asieran de las manos, armaron una trenza y enhebraron un extremo a la cuerda que había escogido la niña. Tiraron. Se oyó una nota que se prolongaba, y la margarita exclamó:

 -Es hermosa, ¿verdad? ¡Ahora ponte a unos pasos del arpa! Bien. ¡Suéltame! ¡Verás que no caeré!

 La niña soltó a la margarita y retrocedió, mirándola toda curiosidad y embeleso. De la trenza que tensaba la cuerda, un racimo de rayos escapó hacia la flor. La margarita cabrioleó como un títere al compás de la música del arpa. La Principita, animada por la alegre musiquilla, la acompañó con Isil que colgaba de sus manos, zamarreada y arisca. La música menguaba, un espiral de oro y polvo rizó la margarita, la canción concluyó y el espiral se hizo añicos. La margarita había desaparecido. La Principita se preguntó qué pasó, entonces oyó desde la hierba:

 -¡Uy, algo salió mal!

 Eiko bajó la vista. Perpleja, exclamó:

 -¡Una manzana!

 La manzana se había acomodado sobre sus cuartos, como para que sus ojos grandotes, trazados graciosamente en negro como sus cejas y boca, mirasen con enojo a la Principita.

 -¡No te burles!

 -¡Pero si yo no me burlé! ¿Eres una manzana?

 -No, es que el hechizo no salió como quería. ¡La próxima me saldrá bien! Pero ahora estoy enojada, y si quieres saber quién soy tendrás que atraparme. ¡Lero, lero! ¡Lero, lero!

 Y entonces la manzana dando saltitos invitó a Eiko a que le diera «mancha». La pequeña corrió a las risotadas. El enigmático personaje le causó no pocos porrazos y arañazos en las rodillas, pero cuando la tuvo atrapada y sumergida en la cascada, la Principita por fin tocó a la juguetona y parlanchina manzana. Gritó «mancha», y la fruta se partió en dos. La niña se estremeció. Creyó que la había matado. Pero entonces las mitades se hundieron y del agua que burbujeaba apareció una niña.

 La niña era de la misma estatura que Eiko y llevaba los cabellos peinados en una garúa de trencitas de oro. Cubría sus ojos con un antifaz y llevaba en las orejas unas pepitas doradas. Vestía el mismo traje blanco que la Principita, una blusa con moño (dorado en su caso) en el pecho y mangas volantes, una amplia falda (bordada también en dorado) hasta las rodillas y ceñida con lazo y zapatitos con moño. Eiko miró con recelo a la desconocida. Esta le sonrió y divertida se descalzó los zapatos empapados, entonces brincó del agua y corrió hacia las margaritas; como si se tratase de su conejito, amorosamente abrazó el arpa. La Principita, nada admirada por la jovialidad de la niña, la acusó diciendo:

 -¿Quién eres? ¡Copiona, yo soy la Soldadito de Ithil!

 La pequeña desconocida riendo exclamó:

 -¡Tonta! ¡Soy yo!

 La niña se quitó el antifaz y reveló unos enormes ojos celestes, y saludó con un alegre «hola, Eiko». La Principita corrió de inmediato hacia ella, y ambas se trenzaron de las manos y brincaron felices. Pasada la dicha del reencuentro, Eiko, con los brazos en jarras, retomó la rencilla.

 -Ëlen, ¿por qué te ves igualita a mí? ¿También eres la Soldadito de Ithil?

 La pequeña bajó la vista hacia el suelo. Con las manos trabadas bajo la espalda y con los deditos de uno de los pies que restregaban la hierba, dijo.

 -¿No te gustó como aparecí? Me lo enseñó Melian. Es un hechizo con el que puedes convertirte en una flor o en una fruta.

 Del celo al entusiasmo en un pestañeo, la Principita exclamó:

 -¡Sí! ¿Me lo vas a enseñar?

 Ëlen, feliz, respondió:

 -¡Claro!

 Eiko, satisfecha, insistió por saber quién era:

 -¿Y también eres la Soldadito de Ithil?

 -No, no soy la Soldadito de Ithil. Como la Tiara de Ithil a ti, esta arpa me transforma en la Soldadito de… ¿A qué no adivinas?

 -¡No sé! ¿La Soldadito del Arpa?

 -¡No! ¡Frío, frío!

 -¡La Soldadito de la Música!

 -¡No! ¡Frío, tan frío como la nieve! ¿Quieres una pista?

 -¡Dale!

 -¿Cómo me llama Ithïlien?

 -¡Estrellita! ¡Eres la Soldadito de la Estrellita!

 -¡Caliente, Caliente!

 -¡La Soldadito de las Estrellas!

 -¡No! ¡Caliente, tan caliente como el…!

 Ëlen sonriendo señaló hacia lo alto del cielo. La Principita haciendo visera con una mano exclamó:

 -¡La Soldadito del Sol!

 -¡Caliente, muy muy caliente! ¿Te acuerdas del Cuento del Sol y la Luna? Ithïlien te lo contó, ¿verdad? ¿Cómo llaman los elfos al sol?

 La Principita recordó el fruto del árbol de Vána, el cual, ciertamente, se convertiría en el sol, y exclamó:

 -¡Anor!

 Ëlen dio hurras a su amiga. Entonces corrió hacia una roca que sobresalía del agua y se paró sobre ella. Con el sol que la alumbraba, tañó una brevísima musiquilla; después de agradecer las palmas de Eiko como hacen las bailarinas al concluir una danza, en un número que la pequeña indudablemente se había aprendido, pregonó con dulce y cantarina voz:

 -¡Esta es el arpa de Anor y yo soy su guardiana, la Soldadito de Anor!

 Las niñas fueron a chapotear bajo la cascada. Ya habría tiempo para ponerse con sus labores como soldaditos de la luna y el sol. Cuando llegó la hora de almorzar, con ayuda de Härï y el águila de Ëlen, Mamahäha, convertida por la transformación de la niña en Arien, un conejo azabache que tenía una media luna dorada en la frente, recolectaron frutillas y frambuesas. Se sentaron al pie del árbol de frambuesas, y entre la algarabía de los animales e insectos del bosque, comieron y parlotearon alegremente acerca de la larga aventura que habrían de emprender.

Ep Sig:

———————————

 •Mamahäha: sin la diéresis, el águila de Nakoruru, personaje de Samurai Spirits (Samurai Shodown).
 •Arien en el mundo Tolkien es el custodio del sol.

 

Un comentario en “Las aventuras de la Principita Eiko – Ep. 04. Parte 2

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s